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Dificultades en la comprensión lectora. ¿Cómo podemos intervenir?

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Las dificultades de comprensión lectora se pueden atribuir a diferentes hipótesis:
-A los procesos deficientes en la descodificación, aunque diversos estudios indican que este factor no es una causa importante.
-A una limitación en la memoria a corto plazo. Para comprender un texto es necesario almacenar la información en la memoria para establecer relaciones semánticas y sintácticas entre las palabras y las frases y así generar una representación integrada y significativa de todo el texto.
-A las inferencias. Pueden aparecer problemas de comprensión cuando no se realizan inferencias espontaneas para vincular ideas y obtener informaciones. Estos procesos son importantes para conseguir una representación integrada del texto.
-A problemas en la propia comprensión. La capacidad para controlar, regular y evaluar la propia comprensión es esencial para comprender un texto. Los lectores competentes utilizan procesos metacognitivos como: identificar los aspectos importantes, prestar más atención, tomar medidas cuando no se comprende algo, activar los conocimientos previos... Los lectores menos competentes tienen problemas para autorregular su propia comprensión lectora y para detectar las inconsistencias de los textos.
Así mismo, estos problemas de comprensión lectora, pueden conllevar dificultades en el momento de generar ideas simples, de activar conocimientos previos, de formar macroideas, de realizar inferencias, de suprimir ideas irrelevantes o de controlar el propio proceso de comprensión. Éstas pueden ser debidas a limitaciones en: la memoria de trabajo a corto plazo, el acceso al léxico, la supresión de ideas irrelevantes, el uso eficaz de estrategias de comprensión lectora,...
¿Cómo podemos intervenir para mejorar en esta comprensión?
Por ejemplo, ante un tema que se ha de estudiar:
. Mirar antes de empezar qué se ha de estudiar y pensar cuanto tiempo se puede necesitar.
. Mirar el título, los diferentes subtítulos y apartados del tema.
. Pensar si hay algo que ya se sepa o si se recuerda de clase.
. Trabajar cada sub-apartado:
. Leerlo todo.
. Subrayar las palabras que no se entienden.
. Subrayar las ideas importantes.
. Explicar en voz alta lo que se ha entendido.
. Escribir un resumen de lo que se ha entendido del texto.
. Hacer un esquema (con ayuda o rellenando uno medio hecho)
. Memorizar las ideas principales pero intentando decirlas con las propias palabras.
. En caso de no saber cómo hacer el paso anterior, se puede realizar un listado con palabras sinónimas que se pueden utilizar, así como hacer un listado de maneras diferentes de empezar una introducción, una definición,...
. Escribir en un papel lo que ya se sabe.
. Decir las definiciones como se han aprendido y con las propias palabras.
. Hacer un pequeño examen con preguntas. Éstas podrían ser de respuesta directa, de relacionar,...
. Corregir la sintaxis, la semántica y la ortografía.

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Fuente:
Stohard, S. (2004). Evaluación de la comprensión de lectura. En M. Snowling & J. Stackhouse. Dislexia, habla y lenguaje, (pp.121-142)
Dockrell, J. & McShane, J. (1997). Dificultades de aprendizaje en la infancia. Barcelona: Paidós. Cap. 4. Dificultades específicas de lectura (pp. 116-122)
Miranda, A., Vidal-Abarca, E. Y Soriano, M. (2000). Intervención psicoeducativa en estudiantes con dificultades de aprendizaje. Madrid. Pirámide.

Pautas para organizar las tareas en casa

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Todo hogar necesita tener un orden y una organización y nuestros hijos nos pueden ayudar a hacerlo posible. Desde edades primerizas los niños pueden ayudar en casa realizando pequeñas tareas, y éstas se pueden ir aumentando a medida que se van haciendo mayores.
¿Cómo saber qué se le puede pedir a un niño de cierta edad? Siguiendo ésta breve guía nos podemos hacer una pequeña idea:
- Niños de 2 a 3 años. A esta edad los niños pueden ayudar a:
Tirar los papeles y envases al cubo de reciclaje.
Poner los juguetes dentro de su cesto.
Poner los libros en la estantería que está a su altura.
Poner alguna camiseta en el armario.
Dar las agujas para tender la ropa.
Después de comer dar el plato sucio para llevarlo a la “pica”.
Lo más importante es que se sientan útiles ayudando a los padres.
- Niños de 4 a 6 años. A esta edad pueden hacer las tareas anteriores y nos pueden ayudar a:
Guardar en el cajón una parte de su ropa doblada: calcetines, braguitas, calzoncillos,...
Acabar de hacer la cama: poner el cojín, guardar el pijama,...
Poner la mesa: llevar su plato, vaso y cubiertos.
Servirse una parte del desayuno: el cacao, coger las galletas,...
Poner su ropa sucia al cubo de la ropa sucia.
Ordenar los juguetes, la cartera, el abrigo,...
Después de comer, llevar el plato sucio a la pica, el vaso y los cubiertos (una cosa y luego la otra).
Sacar el polvo de los lugares a los que llega.
A estas edades se les ha de enseñar a hacer estas tareas, por lo que es necesario tener paciencia. De lo que se trata no es que lo hagan bien sino de que ayuden en las tareas de casa de manera divertida y amena para conseguir que estas pequeñas tareas, progresivamente, se vayan convirtiendo en hábitos y rutinas. Para conseguirlo es importante que el orden y la limpieza no sean un motivo de castigo ni de premio, sino como algo que se ha de hacer para ser más felices y encontrar las cosas con más facilidad.
- Niños de 7 a 10 años. A estas edades pueden hacer las tareas anteriores y nos pueden ayudar a:
Recoger la habitación y hacer la cama con ayuda.
Bajar la basura acompañado.
Ir a comprar pequeñas cosas y guardarlo.
Colaborar en pequeñas reparaciones: dar las herramientas,...
Prepararse el desayuno: servirse la leche, poner y sacar la mesa,...
Rallar el tomate, mezclar,...
Poner la ropa en la lavadora, ayudar a tender la ropa, doblarla, guardarla,...
Dejar el baño limpio y ordenado después de su uso.
- Chicos de 11 a 13 años. Todas las tareas anteriores y además pueden ayudar a:
Tirar la basura.
Colaborar en pequeñas tareas del hogar: coser un botón, poner una bombilla,...
Ir a comprar cosas concretas y guardarlo.
Recoger la habitación, ordenarla y limpiarla.
Lavar los platos, ordenar la cocina,...
Responsabilizarse de algunas de las tareas del ciclo de la ropa.
Participar en los turnos de limpieza de la casa.
Cocinar o preparar algunas de las comidas diarias.
- Adolescentes de 14 a 18 años. Todas las tareas anteriores y además, pueden ayudar a:
Participar en las tareas de ayuda y protección cuando algún miembro de la familia, por alguna razón, lo necesite.
Asumir plenamente tareas derivadas de la comida: poner y sacar la mesa, lavar los platos, bajar la basura, recoger la cocina,...
Hacer trabajos de casa: coser, pintar,...
Encargarse de alguna de las compras de la semana.

Como podemos observar, las tareas se han de ir complicando a medida que el niño crece. Si conseguimos, desde bien pequeños que realicen las tareas que pueden hacer por edad, de mayores las harán por rutina, favoreciendo así un orden y una organización que no solo beneficiará en casa sino también en su vida personal, académica y profesional.

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Basado en: http://www20.gencat.cat/docs/dasc/03Ambits%20tematics/03Families/08Usos%20i%20gestio%20del%20temps/compartim_el_temps/capsa_deines/documents/03.piramide%20de%20les%20tasques%20domestiques%20.pdf

Errores ortográficos y como trabajarlo desde casa

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La ortografía es la parte de la gramática que estudia el uso correcto al escribir las letras, acentos, signos,... para poder ser comprendidos e interpretados correctamente cuando se lean.
Cuando empezamos a escribir podemos realizar dos tipos de errores ortográficos llamados Ortografía Natural i Ortografía Arbitraria.
La Ortografía Natural implica procesos naturales de reconocimiento de la palabra y de la conversión grafema- fonema. Se realiza un error natural cuando al cambiar una letra de una palabra cambia también su significado.
Los errores más frecuentes de este tipo son:
- La sustitución de fonemas vocálicos o consonánticos por el punto de articulación.
Por ejemplo: f – z, p – d.
- Omisión de fonemas, sílabas o palabras.
- Adición de fonemas, sílabas o palabras (sobre todo para facilitar su pronuncia: palato – plato)
- Inversiones de grafemas en sílabas inversas y en compuestas, de sílabas en una palabra y de palabra.
COMO TRABAJARLO EN CASA
En el caso de que se inviertan sílabas o letras, quizá oralmente también se cometa ese error, por lo que es importante que los adultos, de una manera indirecta corrijan aquella palabra: ¡mira papá, un semárofo! ¡Sí hijo, el semáforo está en rojo! De tal modo que se da el modelo correcto de la palabra sin decir que lo ha dicho mal o que se ha equivocado.
Se ha de tener en cuenta que hay errores que son evolutivos, es decir, a ciertas edades son normales que se hagan. Para saber-lo, se puede comentar al maestro/a sobre la evolución de nuestro hijo.

La Ortografía Arbitraria implica el conocimiento y la correcta aplicación de las normas ortográficas. Normas que se han de ir aprendiendo y que por tanto, no siguen una natural relación grafema—fonema.
Dentro de los errores arbitrarios, hay 3 tipos de errores:
- De carácter viso- espacial: sustitución de letras que se diferencian por la posición en el espacio (d, b, p, q); sustitución por letras similares (m – n, a – e); confusión de palabras que admiten doble grafía (b – v); confusión de palabras que admiten doble grafía en función de la vocal (g – j, z – c, c – qu); omisión de la h.
- Referidas a las normas ortográficas: tildes, signos de puntuación,…
- De carácter viso- auditivos: problemas para realizar la asociación grafema- fonema la cual se hace de manera aleatoria.
- En relación al contenido: problemas para separar la secuencia gráfica. Unión y/o separación de palabras (lacasa, com prar)
COMO TRABAJARLO EN CASA:
Puede colgarse en la habitación un listado con las normas ortográficas que se estén estudiando: CA – QUE – QUI – CO – CU / GA – GUE – GUI – GO – GU … en un lugar donde siempre se puedan ver. Además, cada día puede hacerse un dictado de 5 o 10 palabras, en función de la edad, donde aparezcan las letras estudiadas.
Además, también se puede ir haciendo un listado con las palabras que se suele escribir con errores para qué a través de la memoria visual se vayan asimilando. A medida que se van aprendiendo, se pueden ir añadiendo otras (no más de 10 palabras) e ir sacando las que ya sabe.
Cuando se junta o separa palabras, una posible manera de trabajarlo es a través del juego: dando una palmada por cada palabra de una frase, haciendo una frase y cambiando algún elemento (la casa es grande – las casas son grandes,…), escribiendo frases siguiendo un modelo,…


Fuente:
Rivas, R.Mª, Fernandez, P.: (1994). Dislexia, disortografia y disgrafia. Barcelona. Pirámide.
García- Vidal, J.; i González Manjón, D. (2003). Dificultades de aprendizaje e intervención psicopedagògica. Lectura y escritura (vol. II). Madrid. EOS.
Teberosky, A. (2001). Proposta constructivista per aprendre a llegir i a escriure. Barcelona: Vicens Vives.

Disgrafía

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La disgrafía es un trastorno de tipo funcional que afecta a la calidad de la escritura del sujeto, en lo que se refiere al trazado o a la grafía.
La escritura tiene tres procesos básicos de simbolización: el primero hace referencia a la utilización de fonemas como símbolos auditivos de carácter convencional. El segundo se relaciona con el uso de los signos gráficos correspondientes a los fonemas y el tercer proceso es el que lleva a cabo el individuo cuando realiza el trazado de los signos. Es en este tercer proceso donde el trastorno disgráfico está afectado. Por eso cabe destacar el carácter motriz del escritor.
La ejecución motriz de la escritura debe asentarse en la maduración del sistema nervioso central y periférico y en el desarrollo psicomotor general. La tonicidad y la coordinación de movimientos han de estar lo suficientemente establecidas.
Para poder conseguir una correcta ejecución gráfica, autores como Vayer, sostienen que “el sujeto para escribir correctamente debe poseer una serie de destrezas básicas: capacidades psicomotoras generales (capacidad de inhibición, de control neuromuscular, independencia segmentaria, coordinación óculo-manual y organización espacio-temporal); coordinación funcional de la mano (independencia mano-brazo de los dedos, coordinación de la prensión y la presión); hábitos neuromotrices correctos y bien establecidos (visión y transcripción izquierda- derecha, rotación habitual de la mano, mantenimiento correcto del lápiz)”.
Asimismo, Defontaine destaca “una serie de requerimientos implicados en la escritura como hecho motor: integridad de los receptores sensoriales (sobretodo vista y oído), buena motricidad, esquema corporal y lateralidad y un buen esquema espacial”.
Para alcanzar una ejecución caligráfica correcta, el niño debe ser capaz de encontrar su propio equilibrio postural, la manera menos tensa y fatigada de coger el lápiz, orientarse en el espacio sobre el que hay que escribir y asociar la imagen de la letra a los sonidos y a los gestos rítmicos correspondientes, por lo que su diagnóstico no puede realizarse a edades muy tempranas.
La persona con disgrafía, suele presentar una serie de características que acompañan a su inexacto grafismo: una postura gráfica incorrecta, un soporte inadecuado del instrumento escritor, deficiencias en la prensión y presión y un ritmo escritor demasiado lento o excesivo.
A un nivel más específico, una persona con disgrafía suele presentar:
- Tamaño de las letras excesivamente grandes o pequeñas.
- Las formas de las letras suelen estar distorsionadas y simplificadas.
- Hay una inclinación tanto a nivel de línea como a nivel de letra.
- El espacio entre las letras y/o las palabras pueden estar demasiado separadas o demasiado juntas y parecer así desligadas las unas con las otras.
- El tipo de trazo puede ser exagerado y grueso o tan suaves que son casi inapreciables.
Por todo, es interesante observar y trabajar para una buena realización de la pinza (coger garbanzos o lentejas), realizar simetrías, copias de modelos, caligrafía (a través de la realización de laberintos, unión de puntos para conseguir un dibujo, terminar un dibujo medio hecho o caligrafía talmente dicha,...), jugar con construcciones, hacer el dibujo del cuerpo humano (juego tipo “Mr. Potato”, hacer un dibujo colocando las partes del cuerpo que faltan, ...) y un sinfín de juegos y actividades que se pueden realizar para trabajar este trastorno.


Fuente:
Rivas, R.Mª, Fernandez, P.: (1994). Dislexia, disortografia y disgrafia. Barcelona. Pirámide.

García- Vidal, J.; i González Manjón, D. (2003). Dificultades de parendizaje e intervención psicopedagògica. Lectura y escritura (vol. II). Madrid. EOS.

Teberosky, A. (2001). Proposta constructivista per aprendre a llegir i a escriure. Barcelona: Vicens Vives.

EL NIÑO QUE VOLVIÓ DEL SILENCIO

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El niño que volvió del silencio
Una pareja tinerfeña recupera a su hijo del autismo recurriendo a un dieta especial.
Raquel y Santiago, en la habitación de su hijo Andrés junto a sus juguetes. / CANARIASINVESTIGA.ORG




Raquel no se creía que su hijo le estuviera llamando por su nombre un año después de que éste hubiera olvidado el lenguaje sin una explicación aparente. "No puedo describir con palabras lo que sentí. Puede imaginarse las lágrimas de emoción que derramamos en casa… ¡Ya no me acordaba cómo era el timbre de su voz! De pronto la vida nos devolvía su dulce vocecilla, que sonaba como una flauta mágica". Doce meses antes, Andrés (el nombre es ficticio para proteger su intimidad) se embarcó en un viaje profundo hacia lo que los médicos llaman Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD), que hace referencia al autismo y sus síndromes aparejados.

Andrés nació en abril de 2008 de parto natural y sin complicaciones. Creció sin problemas excepto por sus problemas bronco-respiratorios. Su madre Raquel (38 años) lo recuerda como un niño "extremadamente alegre, expansivo, risueño". Fue tras la vacuna de la triple vírica, con 15 meses, cuando ocurrió el cambio. A los diez días de recibirla le dieron fiebres repentinas, y a partir de ahí comenzó todo, explica su padre Santiago (40 años). Se desconectó de su entorno, dejó de responder a los estímulos y se volvió intransigente en sus rutinas diarias. Las rabietas y pataletas se multiplicaron sin explicación y empezó a desarrollar conductas típicas del autismo. Si estaba en la guardería, daba vueltas a una columna toda la mañana; si cogía sus coches de juguete, era para moverlos de un lado a otro durante horas con la mirada perdida.

Andrés se convirtió en un niño extraño y malhumorado. Pasó a vivir en un mundo propio, ajeno a sus padres y a los otros niños. Raquel y Santiago trataban de llamarlo en vano, y no comprendían qué le había pasado a su hijo.

"Un día me di cuenta de lo más brutal de todo: el silencio", explica su madre. "Ese día te despiertas de verdad y te das cuenta que tu hijo ya no habla. Olvidó el lenguaje que tenía, se lo tragó el mismo sumidero que lo está absorbiendo a él. Entonces corres a rebuscar en los cajones de la cómoda donde guardas todas las cintas de vídeo que le grabaste meses atrás. Y las pones y las revives sólo para convencerte a ti misma que no estás loca, que tu hijo hablaba, que reía a carcajadas y tenía lenguaje, y decía 'mamá', 'papá', 'agua' y 'ajó', como todos los demás bebés".

En su angustia, hubo cosas que Raquel no llegó a compartir sino hasta mucho después. Como una tarde soleada en la azotea de la casa. El suelo quemaba y no se podía andar descalzo. De pronto apareció Andrés caminando como si nada y se quedó quieto, sin moverse. Raquel corrió a cogerlo en brazos, los pies del niño estaban enrojecidos y ardían. Ella quedó tan impresionada con aquel episodio que ni siquiera se lo contó a su marido. Más tarde supo que la insensibilidad al calor, entre otras alteraciones neurosensoriales, es uno de los síntomas del TGD.

La búsqueda

La primera reacción fue buscar información por internet, donde contactan con padres en una situación parecida. Les aconsejan que consulten con un especialista en desarrollo infantil, y es la primera vez que oyen hablar de autismo y de terapias. A continuación se reúnen con la responsable de la guardería, quien les confirma el retraso motor y cognitivo del niño. Una pedagoga amiga de la familia les recomienda que lo lleven al pediatra. Andrés ya tiene casi dos años.

La pareja comienza entonces un periplo que les lleva a visitar un pediatra, un otorrino, un neurólogo, un psicólogo, un psiquiatra, un logopeda y un psicomotricista. Este último es Miguel LLorca Linares, especialista en Psicomotricidad de la ULL, quien les confirma una alta probabilidad de que su hijo sufra un TGD, y les avisa que les llamarán para comenzar la terapia. Esto último era urgente, ya que el éxito o fracaso en estos casos depende en buena medida de coger a los niños a tiempo, cuando su cerebro todavía tiene plasticidad y sus estructuras mentales están en formación.

La pareja no acepta que el autismo de su hijo no tenga curación, como les habían explicado, y continúan rastreando internet para localizar cualquier dato que les fuera útil. Encuentran a Karyn Seroussi, una madre estadounidense autora de un artículo titulado Nosotros curamos el autismo de nuestro hijo, donde explica una historia calcada a la de Andrés. Y añade un dato que resultaría clave: su hijo había desarrollado una "alergia cerebral" a los productos lácteos tras recibir la vacuna de la triple vírica, y eso le estaba provocando los síntomas propios del autismo. Y lo mejor de todo: una vez que Karyn descubrió la influencia de la alimentación en la conducta de su hijo, retiró la leche, el queso, las galletas y todo lo que formaba parte de su dieta diaria, con resultados asombrosos.

Lo explicado en el párrafo anterior resulta tremendamente polémico en el campo médico. La mayor parte de la medicina actual no reconoce la influencia de la dieta en los TGD, incluido el autismo. Pedro Javier Martín, Pediatra y Psiquiatra Infantil del Hospital de Niños Doctor Guigou, en Santa Cruz de Tenerife, lo explica así. "Llevo 15 años trabajando aquí, y cada dos o tres años sale este tema. Es como las dietas para bajar de peso, que se ponen de moda". Se refiere a las informaciones en prensa que se publican desde hace años acerca del autismo y su relación con la dieta y la toxicidad de las vacunas.

"No hay estudios científicos que avalen esas teorías". La prueba según este especialista es que en países pobres donde no se administran vacunas a los niños, los datos de autismo son similares al de países como España. "Lo que sucede, -apunta-, es que la edad de aparición del autismo, entre uno y tres años, coincide con el periodo de vacunación de los pequeños". Esta es la opinión generalizada entre los profesionales de la medicina.

Raquel y Santiago argumentan que no son los padres quienes tienen que hacer esos estudios. "La medicina oficial siempre habla de 'una enfermedad de la que poco se sabe y que no tiene cura'. Por eso no han recuperado un solo niño. Cuando se les ofrece un caso de recuperación, en lugar de mostrar interés, se cierran en su ortodoxia y sólo argumentan que 'no está probado científicamente'. El protocolo biomédico en cambio ya ha sido capaz de recuperar a cientos de niños por todo el mundo", explica la pareja.

El protocolo DAN

El protocolo biomédico o DAN (Vencer al Autismo Ahora, en sus siglas en inglés) es un movimiento médico nacido en EEUU hace varias décadas que entiende el autismo como una enfermedad multifactorial de origen neuro-inmunológico. Los especialistas que lo aplican consideran que la base del problema está en los defectos metabólicos o fallos enzimáticos junto a un sistema inmunológico débil. Según esto, los síntomas del autismo serían consecuencia de la intoxicación con metales pesados y otras sustancias debido a problemas en el metabolismo y de asimilación de nutrientes en el intestino. Por eso aseguran que cuanto antes se inicie la intervención dietética y la detoxificación, más probabilidades de éxito.

"Si hubiéramos empezado la dieta con seis o siete años, seguramente Andrés no habría mejorado tanto", reconoce su padre. "Además, esto funciona en los casos de autismo metabólico o regresivo, y no tanto cuando hay un síndrome de nacimiento marcadamente genético", comenta la madre. "Pero aún así lo probaría siempre, porque es raro el niño que no mejora con un protocolo biológico", añade ella.

La pareja dedicó muchas horas a estudiar este enfoque, principalmente a través del Autism Research Institute de EEUU, mientras compartían sus experiencias con otras familias con casos similares en distintos lugares del planeta. Ahí ya lo tuvieron claro, y retiraron de la dieta del niño cualquier alimento que contuviera las proteínas gluten o caseína, porque suponían que estaban dañando al niño. El trigo fue sustituido por maíz; la leche de vaca por leche de almendras o arroz; el supermercado por los herbolarios.

El gran cambio

A las dos semanas de iniciar la dieta, Andrés rompió su silencio y comenzó a imitar el sonido de los animales. A las tres semanas pronunciaba palabras como "má" (mamá) y "pá" (papá). A los dos meses, ya manejaba algunas palabras más. "Era capaz de pedirme agua cuando tenía sed: 'Má, agua'. O capaz de devolverme el plato vacío cuando terminaba de comer, añadiendo: 'Má, ya-tá'". A los cuatro meses seguía ampliando su vocabulario, además de reconocer los colores, contar del uno al diez o tararear canciones de memoria.

En la terapia de la universidad les preguntaban a Raquel y Santiago por esa evolución tan favorable, y aseguraban que parecía otro niño distinto. También cambiaron los comportamientos de su hijo. Las rabietas iban desapareciendo, así como sus conductas inflexibles y repetitivas. Andrés estaba volviendo de su viaje a ninguna parte.

Después de ese cambio y de algunos encontronazos con profesionales de la salud al tratar de explicarles este método, la pareja perdió la confianza en ellos y empezó a confiar en la biomedicina, un área de conocimiento que se centra en los aspectos biológicos de la medicina, como los procesos moleculares y celulares.

Le realizaron al niño pruebas analíticas relacionadas con el metabolismo del autismo, la mayoría en laboratorios extranjeros. Así descubrieron una presencia de hongos y levaduras (cuadro de candidiasis crónica) en su intestino, que no le permitían metabolizar los alimentos de forma correcta. Al mismo tiempo se constató un nivel alto de mercurio, aluminio y otros metales pesados en su cerebro.

Entre pruebas, suplementos, alimentación y demás prescripciones del tratamiento, calculan haber desembolsado hasta la fecha más de 3.000 euros, lo que definen como "un sacrificio económico inmenso por la total falta de reconocimiento de este tratamiento por el sistema nacional de salud en España".

También se han puesto en manos de la doctora Rosella Mazzuka, especialista en protocolos biomédicos. "Desde la concepción del embrión, el niño es bombardeado por sustancias neurotóxicas como el timerosal y el hidróxido de aluminio contenido en las vacunas y otras fuentes", comenta. Muchos de los niños con síntomas autistas "tienen un déficit de la metilación hepática, o sea, no detoxifican bien, y eso hace que se intoxiquen. Presentan además intolerancia y alergia al gluten y la caseína, con síndrome de mala absorción (intestinal) que produce grandes déficits nutricionales, y eso altera la neurotransmisión. Al corregir la alimentación, tratando el intestino y detoxificando al niño, el autismo es tratable y recuperable", asegura.

Andrés, hoy

Con tres años y medio, y uno después de que volviera a hablar y a comportarse como un niño normal, Andrés ha empezado el colegio sin problemas. "Dentro de poco, el ligero retraso en el lenguaje que presenta, debido al frenazo que tuvo durante más de un año, será una anécdota. Se está poniendo al día de forma acelerada. Nadie que lo vea hoy en día sospecharía que tuvo un Trastorno del Espectro Autista ", aseguran sus padres.

Sobre la dieta de su hijo, no confían en que sea aceptada a corto plazo por la medicina actual, en vista de sus experiencias. "Va a costar unos buenos años que se conozca aquí, la pena son los niños que se pierden por el camino", comenta Raquel. "Tengo fe en que esto se llegue a ver algún día, cuando la biomedicina y la biogenética entren en la universidad".

Lo que ahora exigen muchas familias con experiencias similares es un protocolo de prevención en el calendario de vacunas. "No puede ser que en 15 meses de vida les metan 20 virus en el cuerpo y que no se tomen precauciones con los niños inmunodeprimidos o con problemas metabólicos a los que pueden afectar ciertas sustancias y excipientes", comenta Santiago. "Se está vacunando a destajo, con multidosis muy agresivas, sin ningún criterio preventivo sobre los niños que pueden ser hipersensibles", señala.

En España ya se están llevando a cabo las primeras acciones judiciales por esta cuestión. En la sección 4ª de la Audiencia Nacional hay un juicio abierto por una demanda de 70 familias con hijos autistas contra laboratorios fabricantes de vacunas con timerosal y contra el Ministerio de Sanidad, respaldados por la Asociación para Vencer el Autismo y el T.G.D. (AVA). En Chile hay un proyecto en marcha para eliminar el timerosal de todas las vacunas, que ya ha sido aprobado por una de las dos cámaras legislativas.

"Me escriben padres de España, de Miami, de todos lados", explica Raquel, que en su momento escribió un blog narrando su experiencia. "Pasé horas delante del ordenador leyendo como una loca. Ahora ya estoy un poco más desconectada, porque no puedo ayudar a todo el mundo. Pero ¿cómo me voy a callar?"

Para ampliar información:

Asociación para vencer el autismo y el T.G.D.

Asociación Aldis de Tenerife para prevenir y vencer las enfermedades infantiles

Asociación de padres de personas con autismo de Tenerife

Asociación de padres de niños autistas de Las Palmas

Fundación para la intervención temprana del autismo

Autism Research Institute (EEUU)