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Enuresis infantil

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         Dentro de los 5 primeros años debe ocurrir el control voluntario de la orina desde un punto de vista fisiológico. Entre 1 y 2 años el niño tiene conciencia de que su vejiga está llena y es capaz de comunicar su capacidad de orinar. Hacia los 3 años aparece la capacidad de retener y posponer la orina por unos minutos cuando la vejiga está llena. Hay un incremento regular de la capacidad de la vejiga, se establece el control diurno y el niño suele ir al aseo por sí mismo. Entre 4 y 5 años el niño es capaz de vaciar la vejiga cualquiera que sea el nivel de llenado de esta y previamente a esto el niño es capaz de comenzar y terminar el chorro de orina a mitad de la micción. El control nocturno se adquiere más tarde que el diurno y la mayoría de los niños no lo consiguen hasta los 4‑5 años. Las edades dadas son estimaciones medias.

¿Qué es el trastorno de conducta?

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Se estima que entre el 6 y 16% de los varones y entre el 2 y el 9% de las niñas con menos de 18 años de edad sufren del trastorno de conducta con síntomas que varían de leves a graves. Normalmente estos niños sobresalen por un comportamiento disruptivo característico, repetitivo y persistente.

El término “trastornos de conducta” es muy debatido, hay quienes prefieren llamarle “comportamiento disocial” mientras que otros hablan de “conducta desviada”. En el Manual Diagnóstico de los Trastornos Mentales se le considera como “trastorno disocial de la conducta”. De una forma u otra, los comportamientos de estos niños y adolescentes se caracterizan por apartarse de la norma. ¿Cómo?

A partir de una conducta que les separa de la media de los comportamientos estandarizados, ya sea porque contradice o viola una normal social o porque este comportamiento es calificado de esta manera por las demás personas que le circundan. Obviamente, esto implica una reacción social; es decir, el niño o niña con un trastorno de conducta se separa de lo que está establecido de forma implícita o explícita como norma.

Para diagnosticar los trastornos de conducta se identifican cuatro grandes tipologías o grupos dentro de los cuales debe encuadrarse el niño:

1. Comportamientos agresivos: inicio de peleas, portar armas, violaciones, actos crueles contra personas y/o animales, robo con violencia

2. Conductas no agresivas que comportan destrucción de la propiedad: ocasionar incendios, romper vidrios, dañar automóviles, actividades vandálicas en la escuela, daño a la propiedad pública y privada en general

3. Fraude o robo: mentiras, timos, falsificaciones, romper compromisos y promesas para sacar provecho, hurto

4. Violación grave de las normas, ya sean escolares, familiares o laborales, ausentismo, sexualización de la conducta, ingesta de alcohol y drogas

Para establecer un diagnóstico del trastorno de conducta el niño o adolescente tiene que haber demostrado tres o más de estos comportamientos característicos en los últimos 12 meses y por lo menos uno de estos tiene que haber sido evidente durante los últimos seis meses, provocando cierto grado de desajuste social, académico o laboral.

Vale aclarar que el diagnóstico del trastorno de conducta no es sencillo ya que los niños y adolescentes varían constantemente por lo que a veces es difícil determinar si el problema es persistente o no. En ciertos casos el trastorno de conducta puede ser un problema de ajuste a una tensión aguda o crónica. Además, en muchas ocasiones esta problemática viene a aparejada a trastornos del aprendizaje (en aproximadamente el 73% de los casos) y a la depresión, por lo que a veces cuando se trata la depresión, los comportamientos disruptivos desaparecen.

Pero… ¿cuáles son las causas de los trastornos de conducta?

El origen de los trastornos de conducta puede ser multicausal; por ejemplo, Munné establece cuatro grandes causas:

1. Una insuficiente socialización.

2. Imprecisión en el contenido de los roles del niño.

3. Insuficiente control social (incluye sanciones y estímulos, ya sea en el medio familiar o escolar).

4. Una situación social valorada como injusta.

Por otra parte, a partir de estudios longitudinales se ha podido conocer que cuando el trastorno de conducta tiene inicio en la niñez se aprecian disfunciones neuropsicológicas, entornos familiares desestructurados y disfuncionales, altas tasas de trastornos psicopatológicos en los padres y a dificultades en las relaciones con los coetáneos mientras que cuando ocurre en la adolescencia, generalmente se relaciona con la inserción del afectado en grupos desviados.

Los tratamientos de los trastornos de conducta son muy variados, debido fundamentalmente al carácter heterogéneo de la patología. Así, pueden hallarse programas dirigidos a la formación de los padres para que estos aprendan a controlar los comportamientos disruptivos de sus hijos; programas comunitarios donde se inserta al niño o adolescente en grupos de coetáneos que no presentan dificultades del comportamiento y programas terapéuticos familiares donde se trabaja fundamentalmente sobre el estilo relacional entre los padres e hijo. Existen otros tratamientos que se centran exclusivamente en que el niño afectado desarrolle habilidades sociales y de resolución de problemas.

Este artículo ha sido publicado originalmente en mi blog: Rincón de la Psicología

Estrategias para organizar el ambiente en casa.

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Con frecuencia, cuando un niño es diagnosticado con el TDA/H, la primera reacción de unos padres preocupados es, “¿Qué puedo hacer al respecto?”. A pesar de que la vida con su hijo en ocasiones puede parecer retadora, es importante recordar que los niños con el TDA/H pueden tener éxito y lo tienen. Como padre o madre, usted puede ayudar a crear ambientes en el hogar y en la escuela que mejoren las oportunidades de éxito para su hijo. Mientras más pronto atienda sus problemas, más probabilidad tendrá de prevenir los fracasos escolares y sociales y los problemas asociados tales como el fracaso escolar y la auto-estima empobrecida. La intervención temprana es la clave para obtener resultados positivos para su niño.

A partir de este momento estaremos abordando algunas de las estrategias que recomendamos a los padres de los niños que atendemos. Les plantearé primeramente aquellas que tienen que ver con la organización del ambiente en casa.

 Mantenga su hogar organizado. Mientras más tenga su hogar programado y organizado, será mejor para su hijo con TDA/TDAH. La rutina puede ayudar a su hijo a aprehender el sentido de orden en su vida. Sea consistente con su rutina.

 Simplifique su vida. Por favor, no trate de hacer todo, estar en todo, liderear todos los grupos. Reduzca el número de sus actividades. Su hijo necesita de su tiempo y atención más que otras personas. Pase más tiempo en casa con sus hijos y su familia.

 Sea justo, firme y consistente con su disciplina. Asegúrese que su hijo sepa las reglas con anticipación. Revise éstas cuantas veces sea necesario. Siempre sea justo con su hijo. Sea firme, no recompense comportamientos inadecuados, ignorándolos. Sea sabio al momento de disciplinar o castigar.

 Instruya durante las incompetencias y castigue la rebeldía. Los niños pueden saber la diferencia entre incompetencia y rebeldía. Cuando su hijo actúe incompetentemente, enséñele como hacer las cosas bien y permita que las practique. La rebelión o el comportamiento retador, sin embargo, necesitan ser disciplinados. Sí, su hijo necesita saber quien está a cargo y esta persona tiene que ser usted, no él.

 Evite que su hijo o usted lleguen a la fatiga. Todos nosotros nos volvemos irritables cuando nos cansamos. No planee demasiadas actividades en su día, para que éstas no los agoten a usted o a su hijo. Si esto sucede entonces será difícil sobrellevarlas, tanto para usted como para él. Recorte sus actividades, haga menos, no más, ahorre energía, vaya despacio.

 Implique al niño en el establecimiento de reglas, regulaciones, limitaciones, esquemas, esparcimientos y otras actividades personales y familiares.

 Vea menos TV, no más. Cuando estamos cansados, la tendencia es encender la televisión y sentarse a "vegetar" enfrente de esta. Ver la TV simplemente roba nuestro precioso tiempo de atención que podríamos estar dedicando a nuestra familia. Lea libros, hable con su pareja, juegue juegos de mesa, camine... pero no vea tanta TV.

 Dele responsabilidades familiares razonables y tareas en consonancia con sus aptitudes. Enséñele a realzarlas y luego alabe su cumplimiento.

 Dígale al niño cuándo se porta mal y explíquele lo que usted siente acerca de su conducta; después propóngale que ponga en práctica otras formas de conducta más aceptables y estimúlele para que las lleve a cabo en el futuro.

 Insista en que el niño coopere socialmente jugando, ayudando y colaborando con otros en la familia y en la comunidad. Proporciónele oportunidades adecuadas para la participación social y elogie la conducta cooperativa.

 Sea consistente. Como padres es preciso ser tan constructivamente estables en la propia conducta como sea posible bajo diversas circunstancias. Recordar que cada vez que usted cambia su reacción conductual ante el niño le confunde acerca de lo que usted espera o cómo desea que actúe.

 Trabajen padre y madre en equipo. Asegúrense de que ambos se impliquen en las actividades con el hijo. Es necesario que diseñen juntos el programa y tengan un contacto directo con el niño durante su instrucción.

 No analicen las contradicciones con respecto a la educación de su hijo en su presencia.

 Procure darle un lugar para trabajar o estudiar sin interferencias.

 Establezca un horario fijo para hacer tareas, las comidas y el sueño.

 Con regularidad ayúdelo a checar su escritorio o lugar de estudio, sus cuadernos, sus útiles en general. Enséñele como organizarlos. Estimúlelo cuando considere que ha hecho esfuerzos en este sentido.

 Ayúdelo con claves para organizar sus pertenencias: colores, símbolos. Entrénelo en que debe haber un lugar para cada cosa y cada cosa debe estar en su lugar.

 Póngale todos los recordatorios que necesite en diferentes lugares de la casa.

 Simplifique las reglas de la casa. Explíquele lo que significa cada una y anótelas en una lista. Anote también lo que ocurrirá cuando las reglas se cumplan y cuando se rompan. Estos límites deberán ser comprensibles y sobre todo, inflexibles.



TRASTORNOS DE CONDUCTA EN NIÑOS Y ADOLESCENTES

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Los niños y adolescentes que presentan problemas de comportamiento, son todo un desafío para nosotros, los psicopedagogos, que tenemos que comprender y aproximarnos a las posibles causas de dichos trastornos, para poder así iniciar un tratamiento que permita a dichos sujetos reinsertarse en los contextos familiares, escolares y sociales al cuál pertenecen.

Cuánto más pequeño es el niño, más difícil se hace el diagnóstico, ya que una característica de la primera infancia es que son inquietos, impulsivos y hablan todo el tiempo sin saber si realmente ellos escuchan las consignas o límites que nosotros, los adultos queremos que acaten.

Existen también, algunos problemas de salud mental con cargas emocionales, que provocan dificultades en la adaptación social.

Todos estos elementos son preocupantes para padres y docentes que ven perturbado el desarrollo esperable, en el sujeto que atraviesa estas problemáticas.

Se necesita de diagnósticos precisos y tratamientos médicos, psicológico y/o psicopedagógico. Con estos tratamientos se trata no solo de mejorar la situación del sujeto en cuestión sino de las personas de su entorno que podrían estar afectadas por el comportamiento del niño o adolescente.

El trastorno de conducta tendría sus orígenes en conflictos familiares, maltrato infantil o juvenil, abuso, pobreza, alteraciones genéticas, consumo de drogas o alcohol en los progenitores. Creo que no hay una sola causa que desencadene una problemática sino que es la interrelación de varias de ellas y de experiencias del contexto socio- cultural donde está inserto el individuo con dificultades.

Algunos de los signos más comunes del trastorno de conducta son la intimidación, las peleas y el hecho de quedarse en las noches fuera del hogar. Estos sujetos no ocultan su agresividad y tienen problemas para hacerse de amigos.

Entre los comportamientos más comunes solemos encontrar conductas agresivas y hasta perversas para con animales y personas, destrucción de objetos tales como juguetes o útiles escolares, robo, vandalismo, incendios, mentiras, engaños, impulsividad seguida de irritabilidad, en varias oportunidades intervienen en peleas físicas. En todas estas conductas, los sujetos que las originan, no sienten culpa por lo que realizaron y se justifican considerando que actuaron en defensa de sus derechos y su persona.

Los tipos de trastorno de conducta que necesitan ser tratados por profesionales de la salud son los siguientes:

- Trastorno por déficit de atención con hiperactividad: tratamiento con neurólogo y terapia. Si el niño presenta dificultades escolares, muchas veces, se necesita un tratamiento psicopedagógico.

- Trastorno antisocial limitado al contexto familiar: terapia y tratamiento familiar y orientación a padres.

- Trastorno antisocial en niños no socializados: además de las terapias psicológicas y médicas, a veces, es necesario apartar al niño de su núcleo familiar si es abusado o maltratado.

- Trastorno antisocial en niños socializados: terapia psicológica y/o psicopedagógica..

- Trastornos antisociales con emociones mixtos (depresión o exaltación): terapia, muchas veces medicación psiquiátrica, orientación a padres, etc.

En la medida en que el comportamiento de los niños o jóvenes no mejora, o no reciben tratamiento, es esperable que ellos desarrollen también, problemas de personalidad.

Es importante resaltar que cuánto más temprano se realice el diagnóstico y tratamiento para estos problemas de conducta, mayores son las probabilidades que tendrá el sujeto de aprender mejores técnicas de adaptación y de prevenir algunas de las posibles complicaciones personales y sociales que estas patologías provocan.

Lic. Edith Beatriz Burgos

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