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¡Que alguien me detenga, no me puedo concentrar!¿Ventaja o inconveniente?

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Como observamos en el título, este artículo, escrito por Nuria Wells y encontrado en Autismo Diario, nos explica que el Trastorno por Dèficit de Atención no siempre acarrea incovenientes y que aunque las personas con TDAH tengan ciertas dificultades en algunos ámbitos de su vida, también pueden destacar en otras ramas.


Nuria Wells – Cada día se habla más al respecto de la grave problemática asociada al Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad, más conocido por su siglas TDAH. Ciertamente este tipo de trastornos hacen muy difícil de la vida de algunas de las personas que conviven con este tipo de desorden neurológico.
En el mundo que vivimos las exigencias son muy altas, hay que tener una elevada capacidad de concentración para casi todas las tareas que se nos encomiendas. Los alumnos han de ser capaces de estar totalmente enfocados a las explicaciones que sus profesores les dan sobre este o aquel tema. Ya sea ciencia o humanidades, lengua o arte. Para un alumno con Déficit de Atención esto significa todo un reto.
A priori, todo son problemas, salvo que nos hagamos eco del nuevo estudio encabezado por investigadores de la Universidad de Memphis y la Universidad de Michigan. Los investigadores han dado una vuelta más a la tuerca, no con el propósito de hablar de forma benevolente del TDA, o pretendiendo arrojar una visión más positiva. Sencillamente querían ver las diferencias entre dos grupos, uno con el trastorno y otro sin él, y de esta forma, poder ver las diferencias desde un punto de vista absolutamente práctico.
Basándose en el estudio previo que llevaron a cabo en el 2006, Holly White (Universidad de Memphis, TN) y Priti Shah (Universidad de Michigan, MI) han dado un paso más en el estudio y sus resultados han sido publicados en el Journal of Personality and Individual Differences (enero 2011).
Las conclusiones son muy interesantes, tanto desde el punto de vista puramente académico y científico como desde el puro punto de vista social. Como premisa importante hay que tener en cuenta que lo sujetos del estudio eran todos estudiantes universitarios, por tanto el análisis estadístico restringe el contexto social, pero este es un primer paso.
¿Cual es la ventaja de ser más distraído? Según los resultado del estudio, quienes presentan este déficit de atención son mucho más creativos, que quienes no presentan déficit de atención. A su vez, la capacidad de ser hábiles en múltiples campos también da puntos extra a quienes presentan TDA frente a quienes no lo presentan.
Esta dificultad para la concentración focal tiene como ventaja una mayor capacidad de absorción de conceptos e ideas, dando una visión mucho más global y rica del conocimiento y una mejor capacidad en la resolución de problemas.
Este tipo de estudios nos ayuda a comprender mejor los procesos de la mente, y que lo que para unos puede ser una imperfección, para otros es una mejora en las capacidades de la persona. Tampoco hay que banalizar este asunto y pensar que el 100% de las personas con TDA sean unos artistas excepcionales o tengan una capacidad increíble para determinados aspectos de la vida. Pero sí es un dato importante para enfrentar las capacidades a futuro de los niños y adolescentes con TDA.

“NEUROPSICOLOGÍA EN LA ESCUELA”. SEGOVIA, 17 Y 18 DE FEBRERO 2012. CONGRESO EN EL QUE LA “NEUROPSICOLOGÍA” Y LA “ESCUELA” APENAS SE DIERON LA MANO

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Asistentes al Congreso "Neuropsicología en la Escuela", Segovia, 17 y 18 de Febrero, 2012

La neuropsicología trata de cómo inciden el desarrollo y el funcionamiento cerebrales en el comportamiento de la persona y en su aprendizaje.

Se trata de un tema apasionante para quienes nos dedicamos a la educación y para quienes trabajan con niños con dificultades de aprendizaje. Resulta apremiante que cada día estemos más familiarizados con el tema y con lo que pueda aportar a nuestra labor en ayuda de todos los niños y adolescentes en edad escolar.

La neurociencia, y por lo tanto también la neuropsicología, nos dicen que nuestro cerebro está compuesto de diferentes partes. Principalmente contamos con un cerebro más primitivo que se ocupa de las funciones vitales del ser humano, un cerebro emocional y, por último, un cerebro pensante.Estas tres partes se sustentan una sobre la otra y para llegar al cerebro consciente (pensante) que realiza las funciones intelectuales, debemos a la fuerza pasar por los otros dos. Esto ocurre así en la maduración cerebral: primero ha de madurar la parte más primitiva, luego la emocional y si esta maduración se ha producido adecuadamente, también madurará como es de desear el córtex cerebral (la parte que utilizamos para realizar las tareas escolares entre otras muchas funciones).

Sabiendo esto, una se pregunta por qué tantos profesionales no prestan atención a las dos partes más básicas de nuestro cerebro y se empeñan en trabajar solamente las funciones sofisticadas que corresponden a la parte más evolucionada. Tradicionalmente se tiende a trabajar los síntomas de lo que vemos que no va bien en el aprendizaje del niño (no lee bien, no puede escribir, no entiende las matemáticas, no presta atención…) olvidándose de su desarrollo de base, sin el cual jamás podrá llegar a realizar las funciones superiores con facilidad.La neuropsicología en la educación propone repasar todas las funciones, desde las más básicas, para dar al niño las herramientas que necesita para llegar a poder realizar las funciones más elaboradas por sí mismo y en las mismas condiciones que sus compañeros.

Esto puede parecer difícil, pero no lo es una vez que se conoce el desarrollo del niño. Para ello debemos conocer cómo se desarrolla su cerebro y seguir las mismas directrices en la metodología utilizada en el aula o el gabinete.

Poco se habló sobre esto en el congreso celebrado este fin de semana pasado en Segovia, a pesar de su sugerente título: “Neuropsicología en la Escuela”.

Tras el congreso nos hemos quedado principalmente con lo que ya teníamos: se sigue trabajando tan sólo en el córtex cerebral. Se trabajan sólo las funciones superiores académicas. Se siguen trabajando solamente los síntomas sin ir a la raíz del problema. Seguimos anclados en lo que “vemos” del problema, sin preguntarnos si hay algo que no vemos ¡pero está ahí!Cuando fallan los mecanismos que llevan a la maduración de las áreas cerebrales más primitivas, las áreas cerebrales más evolucionadas no pueden haber madurado tampoco.

Por este motivo, un niño que tiene un buen desarrollo de sus funciones cerebrales básicas, manifestadas a través del control de su cuerpo, tanto en movimiento como en reposo, tiene más posibilidades de contar con los requisitos previos necesarios para utilizar su energía cerebral en funciones superiores, intelectuales. Y además, hacerlo eficazmente.Para llegar a desarrollar las funciones ejecutivas involucradas en el éxito escolar, es preciso haber tenido primero las experiencias sensoriales y motrices que dan a la persona las destrezas más básicas. Éstas deben llegar a controlarse de forma automática e inconsciente por parte del sistema nervioso para que esté en las condiciones idóneas de prestar atención, leer, escribir o realizar cálculos matemáticos.

Cuando el niño tiene dificultades en estas tareas, están fallando los requisitos necesarios para llevarlas a cabo. Esto muy probablemente significa que también están fallando funciones mucho más básicas sobre las que las funciones ejecutivas intelectuales se sustentan.La propuesta de muchos de los profesionales ponentes en el congreso es trabajar las funciones ejecutivas superiores: el lenguaje, la lectura, la escritura, las matemáticas, la atención, la comprensión, el razonamiento lógico, etc… Pero esto nos lleva al callejón sin salida en el que nos encontramos tanto en la educación como en el tratamiento de las dificultades de aprendizaje con los medios tradicionalmente aceptados por la pedagogía, la psicología o la logopedia… y por lo visto, también por la neuropsicología “teórica” de quienes hablan mucho sobre el funcionamiento del cerebro, pero muy poco sobre cómo se construyen las estructuras que necesita el cerebro para funcionar.

Es un gran obstáculo la insistencia ilógica y absurda de trabajar única y exclusivamente los síntomas y no la causa del trastorno.El sistema nervioso funciona principalmente en tres fases:

1. Recibe información a través de los sentidos

2. Procesa la información

3. Responde a la información (es lo que vemos como el comportamiento y el funcionamiento del niño en la escuela)

Si el proceso del aprendizaje también se desarrolla en estas tres etapas, ¿por qué seguir anclados en el último de los tres pasos? ¿Por qué seguir considerando sólo lo que vemos (el comportamiento y la forma de aprender del niño)? ¿Por qué no se da importancia a cómo recibe el sistema nervioso la información de lo que le rodea o a cómo la procesa teniendo en cuenta que éstos dos pasos tienen un peso inevitable en lo que se manifiesta como un problema de aprendizaje en el niño?

Y si fallan las funciones ejecutivas necesarias para una correcta lectura, escritura, matemáticas…, para una adecuada atención, postura corporal en clase…, para un correcto control de las emociones… ¿Por qué no se piensa en la probabilidad de que funciones más básicas que éstas no estén haciendo bien su trabajo? ¿Acaso no es lo más lógico?Pues para la neuropsicología “teórica” no lo es (la llamo “teórica” porque apenas nos sirve en la práctica).

Entonces, ¿qué nos aporta esta neuropsicología que tanto estudia el cerebro para sólo ocuparse de las funciones ejecutivas superiores?

¡No nos aporta nada nuevo!Sigue proponiéndonos el trabajo cognitivo para niños con problemas cognitivos.

Esto es: si un niño no puede leer bien, se diseñan actividades adaptadas a lo que se conoce del funcionamiento cerebral para la lectura… ¡actividades relacionadas con la lectura! Para esto no nos hacía falta la neuropsicología, ni tampoco un congreso… es lo que ya teníamos y no nos era suficiente.
¿Dónde quedan las habilidades previas a la función de la lectura y que son indispensables para que ésta pueda desarrollarse plenamente?

Por ejemplo: para poder leer cómoda y eficazmente, el niño debe ser capaz de utilizar ambos ojos de forma conjunta y coordinada (entre otras muchas cosas que debe ser capaz de hacer). Precisamente son las áreas vestibulares del cerebro (las encargadas de que podamos guardar el equilibrio y la postura) las responsables de controlar el movimiento de los ojos.

Y para que los dos ojos trabajen juntos, es necesario que ambos hemisferios cerebrales lo hagan también.

La maduración de las vías que comunican ambos hemisferios y la maduración de áreas tan básicas como las vestibulares se dan principalmente a través de un estímulo ¡que no es la lectura! ¡Sino el movimiento! Especialmente el movimiento que realiza el bebé en su primer año de vida.Bueno… pues ya tenemos algunas de las bases para esta función de la lectura. ¿Por qué sabiendo todo esto no se trabajan estos requisitos previos en un niño que no ha desarrollado adecuadamente su función lectora?

Los científicos, médicos, psicólogos, pedagogos… que nos hablan desde la neuropsicología “teórica” sólo mencionan las funciones superiores del cerebro y cómo entrenarlas. No nos dicen nada sobre el desarrollo del cerebro y cómo lograr que estas funciones lleguen primero a existir para luego poder entrenarlas.¿Qué se propone desde la neuropsicología aplicada a la educación y al aprendizaje? Esta neuropsicología “práctica” y útil propone crear o fortalecer las estructuras necesarias para que las funciones ejecutivas superiores puedan desarrollarse por sí mismas de forma natural, tal como ocurre en otros niños sin dificultades de aprendizaje.

Para ello será necesario examinar al niño que tiene problemas de lectura, por ejemplo, en cuanto a sus habilidades previas como el movimiento coordinado de ambos ojos, entre otras funciones visuales necesarias para leer. También se ha de ver si su sistema auditivo está funcionando en óptimas condiciones o si el movimiento y el control de su cuerpo muestran un adecuado desarrollo de base.Cuando esto no es así, la solución más adecuada no está en trabajar insistentemente las funciones superiores de la lectura. Éste es el camino más largo y menos fructuoso.

La solución forzosamente ha de pasar por trabajar las funciones más primitivas y básicas (guardar adecuadamente el equilibro, una cómoda y correcta postura corporal, un sistema visual eficiente, un sistema auditivo de calidad, la capacidad de prestar atención…).De esta manera dotaremos al niño de las herramientas necesarias para poder leer y también poder realizar otras funciones superiores en las que se base el trabajo escolar.

La mayoría de los ponentes del congreso insistieron en la necesidad de basarnos siempre en la ciencia y aportar estudios sobre lo que es eficaz en el aula y en el tratamiento de las dificultades de aprendizaje. Para de esta forma elaborar una metodología que pueda aplicarse en ayuda del niño.Pues la realidad es que quienes aplicamos la neuropsicología en la escuela o en los gabinetes que tratan las dificultades escolares, estamos haciendo esto que nos proponen. Estamos reforzando las herramientas neurológicas del niño con programas motores (a través de ejercicios de movimiento), con programas de desarrollo de habilidades visuales y auditivas (las dos vías que más se utilizan en el trabajo académico) entre otros programas… Nos basamos precisamente en la evidencia científica. Esto es: en los descubrimientos sobre el desarrollo y funcionamiento cerebrales dados por la neurociencia.

Después de esto, utilizamos metodologías diseñadas acorde a estos conocimientos científicos y que cuentan con estudios sólidos, como los realizados por una de las pocas ponentes del congreso que realmente nos habló de “neuropsicología” y de “escuela”: la doctora en psicología y directora del máster “Neuropsicología y Educación” Pilar Martín Lobo.

Hubo otras excelentes excepciones entre las ponencias, que hicieron llegar a los asistentes información sobre el desarrollo motor del niño como base de sus habilidades intelectuales. También describieron el trabajo diario en modernos colegios en los cuales se aplican metodologías encaminadas al apoyo al niño en su desarrollo global desde el concepto de la neuropsicología.

El resto, la mayoría de las ponencias de este congreso titulado “Neuropsicología en la Escuela”, o bien nos hablaron de la escuela sin relacionarla con la neuropsicología, o bien sabían mucho de ésta, pero nada en absoluto sobre la escuela. En definitiva, los dos términos que daban el título y el motivo a la celebración del congreso, apenas llegaron a tocarse y la relación entre ambos simplemente brilló por su ausencia.Lo que confiábamos fuera un “paso hacia delante” en la difusión de la neuropsicología dentro de la educación, resultó en un decepcionante paso “hacia atrás”.

Confiamos en que muy pronto se celebre un congreso en el que realmente aprendamos a utilizar los conocimientos sobre el desarrollo y funcionamiento cerebrales en la educación. Por el bien de todos los niños, los que tienen dificultades y los que no las tienen pero se merecen sin duda este nuevo enfoque educativo.Daré datos de este próximo congreso en este mismo blog.

Para información sobre el máster en Neuropsicología y Educación:

http://www.villanueva.edu/posgrado/master-neuro/index.html

http://www.unir.net/master-neuropsicologia-educacion.aspx

Rosina Uriarte

El juego es un negocio serio

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El juego es una actividad intrínsecamente satisfactoria que los niños realizan por pura diversión.
El juego sensoriomotor comienza muy pronto y se desarrolla más o menos en la misma forma en todas las culturas. Los bebés progresan de jugar con sus propios cuerpos (por ejemplo, chupando sus pulgares), a manipular objetos externos como sonajeros y animales de peluche, hasta el juego funcional completo. Así, un niño de 12 meses está más inclinado a descolgar y colgar un teléfono de juguete que a chuparlo o golpearlo.
Quizá el progreso más emocionante en las actividades de juego es el surgimiento del juego simbólico a los 11 a 13 meses de edad. Los primeros episodios de “simulación” son muy simples, en ellos los bebés fingen realizar actividades familiares como comer, beber o dormir. Pero de los 18 a 24 meses, los niños simulan realizar actos múltiples en una secuencia significativa. También pueden coordinar sus actos con las de un compañero, y practicar juegos sociales como imitarse entre sí o cooperar para lograr una meta. Los padres pueden estimular este desarrollo proporcionando a los niños que ya caminan una base segura de afecto y representando dramas con su hijo. Los padres suelen responder a sus hijos con juegos que están en el mismo nivel cognoscitivo o en un nivel un poco superior que el de sus hijos.
El juego simbólico florece a los dos años, cuando los niños ya caminan y pueden usar un objeto (un bloque) para simbolizar otro (un coche) y utilizar el lenguaje de forma creativa para construir mundos de fantasía.
El juego simbólico se socializa y se complica cada vez más entre los dos y los cinco años.
¿Qué beneficios proporciona el juego?
Desde el punto de vista intelectual, el juego proporciona un contexto para comunicarse mediante el lenguaje y usar la mente para fantasear, planear estrategias y solucionar problemas. A menudo, los niños muestran habilidades intelectuales más avanzadas durante el juego simbólico que cuando realizan otras actividades, lo que indica que el juego estimula el desarrollo cognoscitivo. Los niños en edad preescolar que participan en una gran cantidad de juegos simbólicos se desempeñan mejor en las habilidades de lenguaje y creatividad que los niños que simulan con menos frecuencia. Para tener éxito durante la simulación de un juego social, los niños deben adoptar roles diferentes, coordinar sus actividades y resolver cualesquiera disputa que pueda surgir.
Por último, el juego puede estimular un desarrollo emocional sano al permitir a los niños expresar sentimientos que los molestan o resolver conflictos emocionales. Las resoluciones mediante el juego de estos conflictos emocionales pueden contribuir de manera importante a la comprensión por parte de los niños de la autoridad y de los fundamentos que subyacen a toda regla que deben seguir.
Por lo tanto, aunque los niños jueguen porque es divertido, los jugadores contribuyen de forma indirecta a su propio desarrollo social, emocional e intelectual, a la vez que disfrutan con ello.


Extraido de Shaffer, D.R (2000). Psicologia del Desarrollo. Infancia y adolescencia.

¿Qué hacemos en el CENTRO DE OPTOMETRIA Y TERAPIA VISUAL?

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El Centro de Optometría es un espacio dedicado al diagnóstico de los posibles problemas de aprendizaje relacionados con la visión. En este, además de corregir con gafas les alteraciones visuales más conocidas como la miopía, la hipermetropía, el astigmatismo o la vista cansada, con la Terápia Visual rehabilitamos y entrenamos otros déficits visuo-funcionales como:

- Dificultades motoras o de oculomotricidad referidas a:
        - Saltos de letras, palabras o líneas durante la lectura
        - Uso de un punto de referencia constante, como por ejemplo el dedo, mientras se lee
        - Incapacidad de conseguir un correcto aprendizaje lector

- Alteraciones de la lateralidad referidas a:
        - Inversiones de letras y/o palabras al leer y/o al escribir
        - Dificultades para la coordinación corporal y control del equilibrio
        - Desorden direccional o confusiones entre derecha e izquierda

- Déficit acomodativo o dificultades de enfoque referidas a:
        - Errores frecuentes en la copia de la pizarra
        - Cansancio o fatiga visual durante el trabajo en visión cercana

- Disfunciones de la Percepción Visual referidas a:
        - Memoria Visual
        - Comprensión lectora

- Alteraciones de la Visión Binocular referidas a:
        - Mantener una distancia de lectura más próxima a la habitual de 40cm
        - Dificultades en el cálculo mental de distancias, profunditades y/o volumenes

Hábitos y estudio

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Una de las principales dificultades que tienen los chicos y chicas hoy en día para ponerse a estudiar es la falta de hábitos en el estudio. Estas dificultades pueden recaer en:
- No ver la utilidad en el estudio: “estudiar no me sirve para nada”.
- Asignaturas con un alto grado de dificultad: “no entiendo nada, por mucho que estudie, suspenderé”.
- Miedo al fracaso: “aunque estudie mucho, seguro que suspendo”.
- Entorno poco adecuado (ruidos, interrupciones, distracciones,...). Para estudiar, es necesario no tener ningún aparato electrónico cerca, ya que puede provocar distracciones, y acabar jugando en lugar de estudiar. Por eso lo mejor sería estudiar en un espacio libre de éstos y, además, que estuviera libre de interrupciones (puertas que se abren y se cierran constantemente,...) ruidos (televisor,...)
- Demasiadas actividades extraescolares. Es posible que algunos chicos y chicas cuando llegan a casa y han de abrir el libro para empezar a estudiar o hacer los deberes, están tan cansados que prefieren no hacer nada. Por eso, es importante equilibrar las actividades extraescolares a lo largo de la semana.
- Preocupaciones de tipo emotivo. Sobre todo en la adolescencia, los chicos y chicas empiezan a tener ciertas preocupaciones de carácter emocional que han de tenerse en cuenta. Siempre que sea posible, se puede hablar con él o ella para poder encontrar una buena orientación.

Lo más importante para conseguir unos hábitos para el estudio es la organización.
La organización es uno de los elementos fundamentales a la hora de empezar a estudiar.
Para realizar esta organización, sería importante confeccionar un horario realista (hacer un “planning” básico de la semana. Éste debería de ser flexible y abierto a posibles imprevistos, se ha de dejar tiempo para el descanso, ver la televisión,...)
Se ha de conseguir cumplir este horario por rutina.
Al hacer el horario, se ha de pensar cuál es el mejor momento del día para estudiar. Es necesario empezar por las materias más fáciles, pasando por las más difíciles, y acabando otra vez por las fáciles.
- Donde y como estudiar:
o En una habitación (si puede ser) de uso exclusivo, bien aireada y ventilada, con el mínimo de ruidos y distractores posibles (revistas, juegos, televisión, música,...)
o Mesa de trabajo amplia, únicamente con el material necesario.
o Luz preferiblemente natural, y una luz (artificial) que provenga del lado opuesto de la mano con la que se escribe.
o Mesa y silla proporcionadas a la medida del niño, que sean cómodas, pero no en exceso.
o Tener cuidado con la postura (espalda recta, apoyada en la silla,...)
o A cada hora de estudio, descansar 10 minutos. Aprovechar los periodos de descanso para ir al lavabo, merendar, llamar a los amigos...
§ Cómo estudiar a diario
· Niños de 5 a 6 añosà 15-30min/día; 3-4 días/semana
· Niños de 7 a 12 añosà 1-2 h/día; 5 días/semana
o Dormir una media de 8 a 12 horas, según la edad del niño para conseguir un buen rendimiento al día siguiente. (No dormir suficiente provoca fatiga y cansancio)

Lecturas recomendadas