Padres e Hijos ante el Bullying o Acoso Escolar

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Artículo de Sandra Toribio Caballero, psicologa, pódéis encontrar un resumen de su curriculum al final del presente artículo.

Si hacemos memoria y echamos la vista atrás, seguramente todos podamos recordar algún niño con el que se “metían” en el colegio de forma reiterada: Quizás le insultaban, se burlaban de él o le dejaban fuera de las actividades, y posiblemente esto “corría a cuenta” de alguno de los niños o niñas más populares de la clase. ¿Cómo nos sentíamos nosotros ante estas actuaciones? ¿Sufrimos nosotros mismos éste tipo de cosas? ¿Llegó a considerarse como un verdadero problema, donde algún profesor o el Centro tomaron medidas, o simplemente se “asumió” como parte de la dinámica general de la clase, sin que los adultos intervinieran?
Hoy en día, recordar estos días de colegio puede ayudar a que los padres aborden el tema del bullying o acoso escolar con sus hijos. Recordar éstos sentimientos puede ayudarles a comprender mejor a sus hijos y las cosas que les pasan en la escuela. También desde ahí les resultará más fácil ayudarles a que puedan empatizar con la víctima, darles recursos para que puedan hablar con un profesor o adulto de confianza en el centro escolar, o incluso detectar si sus propios hijos son quienes están siendo víctimas de acoso. Pero, ¿cuáles son los indicadores que pueden ayudar a que los padres detecten que el problema requiere intervención?
Los niños se pelean, se enfadan y discuten. Sin embargo, cuando existe de forma sistemática y reiterada en el tiempo una violencia y abuso de un niño (o adolescente) o de un grupo de ellos hacia otra u otras personas, en concreto en el ámbito educativo, podemos hablar de bullying o acoso escolar. La víctima, que termina en situación de inferioridad, se siente indefensa y sin capacidad para defenderse o actuar en modo alguno. Se sentirá atemorizada ante la idea de acudir a la escuela y posiblemente aparezcan un bajo estado de ánimo, notas más bajas, dificultades para concentrarse o dormir,…
El niño que acosa suele ser un líder, popular en la clase y que puede contar con el “apoyo” de otros compañeros. Las conductas de abuso tienen lugar en las horas de patio, en los cambios de clase, a la salida del Centro… es decir, en aquellos momentos donde hay menos control por parte de profesores o adultos que puedan poner límites. Cada vez más, también, a través de las redes sociales, como Tuenti o Facebook, que son cada vez la forma de comunicación por excelencia entre las nuevas generaciones. Estamos ante un niño con una marcada incapacidad para empatizar, no pudiéndose poner en el lugar de la persona a quien le está infringiendo un daño. Respecto a las conductas de abuso, pueden ser de varios tipos: manipulación (presentando una imagen negativa y distorsionada de la víctima ante el resto de la clase), amenazas, coacciones (cuando el acosador pretende que la víctima realice acciones contra su voluntad, ejerciendo un sometimiento), exclusión social, marginación, intimidación (induciendo miedo al niño), agresiones, faltas de respeto, ataques a la dignidad (burlas, ridiculizaciones, motes, humillaciones),…
La víctima terminará siéndolo, posiblemente, sólo por tener algún rasgo diferente (raza, religión, forma de vestir, de hablar, altura,…). Al verse sometido a este tipo de situaciones de forma reiterada, posiblemente terminará sintiéndose sin saber qué hacer o a quién acudir, bloqueado y pensando que no haya salida. Es posible que llegue a sentir que merece lo que le está pasando (los niños agresores escogen como víctimas a niños inseguros y/o con baja autoestima) o tenga miedo a posibles represalias, a que no le crean o vergüenza, lo que quizás haga que pase mucho tiempo antes de que el niño o la niña víctimas puedan hablar con un adulto, bien sea con un profesor o sus propios padres. Su desarrollo, tanto en lo emocional como en lo escolar, se verá seriamente dificultado o incluso imposibilitado.
Por eso es fundamental que, si los padres están preocupados porque piensen que a su hijo o a alguno de sus amigos les puede estar pasando esto, puedan hablar desde la confianza y la comprensión, intentando entender la situación y tomando después las medidas oportunas. Que el niño haya podido hablarlo con sus padres es tremendamente valioso y hay que reconocérselo como algo muy positivo. Ahora lo siguiente es que se pueda hablar en la escuela: sería importante que el niño pudiera contarle cómo se siente a algún adulto de confianza en colegio.
Respecto a los padres, es importante que, a pesar de la angustia y ansiedad que puedan sentir al ser conocedores de algo así, puedan ir a hablar con el Centro (con el tutor o Jefe de Estudios, alguien que pueda conocer bien el ambiente en la clase) con la mayor calma que les sea posible. Desde ahí, se debe garantizar la seguridad del menor (mediante medidas de protección hacia la víctima y de sanción hacia el agresor). Los padres pueden pedir que se les informe de las medidas que se van a tomar, quedando ellos “al margen” de estas medidas para evitar enfrentamientos directos (con el niño agresor o su familia). También es recomendable que soliciten reuniones periódicas. Es importante que los padres puedan confiar en las acciones que va a realizar el centro, para poderles transmitir esta tranquilidad a sus hijos.
En el caso de los padres sigan temiendo por la seguridad de sus hijos una vez llevados a cabo estos pasos, pueden acudir a las Asociación de Madres y Padres (AMPA) o al Servicio de Inspección Educativa. Si la situación no puede detenerse o el daño producido ha sido muy grave, existe la posibilidad de cambio de centro, pero siempre debe ser una última medida, ya que supondría que todo lo anterior ha fallado y estarían retirando al niño del contexto que (en teoría) le ampara. Si los papás consideran que necesitan ayuda, es más que recomendable que puedan consultar con un especialista que les ayude a ellos y al niño, para poder trabajar la autoestima, la asertividad y las relaciones sociales.
No podemos perder de vista las medidas de prevención: la educación en valores, empatía y en el respeto de las diferencias son fundamentales para que éstas situaciones no se produzcan. También el que los papás puedan enseñar a los niños a defenderse y hacerse respetar (desde la palabra), a no reírse cuando se meten con un compañero y a poder acudir a un adulto si sienten que ellos no pueden hacer nada para dar fin a la situación. Todo esto será más fácil si existe una relación de confianza suficientemente buena entre padres e hijos y si los niños tienen una autoestima lo suficientemente sólida (ahí los papás pueden ayudar valorando sus cualidades positivas y potenciándolas, ayudándoles también a aceptar sus dificultades). Por último, es imprescindible dar valor a lo que nos cuentan los niños, para que puedan sentirse escuchados y entendidos.

Sandra Toribio Caballero

Colegiada Nº M-21691. Licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid.
Especialista en Psicoterapia Relacional – Ágora Relacional.
Especialista en el Test de Rorschach – SERYMP (Sociedad Española de Rorschach y Métodos Proyectivos).
Miembro del Instituto de Psicoterapia Relacional (IPR), de la International Association for Relational Psychoanalysis and Psychotherapy (IARPP) y de la American Psychological Association (APA).
Psicoterapeuta de niños, adolescentes y adultos (terapia en español e inglés). Evaluación, psicodiagnóstico y tratamiento.
Desempeña su labor en Global Psicosalud, compaginándolo con la consulta privada. Colabora como traductora en la revista (online) Clínica e Investigación Relacional, perteneciente al Instituto de Psicoterapia Relacional, y en la revista (online) Clínica Contemporánea del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.
Email: sandratoribio@psicoterapiarelacional.es


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Entender la Autoestima de los niños

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Publicamos este interesante artículo de Rebeca Recio Berlanas, psicóloga de Psycos, sobre la Autoestima Infantil.

 -Espejito, espejito  ¿Quién es mi princesa?-
-¡Yo!- Gritaba Lola mientras saltaba a los brazos de su padre.
Cómo saliendo de una burbuja, la Lola adulta sonríe al espejo recordando esos momentos. Respira, se recoge el pelo y sale del baño dispuesta a entrar a la reunión con una actitud segura y firme.
La percepción y la valoración que una persona tiene sobre si misma condiciona su equilibrio psicológico, la relación que establece consigo misma, con los demás y su rendimiento. Es decir, la estima y la opinión que tenemos hacía nosotros mismos va a influir en nuestra manera de acercarnos al mundo y a las personas que están en él.
Al igual que en el resto de relaciones, la relación que tenemos con nosotros mismos también la vamos a valorar positiva o negativamente. Del mismo modo, podemos ser más o menos afectuosos al relacionarnos con nosotros.

¿Cómo se forma la autoestima?
El contacto corporal que establecen los padres con el niño es prioritario para establecer un saludable vínculo emocional. Es a partir de este vínculo desde el que el niño va a construir el sentimiento básico de confianza y seguridad y la manera de quererse.
La autoestima y el autoconcepto son conceptos referentes al individuo que se construye en la interacción social. 
Por lo que su construcción va a tener dos fases, interpersonal. En la que las figuras de referencia “prestan al niño” la imagen que tienen de él. Nos convertimos en instrumentos al servicio del niño.
Y otra intrapersonal, en la que el niño, sin dejar de relacionarse y por tanto de incorporar información externa, se reconoce y forma una imagen de si mismo.

Por lo que el conocimiento que tenemos sobre nosotros mismos  responde a la pregunta ¿quién soy yo?, Autoconcepto. Deriva del concepto que las personas cercanas tienen sobre nosotros ¿Quién soy yo para mis padres? ¿Para mi profe? ¿para mis amigos?.
Del mismo modo, la valoración (positiva o negativa) que hacemos sobre nosotros mismos y nuestras competencias, la Autoestima (creo que la autoestima está en otro plano que las competencias, sí relacionada a ellas.). Vendrá precedida por la admiración y reconocimiento que hemos tenido de otros.
Y el afecto que ponemos en la relación con nosotros mismos ¿Cómo nos tratamos?, procede del afecto que nos han dado.
Ante un niño con dificultades para mantenerse sentado, sus padres y/o profesores pueden responder algo así:
-¡Niño, estate quieto! todos los días te digo los mismo y parece que te da igual. Así es imposible comer tranquilo. -
¿Sería igual si los adultos, a pesar del cansancio que seguro les provoca que la situación se repita, se acercan a él y le dicen:
- Rubén, tú sabes que en la mesa es obligatorio estar sentado y si no lo cumples tendrás que irte a tu habitación. A mi me gusta mucho comer contigo ¿Tú quieres comer con nosotros? Confío en que aunque te cueste un poco, vas a hacerlo muy bien.-
Para interactuar de manera eficaz, nos ayuda definir ¿qué cualidades del niño estamos destacando?, si lo hacemos con afecto, y si ¿Conseguimos nuestro objetivo?
Podemos afirmar que un niño que ha sido reconocido, valorado y querido, va a poder reconocerse, valorarse y quererse. El niño necesita que reconozcamos quien es él como persona en desarrollo, como ser diferente a sus padres y a las expectativas y deseos que estos tienen respecto a él. Así como que respetemos y valoremos sus características propias, deseos y necesidades, y se lo expresemos mediante el afecto. 
En ocasiones creemos que cuando un niño se porta mal tenemos que dejar de mostrarnos afectuosos, con el fin de que entienda que se ha equivocado. Pero el cariño y la firmeza son cosas diferentes. Cuando un niño se equivoca (voluntaria o involuntariamente) es necesario que sus padres se lo indiquen para que pueda  rectificar. Pero si el cariño desaparece ante las conductas inadecuadas, el mensaje que trasmitimos es que el cariño es voluble y dependiendo de lo que haga le querremos más o menos.
La evaluación sobre uno mismo se produce en todas las dimensiones de la persona (laboral-educativa, social, física y emocional), pudiendo variar la valoración que hacemos de nosotros mismos en cada una de ellas. Hay personas que se consideran muy inteligentes, pero poco capacitadas para las relaciones.
Los niños pequeños tienen a describirse sobretodo en función de las características físicas y a medida que crecen incluyen dimensiones psicológicas y sociales. Esto se debe a que las capacidades cognitivas del niño se van desarrollando a medida que se hace mayor.
Debido a que el autoconcepto de la persona va evolucionando, se espera que el concepto de si mismo que tienen los adultos tienda a ser: más consistente, objetivo y realista. Pero no es automático, tener la capacidad no siempre implica desarrollarla.
La relación consigo mismo exige que nos desdoblemos, para llevar a cabo el proceso de autoobservación. Parte de nosotros se encarga de observar y otra parte es observada. Esta capacidad nos permite tomar conciencia y reflexionar sobre nuestras sensaciones, emociones, pensamientos y acciones.

¿Cómo saber si nuestro hijo tiene una buena autoestima?
Es importante que observemos como se desenvuelve el niño, esto nos dará pistas sobre sus capacidades, la imagen que tiene de si mismo y la forma en la que se estima.
¿El niño tiene mayoritariamente éxitos o fracasos? Y como responde ante cada uno de ellos. ¿Se fija objetivos adecuados, fáciles o difíciles? ¿Se muestra satisfecho con sus resultados?
Observar la manera de afrontar las nuevas situaciones ¿Lo hace con confianza o temor?
En sus relaciones ¿Forma parte del grupo? ¿Los demás le dan la bienvenida o protestan cuando llega?¿Cómo resuelve los desacuerdos?

COmo favorecer una autoestima adecuada en los niños
Una de las principales formas a través de las cuales aprenden los niños es el modelado, los niños aprenden aquello que observan en sus modelos. Por lo que como adultos cercanos, tenemos el privilegio y la responsabilidad de ser ejemplo para los peques.
Por ello es importante que los adultos examinemos las percepciones que tenemos acerca de nosotros mismos así como nuestro desempeño, ya que el autoconcepto de los padres, profesores, etc. Influirá en el del menor.
Mostrar coherencia entre las diferentes interacciones teniendo en cuenta tanto la palabras como los actos. Ayuda a que el ejemplo tenga sentido. No digo una cosa y hago otra.
La continuidad en los planteamientos y objetivos, permite desempeñar un modelo estable. No digo una cosa hoy y mañana otra. Por supuesto, eso no significa que no podamos negociar, pero entre nuestros actos hay un hilo conductor.
La consistencia en mis planteamientos y actuaciones no depende de las circunstancias, de lo cansado o enfada que esté, si no de unos planteamientos reflexionados.
Crear un ambiente agradable y de confianza, en el que comunicarse de forma clara y abierta, ayuda a que cada miembro de la familia se pueda mostrar tal y como es.
Una de las experiencias más maravillosas y gratificantes es sentir que aquellas personas que nos conocen bien y son importantes para nosotros, nos aceptan, respetan y comprenden con nuestras posibilidades y limitaciones.
Así mismo, permitir que el niño sea autor de sus propias acciones, le muestra que confiamos en su capacidad para lograr sus metas. Inténtalo tú, si no puedes yo te ayudo. Esto es importante, ya que la confianza de los adultos de referencia permite configurar la seguridad básica en uno mismo.
Cómo padres, profesores o adultos que desde diferentes roles nos relacionamos con niños, tenemos muchas posibilidades de mejorar la autoestima de estos y la manera en la que se quieren a sí mismos.
Rebeca Recio Berlanas.
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Si quieres obtener más información o contactar con Rebeca Recio, puedes hacerlo en: www.psycos.es

ENTREVISTA A LA DRA. MELODIE DE JAGER, CREADORA DE MIND MOVES

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MIND MOVES EN ESPAÑA

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De izquierda a derecha: Rafael de Mora (terapeuta en Las Rozas y autor de "El alma del disléxico"), Lydia Galindo y Ana Madrigal (del Gabinete ASO en Bilbao), Isidro García (del Instituto Mind Moves España y director del centro DAYON en León), Rosina Uriarte (del CBET Brisbane en Castro Urdiales), Silvia Sabatés (del centro La Llave del Don en Las Rozas), Melodie de Jager (creadora de Mind Moves en Suráfrica y formadora en España), Loles Miquel (terapeuta en Valencia, León y Perú), Jone Barrutieta (La Llave del Don en Las Rozas), Anabel Iricibar (del Gabinete ASO en Bilbao) y Julia Otero (del Instituto Mind Moves España y centro Dayon en León).


Recientemente tuve el privilegio de participar en la primera parte del curso superior de MIND MOVES ® (MENTE EN ACCIÓN), celebrado en Las Rozas, Madrid.

La doctora Melodie de Jager, creadora del método, voló desde Suráfrica para entusiasmarnos una vez más con su saber y ese don que tiene para transmitirlo.

Mind Moves ha marcado una diferencia en todos los asistentes al curso, sin duda alguna. Principalmente por tratarse de un método tan completo y tan sencillo a la vez.

Es completo porque reúne en sí la experiencia y los conocimientos de otros muchos métodos que buscan explicar cómo funciona el sistema nervioso, cómo se desarrolla y qué ocurre cuando este desarrollo no es el esperado. De esta forma, busca la causa de las dificultades en niños y adultos, y cómo trabajarla directamente.

Es un método sencillo porque se basa en lo que la naturaleza nos muestra, y de la naturaleza aprende cómo reparar los fallos en el desarrollo, siguiendo paso a paso lo que es natural, utilizando las mismas herramientas y métodos que son naturales.

Cuando se conoce cómo se produce el desarrollo desde la concepción y en los primeros meses de vida, se hace sencillo y lógico que la respuesta a los fallos en este desarrollo conlleve repasarlo paso a paso y dar una “segunda oportunidad” para que se produzca adecuadamente.

Sabemos que los problemas de conducta y de aprendizaje proceden casi siempre de una causa de fondo que tuvo su origen en la concepción (podría haber una predisposición genética), en el embarazo, el parto o los primeros meses de vida (principalmente el primer año).

En este período es cuando están funcionando y madurando las áreas más básicas y primitivas del cerebro humano. Son áreas a las que no tenemos acceso desde la consciencia, por lo que no sirve que intentemos solucionar los problemas con palabras, hablando con la persona, trabajando con técnicas de modificación de la conducta. Tampoco tiene sentido que trabajemos con trabajo cognitivo, haciendo que el niño entrene su atención con fichas o haciéndole leer, escribir o resolver operaciones matemáticas.

Las áreas del cerebro en las que se produjo “el fallo” que dio origen a los problemas que observamos hoy en el niño o el adulto, son anteriores a todo esto que nos empeñamos en trabajar. Estas áreas cerebrales no entienden el lenguaje de las palabras, no pueden leer ni escribir, no saben de matemáticas… No podemos entrenarlas con funciones que corresponden a áreas cerebrales más sofisticadas, áreas pensantes y conscientes. Esto equivaldría a tener una infección en un pie y empeñarnos en curar la cabeza. Es ver solamente la punta del iceberg que asoma fuera del agua, sin ser conscientes que por debajo hay una gran superficie con la cual podríamos chocar y que precisamente es la que debe preocuparnos y de la que debemos ocuparnos.

El desarrollo es como una cadena. El primer eslabón se crea en la concepción y los últimos se forman en torno a los seis años de edad. A los seis años está ya la “cadena” prácticamente completa porque el niño de esta edad cuenta con todas las capacidades que necesitará para el resto de su vida, sólo le queda crecer y aprender. Pero ya tiene todo lo que necesita para hacerlo, no precisa desarrollar habilidades humanas nuevas, están todas en él.

Si falla un eslabón en la cadena, ésta será débil y correrá el riesgo de romperse. Cuando surgen dificultades que no podemos manejar, que no sabemos cómo arreglar, que parecen no depender de nosotros… es porque los eslabones que fallan son los que se crearon más tempranamente y sobre los que no tenemos ningún control consciente. Entonces, ¿cómo llegamos a ellos para repararlos?

Pues sólo hay una manera: haciendo lo mismo que hace la naturaleza para crear estos eslabones. Tenemos que volver atrás en el desarrollo. Evaluar éste en el niño (o el adulto) para saber qué eslabón está débil o roto, y es ahí donde tenemos que trabajar para repararlo. Lo haremos con las herramientas y el lenguaje que estas partes más primitivas del cerebro sí entienden.

Para comprenderlo mejor, pensemos en un bebé recién nacido. No puede interpretar las palabras de su madre por lo que no sirve de nada que le digamos que deje de llorar, que todo está bien. Sin embargo sí entiende el tono de su voz, su olor, su calor, el contacto con su cuerpo, el acunamiento en sus brazos… También el feto, antes de nacer, recibe estimulación a través del tacto, el movimiento y el oído. Incluso los sentidos del gusto, el olfato y la visión comienzan a recibir información con la que colaboran en la maduración del cerebro, creando nuevas conexiones y circuitos neuronales, nuevos eslabones en la cadena del desarrollo.

El lenguaje que llega al cerebro del feto y del bebé es el lenguaje de los sentidos.

Los sentidos se desarrollan en un orden concreto y tienen mayor importancia dependiendo del momento en el que se encuentra el cerebro en evolución. Los músculos también se fortalecen y desarrollan en un orden concreto y el niño va atravesando cada etapa en su desarrollo secuencialmente, una tras otra, también en un orden determinado. La naturaleza ha establecido este orden para asegurarse que cada nuevo logro se sostiene firmemente sobre los anteriores, requisitos previos que son necesarios para garantizar la eficacia de cada nueva adquisición.

Para que este orden se cumpla existen los reflejos primitivos. Éstos “obligan” al niño a realizar todos los movimientos que lleva a cabo en el útero y durante su primer año de vida. Desde dar pataditas en el vientre de su madre a pasar por el canal del parto y llorar nada más nacer para poder respirar. Dese succionar hasta acabar levantando su cabecita, rodando, arrastrándose y gateando para luego poder sentarse y ponerse de pie para caminar. Hacen que el bebé agarre cosas que llegan a su mano y se las lleve luego a la boca para su exploración, que se mire las manos en un comienzo de coordinación óculo-manual o que grite y llore llamando a su madre ante cualquier ruido o posible amenaza. Harán que llegue a ser capaz de cambiar de postura y más delante desplazarse para conocer el mundo en el que vive.

Los primeros y más importante eslabones de la cadena del desarrollo, esos que solemos comparar con “los cimientos” del “gran edificio”en el que se convertirá el niño, dependen directamente de estos reflejos primitivos. Y éstos deben sucederse también en un orden establecido para que todo vaya bien.

Una vez que cada uno de estos reflejos primarios ha cumplido la función por la cual está presente, debe inhibirse o acallarse, dejando el lugar y el protagonismo a reflejos más maduros que nos apoyarán el resto de nuestra vida.

Cuando esto no se completa, cuando un reflejo no ha podido llevar a cabo su misión y dar paso al siguiente reflejo, ocurre que queda “atrapado”y presente, impidiendo el correcto desarrollo, a modo de baches y grandes piedras en el camino. Así, en lugar de manejarnos en la vida como si condujéramos un buen coche por una autopista bien asfaltada, tendremos que arreglárnoslas con un viejo coche sorteando estos obstáculos en la carretera. Todo se hace más difícil, aunque no imposible.

Mind Moves evalúa el estado de maduración en el que se encuentra el sistema nervioso del niño o el adulto, o lo que es lo mismo: evalúa su desarrollo observando cómo se produjo la secuencia de los reflejos primitivos en la persona. Cuando queda alguno de éstos activo, debe trabajarse para lograr que se inhiba y así deje el camino libre, para que la persona pueda funcionar eficazmente en todas las áreas.

Este método da prioridad a la secuencia u orden en el desarrollo. Por ello comienza evaluando el primero de los reflejos primitivos para comprobar si maduró y se inhibió correctamente, trabajándolo si resultara necesario, o pasando al siguiente para volver a realizar el mismo proceso.

El tratamiento en Mind Moves consiste en realizar sencillos ejercicios de movimiento y estímulos táctiles y propioceptivos (masaje o presión profunda que informa al sistema nervioso de dónde está cada parte del cuerpo, dónde están los límites de éste y en qué postura nos encontramos en cada momento) principalmente. Estos ejercicios están inspirados en lo que hace el bebé de forma natural para inhibir estos reflejos, en lo que la naturaleza ha establecido como necesario para lograr un correcto desarrollo en el momento del mismo en el que se produjo el fallo que ahora necesitamos trabajar. Son ejercicios que hablan el mismo “lenguaje” que entienden las capas del cerebro en las que actúa el reflejo primitivo que está presente y buscamos inhibir.

Como decíamos antes, este lenguaje que utiliza Mind Moves es el más primitivo de todos, el primero. Porque ésta es la forma en la que podemos comunicarnos con las partes de nuestro cerebro que no están haciendo bien su función, lo que se detecta en forma de problemas en el desarrollo o el aprendizaje de la persona.

Mind Moves permite trabajar desde dos vertientes: la terapéutica en el tratamiento de las dificultades y la pedagógica al incluirlo en los programas escolares como prevención desde el aula.

En Julio esperamos terminar la formación superior en Mind Moves. Se celebrará de nuevo el primer curso superior. Para informarse sobre estos cursos o el inicial, podéis dirigiros a DAYON.

Rosina Uriarte

Con Melodie de Jager y mis compañeras del Gabinete ASO, de Bilbao.


Con Melodie de Jager

Aportaciones de las 9ª Jornada sobre Dislèxia en Cataluña

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El pasado 21 de abril pudimos asistir a las Novenas Jornadas sobre Dislexia organizadas por la Asociación Catalana de Dislexia, la cual también celebraba sus 20 años de existencia, aspecto por el cual los felicitamos efusivamente desde el Blog de Psicología y Pedagogía.

En las jornadas hubieron diferentes ponentes entre los que cabe destacar especialmente las aportaciones de Manuel Soriano, profesor de la Universidad de Valencia, siendo esta la ponencia que aportó tal vez más novedades entorno al Trastorno de la Lectura y la Escritura, sobretodo al abordar las consecuencias psicoafectivas de la Dislexia tanto en el propio alumno como en los padres, siendo este el aporte más significativo de todas las jornadas y que desarrollaremos en el presente post.



Incidencias de la Dislexia sobre el perfil emocional de los alumnos disléxicos

Patrones atribucionales
Una de las mayores incidencias que se han detectado a raíz de diferentes estudios sobre el perfil emocional de los disléxicos reside en los patrones atribucionales que se realizan tanto desde la escuela como desde la familia a los éxitos y a los fracasos de estos alumnos, es decir, a que causas atribuimos los posibles logros y fracasos.
Los estudios determinan que el patron atribucional en el caso de muchos de los alumnos disléxicos se encuentra invertido respecto a la población sin este trastorno. En este sentido la población "normal" atribuye el éxito a la capacidad y al esfuerzo, mientras que el fracaso es atribuido a elementos ajenos a la propia capacidad como falta de esfuerzo. Siendo este un patrón atribucional adaptativo.
En cambio, en los estudios realizados con alumnos Disléxicos se observa como de forma mayoritaria atribuyen sus éxitos a elementos ajenos a su capacidad como la suerte, la facilidad de la tarea, el apoyo de los otros, pero por otra parte, los fracasos se atribuyen a factores internos incontrolables como baja capacidad, pero en ningún caso se asocian con el esfuerzo como en el perfil adaptativo.

Indefensión aprendida en la dislexia
Una sobreutilización de este perfil atribucional puede llevar a una indefensión aprendida, debida tanto al patrón atribucional del propio alumno, como a aquello que percibe de parte de su entorno, que suele ser un mensaje de continuidad al reflejarse los mismos patrones atribucionales y expectativas sobre los hijos y los alumnos con dificultades de aprendizaje.
De este modo la exposición continua al fracaso puede conllevar la vivencia propia de una falta de control sobre el propio éxito y visualizar el fracaso como inevitable, lo que lógicamente incide directamente tanto en el autoconcepto como en la motivación del alumno ante el aprendizaje.

Autoconcepto
Parece lógico prever una posible alteración del autoconcepto de los alumnos con Dislexia, sin embargo, según los estudios recientes parece ser que esta alteración no es tan real, ya que los estudios han hallado resultados bastante contradictorios entre sí.
Sin embargo, parecen haber encontrado una coincidencia entre muchos disléxicos, coincidencia que se resume en lo que es conocido como Teoría de la Ignorancia de la Incompetencia, la cual nos vendría a decir que la mayoría de los alumnos con este trastorno del aprendizaje son muy poco conscientes de las dificultades que realmente presentan, tendiendo a sobreestimar frecuentemente su capacidad lectora.

Incidencia emocional de la Dislexia en la Familia y en la Escuela
Este aspecto considero que resulta muy importante, ya que puede incidir claramente en el feedback que recibe el alumno y por tanto incidir claramente en su autoconcepto y en sus patrones atribucionales. Algunas de las características que han observado en las familias han sido los siguientes:
  • Descripciones menos positivas de los hijos que presentan dislexia.
  • Se proporciona más importancia a los éxitos de los otros hijos de la familia
  • Atribuciones (patrón invertido)
    • Éxito: Factores externos
    • Fracaso: Causas internas.

Considero que resulta muy importante tener en cuenta estas características emocionales que suelen darse en los alumnos disléxicos y que muchas veces no tenemos tan en cuenta tanto en su abordaje psicopedagógico como desde casa.

 

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