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EN UN CAFÉ CON MAITE RODRÍGUEZ ESTÉVEZ

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Publicado por Paloma Rosado en ELHEDONISTA.ES

Maestra y pedagoga por vocación, después de un viaje a América entró en el campo de la cooperación al desarrollo donde trabajó varios años en una ONG. Pero la vida le tenía preparado un “regalo”. Las dificultades de aprendizaje y desarrollo de sus hijos le hicieron regresar a la educación “para resolver cuestiones domésticas”. Así empezó a estudiar, observar e investigar a través de ellos conductas y terapias y, fascinada por lo que iba encontrando, lo transformó en su nueva forma de vida.

Maite Rodríguez Estévez evalúa, trata y mira de una forma positiva la dislexia o el déficit de atención aportando soluciones e invita a cambiar a padres y educadores a través de cursos y charlas. Su formación generalista y sus especialidades –terapia visual y terapia familiar sistémica- le conceden una visión aguda y creativa capaz de leer de modo novedoso las escenas relacionales que se dan en las familias.

¿Están felices y motivados nuestros niños hoy?
 Siempre resulta arriesgado generalizar porque hay iniciativas educativas muy interesantes en España, y sobre todo sigue habiendo grandes maestros vocacionales que tratan de motivar y hacer felices a nuestros hijos en la escuela, pero lo cierto es que se trata de iniciativas concretas y puntuales. El sistema escolar, la legislación, la administración y la competencia entre centros pone más el acento en otros aspectos del curriculum (y en un entendimiento muy lineal de la educación), quedando la motivación y la educación emocional en un tercer plano.

¿Qué les falta y les sobra nuestros hijos?
Les falta tiempo para jugar, tener a sus padres cerca, pertenecer a familias más amplias, mantener experiencias reales y vida propia, conseguir la posibilidad de desarrollar sus talentos… y les sobra tiempo de hacer deberes, de jugar a “maquinitas” o de ver la televisión SOLOS. Les falta la tranquilidad de sus familias y les sobra el estrés de los trabajos y las vidas ajetreadas de los adultos.

Porque sobre las tareas del cole opinas…
La vida de los niños está demasiado escolarizada. Los padres están demasiado pendientes de los deberes y los resultados. Con el agravante de que lo que los niños hacen en casa es lo mismo que en la escuela, cuando lo que tendrían que hacer es prácticar en la vida lo aprendido en el aula. Los deberes de matemáticas no deberían ser fichas sino por ejemplo una propuesta para adaptar una receta de cocina para el número de miembros que hay en casa.

Me suena a ciencia ficción
Suena a ciencia ficción porque nos hemos empeñado en que educar es acumular conocimientos, algo que está pasadísimo de moda cuando a golpe de Google tenemos toda la información que queramos. Lo importante no es tener los conocimientos, es saber llegar a ellos. Los profesores de secundaria se quejan de que los chavales no saben pensar, ni hablar en público, ni argumentar… y yo me pregunto ¿cuándo se les enseña a eso?

Ummm…
El otra día una profesora de filosofía me contaba que había enseñado su materia a base de contraargumentaciones. Había un chaval que se quejaba de que no se creía lo que tal o cual filósofo proponía y ella se dedicó a preguntarle “¿en qué no estás de acuerdo?”. Y el chaval aprendió las principales líneas de pensamiento a través de su propio juicio. Ese es el verdadero aprendizaje, el que llega por lo que hemos interiorizado. Y por ahí deberían ir los deberes.

¿Estamos adiestrando a los niños en lugar de educarles?
En algunos casos y contextos sí. La psicología conductista y los modelos de control de conducta son adiestramiento pero en paralelo debería haber una interiorización que no siempre se da. El primer punto general hacia el que se debería tender es hacia la potenciación del desarrollo natural de los niños.

¿Cómo es el desarrollo natural de los niños?
Hoy aceleramos y coartamos el desarrollo en algunas etapas. Por ejemplo, aceleramos el aprendizaje de la lecto-escritura que debería ser a los 7 años y no a los 4-5 como está sucediendo ahora, y sin embargo no les permitimos crecer porque les tenemos demasiado vigilados y no les dejamos experimentar ni subirse a un árbol. En esos casos les sobreprotegemos. Pero, al mismo tiempo les dejamos las ventanas del televisor o de internet abiertas a cualquier hora y en cualquier canal. Y ahí se acelera el desarrollo respecto a su capacidad de poder asimilar lo que está viendo, porque ve muchas cosas a las que no sabe dar significado. En este sentido hay mucha sobreestimulación visual.

¡Uf! Qué difícil parece tener el control sobre todo ello
Además los padres deberían aprender a distinguir entre lo que el niño “no puede” y lo que “no quiere”. Porque si no puede hay que rebajar el nivel de exigencia y manejarse allí donde el niño es capaz de llegar. Los adultos tienen que acompañarle INDIVIDUALMENTE en ese viaje del desarrollo, sin comparar, y descubrir si existen dificultades motoras o visuales.

¿Por ejemplo?
Hay niños que no perciben el espacio porque no tienen visión binocular, no tienen visión en estereo y se tropiezan constantemente o tienen problemas en la marcha cruzada o para bajar las escaleras… Esos niños en el patio del colegio caminan por el borde, los límites, y no se lanzan al centro del patio. Cuando hoy un niño varón de 5 años te dice “no me gusta el fútbol” está diciendo que no es bueno en ese juego, que no consigue que sus compañeros le acepten en esa faceta y entonces decide que no le gusta. El fútbol es un elemento de socialización, como podría ser el baloncesto o la comba, pero hoy cuando pasa eso suele indicar que el niño tiene una dificultad motora para jugar. Y ahí habría que intervenir con una estimulación.

¿Estimular en lugar de etiquetar?
Es muy importante no etiquetar, no comparar con el desarrollo de los hermanos anteriores y potenciar aquello en lo que el niño es bueno, da igual que tenga que ver con lo escolar o no. Un niño que tiene dificultades de lecto-escritura y va al logopeda pero también es un gran pintor tendría que poder recibir clases de dibujo al menos en la misma proporción que clases de logopedia, porque si sólo va al logopeda lo que el niño recibe es que “no sabe” y que sus padres tienen que “parchear” lo que él no consigue hacer bien. El problema hay que tratarlo pero no a costa de potenciar sus habilidades y su autoestima. Es importante que el niño note que sus padres ven lo bueno que él tiene y que lo valoran.

¿Es cierto que nos relacionamos con nuestros hijos a través de las potencialidades y/o carencias de nuestra propia infancia?
A menudo es así. Que los padres entiendan su propia trayectoria, las limitaciones a las que han tenido que enfrentarse en su infancia clarifica mucho posibles proyecciones. Hay veces que yo me encuentro con padres que me dicen “claro, yo también era disléxico y al niño le pasa lo mismo que a mí”. Y yo les digo “vale, serías disléxico pero no tonto. Y tal vez tus padres no llegaron a ver tus riquezas, pero seguro que tú identificabas en ti capacidades que se vieron tapadas por el diagnóstico”. Y cuando les digo esto, más de uno se pone a llorar. Porque a ellos les hacían ver y pensar que eran casi inútiles y sufren ahora temiendo que a sus hijos les vaya a pasar lo mismo. Por eso les hablo de la oportunidad que tienen de no repetir la historia sobre-corrigiendo los errores, por ejemplo.

¿Cómo?
Cuando un niño está leyendo en voz alta y lee “lodo” en lugar de “lobo” y se le corrige una vez y otra, con otra palabra y de nuevo una tercera… no se entera de lo que lee. Y encima los adultos vamos y le pedimos que haga un resumen. ¡Pero él no ha podido hacerse una película mental de lo leído, no le hemos dejado!

¿Y qué habría que hacer?
Dejarle que lo leyera, con sus medio errores, porque probablemente él se corregiría alguno. O si es necesario nosotros se lo podemos leer primero entero y luego que lo haga él pero partiendo siempre del nivel de desarrollo del niño, no de su edad.

¿Qué situaciones se repiten en tu consulta?
Problemas de fidelidad y protección de los niños a los padres. Me explico. Cuando los padres proyectan las dificultades de su infancia en sus hijos, los niños por fidelidad actúan de modo similar a como lo hicieron sus progenitores. Por otro lado, es muy frecuente que los niños estén muy preocupados por los padres cuando les sienten estresados o superados. En esos momentos –si no lo hemos hecho antes-, los adultos tenemos que tener fuerza interior, tomándola de nuestras raíces y de nuestro sistema familiar, para poder entregársela a nuestros hijos. Y todo esto en un clima de respeto a uno mismo, al otro y a la pareja, incluso cuando hay una separación. Es importante que cada progenitor pueda proyectar la maternidad y la paternidad en la misma dirección, aunque tengan diferencias personales. El hijo necesita que la madre respete al padre y que el padre respete a la madre, estén juntos a separados.

¿Cómo es este esquema en caso de adopción?
En este caso algunos padres, pensando que están salvando al niño de una situación dramática, le despojan de su propio respeto y dignidad al pensar que ellos le han salvado de quienes le dieron la vida. Es fundamental el respeto a los padres biológicos para que el niño sienta que se respeta su biografía, algo que se manifiesta con fuerza en la adolescencia. En esa etapa si no se sienten respetados y dignos por su familia de origen a través de la familia de adopción vienen los problemas. El niño debe sentir que su vida es acogida por una familia de adopción que mira con respeto el hecho de que su vida biológica llegara a través de otras personas, con unas determinadas circunstancias sin penalizarlas.

¿Qué es lo que no deberíamos olvidar los padres?
Que es importantísimo hablarles de lo que hacemos y sentimos, contarles que estamos alegres o tristes y por qué, enseñándoles a gestionar las emociones, lo que no significa paralizarla ni guardarla, sino hablarla y canalizarla bien. Tenemos que encontrar cada día un rato, aunque sea de 10 minutos al margen de lo operativo o lo funcional, simplemente para estar, hablando o no, pero estando presente.

Porque además entiendo que los hijos ahí nos pueden enseñar cosas ¿no?
¡Permanentemente nos dan cada perla (se ríe)! Ellos ven lo evidente y nosotros no porque siempre estamos proyectados en el pasado o en el futuro mientras ellos ven el presente, lo que es.

Y cuando los niños van creciendo…
A ese respecto a mí me preocupa muchísimo el estrés que tienen los alumnos de bachillerato. No es normal. El nivel de chicos que quieren abandonar los estudios antes de acabar, sin ser malos estudiantes, no es normal. Luego suelen seguir pero tomando cafés sin parar y estudiando de modo compulsivo… y memorizando para seguir un modelo que no tiene nada que ver con el que se les impone cuando entran en la universidad. Es de locos. Pasan de asignaturas muy cerradas con exámenes en los que se lo juegan todo a una carta, a cuatrimestres con muchas asignaturas, prácticas y trabajo en equipo. Y en bachillerato de trabajo en equipo nada o casi nada.

Bueno, hablaremos con el Sr. Wert
No me hables porque el preámbulo de la LOMCE es para ponerte los pelos de punta. Aparece la competitividad una y otra vez cuando en un país la educación debe perseguir que las personas sepan convivir y no competir

Un modelo que no funciona, niños con TDHA…?
Te quiero contar algo importante. Cuando tenemos un diagnóstico de un niño no debemos pensar que eso es una foto fija. Tenemos una etiqueta administrativa que puede servir para gestionar apoyos pero no es una foto fija de lo que le pasa al niño y lo que le va a pasar. A partir de ese diagnóstico yo tengo que ver cómo puedo organizar la enseñanza para que el niño pueda aprender. Porque no hay problemas de aprendizaje sino de enseñanza. El niño puede no aprender con una metodología determinada pero sí adaptándola. Y me refiero a la dislexia, el déficit de atención, los trastornos generalizados del desarrollo… son cuestiones que necesitan una adaptación metodológica para poder trabajar mejor e impulsar su desarrollo. Debemos medicalizar solamente en caso extremo porque estamos tratando desde el punto de vista médico cuestiones que se deben tratar dentro de la vida de la persona. No podemos tener niños medicados desde los 6 hasta los 18 años que encima asocian que esa medicina es la responsable de que consigan tener éxito. “Me tomo la medicina y en el cole me dicen que lo hago bien…” piensan y a mí eso me parece que entraña unos riesgos tremendos, por ejemplo en relación a promover perfiles adictivos.

Para acabar de modo semejante a cómo empezamos, ¿cómo podemos impulsar a nuestros niños a ser felices?
Dejándoles jugar, manipular, salir a la calle… Si están enchufados a “la maquinita” y la tele, revisemos nuestras actitudes, seguro que nosotros les hemos llevado hasta allí de alguna manera (¿por comodidad?), sin olvidar que el refuerzo positivo de la máquina es muy directo: el niño recibe puntos y tiene el fin de llegar a la siguiente pantalla. Los padres son los que tienen que dar un refuerzo positivo a los niños cuando se sale al parque o a la naturaleza y estar con ellos. Además es importante fomentar una red importante de amigos y destacar las habilidades que el niño posee. Descubramos los talentos de cada niño y potenciémoslos. Así se van a sentir capaces. Pueden aprender las letras desde la pintura y las matemáticas desde la música, por ejemplo. El éxito llama al éxito.

¿…Y a nuestros adolescentes?
Los adolescentes necesitan unos padres fuertes, con vida propia, que sepan disfrutar de ella. El adolescente estará en contra de todo pero necesita ver que sus padres “fluyen” en trabajo o en su ocio. Y por supuesto los extremos de sobre-protección o abandono dificultan el sano desarrollo del adolescente. Hay que ir soltando la cuerda para que ellos aprendan a confiar en sí mismos a través de la confianza que reciben de sus padres.

Pues ahora no sé por dónde empezar
Mira, lo importante es que tenemos la felicidad cotidiana al alcance de nuestra mano. Para ello hay que vivir en el presente, confiados y de forma positiva.

PREPARADOS PARA APRENDER (Madrid)
 

Tips para enseñar a tus hijos a tener éxito escolar

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El caos es el peor enemigo del estudio: si tu hijo no sabe administrar su tiempo y sus materiales escolares, es probable que tampoco aprenda lo que le enseñan en el aula. Si quieres echarle una mano para que este año sea un éxito, lee estos consejos.


Organizarse paso a paso

Buscar libros a último momento, salir corriendo a comprar papel, hacer las tareas el domingo por la noche a las apuradas, faltar a clases: todos estos desórdenes son los peores enemigos del estudio de tu hijo. Por eso, enseñarle a que se organice antes del es fundamental para que saque buenas notas. De acuerdo con una encuesta encabezada por la especialista en educación Stacy DeBroff, presidenta y fundadora de un sitio de guía para madres, más de la mitad de los padres sienten que no pueden ayudar a sus hijos a organizarse para la escuela: se sienten superados por una tarea que, en realidad, es bastante simple. "Ahora es el momento perfecto para que los padres les enseñen a ser organizados para aprender", dice DeBroff. "Sólo hace falta un poco de preparación".
¿Qué no tienes tiempo? Pues no hace falta demasiado: después de tu trabajo puedes dedicar unos minutos a ayudar a los chicos. Sigue estos pasos y recuerda que lo que les enseñes ahora les quedará para toda su vida.:

Asegúrate de que tenga materiales escolares . Vete de compras con él y no olvides poner en la cesta un buen cúmulo de papel. Que tenga papel blanco y cuadernos para todo el año. Si sales corriendo a comprar cosas a mitad de clases, le estarás dando una imagen de caos que no te conviene.

Decora su habitación para que pueda estudiar. Una buena idea es que tenga su propio escritorio. En él debe haber un porta lápices, una pizarra y una resma de papel. Haz una estantería o biblioteca para que ponga y encuentre fácilmente sus libros. No dejes que los tenga tirados por las mesas o en la cama.

Explícale para qué sirven las pizarras. Dile que allí anotará todas las tareas pendientes que tenga para la semana.

Enséñale a priorizar: nunca dejes que llegue y se vaya a ver televisión o a jugar. Tiene que comprender que debe dedicarle la primera hora a las tareas, siempre en el mismo momento del día, así se libera para más tarde y puede hacer lo que quiera.

Asegúrate de que tenga los libros que necesita. Cuando llegue de la escuela, debe tener los textos escolares necesarios para estudiar. Pedirlos prestados a último momento sólo hará que tu niño perciba caos y falta de planificación.

Desarrolla un plan. Antes del regreso a clases habla con el maestro y arma un organigrama: te tomará solo una hora. Así podrás seguir de cerca sus tareas.
No lo atosigues, pero no lo dejes solo. Cuando comience a hacer tareas en el tiempo diario previsto, intenta estar cerca para que te pregunte lo que sea. Pero no estés encima. Debes dejar que tome confianza en sí mismo y que sepa que sólo puede resolver las cosas.

Quita el televisor de la habitación. Es importante que tu hijo sepa que hay un sitio para ver televisión y otro para estudiar. No pongas un aparato en su cuarto, ni permitas que haga tareas mientras mira programas.

No dejes todo librado a la tecnología. La computadora e Internet pueden servir para buscar contenidos, pero no dejes que saque todo de allí. Enséñale a buscar en libros, a marcar las páginas y a buscar en el papel. Esto lo ayudará a memorizar lo que estudia.

Pídele orden. Antes de que salga a jugar, dile que debe dejar ordenados los materiales. Los libros en la biblioteca, el papel en el escritorio y los lápices guardados. Debe sentir que terminó completamente la tarea antes de pasar a otra cosa.

Hazle de rutinas. La rutina puede parecer aburrida, pero en la educación hace maravillas. No hagas planes durante la semana que alteren su ritmo de estudio. Ya verás que si tiene una rutina, con media hora diaria estará completamente al día con las tareas.

Si quieres que él se ordene, no se lo digas con mala cara: la regla número uno para que un chico encare bien el estudio es que lo haga con alegría. "Mi consejo número uno para los padres es ser positivos", dice Ron Clark, maestro, fundador de una academia de estudios y autor de varios libros sobre educación.

No tenemos que olvidar que nosotros somos los que damos el ánimo con el que retomarán las clases", afirma Clark. Por eso, no te lo tomes como una tarea maratónica. Más bien, llévalo a comprar los materiales y enséñale a ordenarlos como si se tratara de un juego. Déjalo que elija, que se entusiasme con los cuadernos, que te pida. Es importante que te comprometas con su estudio. No vayas a la escuela cinco minutos antes, o sólo cuando te llaman a reuniones, porque entonces no sabrás si tu hijo está cumpliendo con el plan anual. Una buena idea es ir a hablar con los maestros para saber qué les enseñarán de aquí a fin de año: si toca la Guerra Civil, alquílale películas sobre el tema, si le explicarán las fracciones, inventa algún juego con el que pueda practicarlas. Según Clark, puede que el maestro no te guste, pero nunca debes hablar mal de él delante de tu hijo, porque entonces no se tomará el estudio en serio. "Si hablas mal, tu hijo no lo respetará y la situación se tornará cada vez peor", explica. Además de inculcarle alegría y respeto por el maestro como primeros pasos, tienes que lograr que el niño comprenda que la educación es su compromiso principal. Nunca lo dejes ausentarse o hagas que falte para otras citas como cortarse el pelo o ir a visitar a algún pariente. "Si haces eso", explica Clark, "estás enviando mensajes contradictorios".

Fuente: aportaciones web



Gisela Valera. Psicopedagoga
Md.Ed en Educ. Cognitiva

¿Sabes aprender? Sí ¿Sabes cómo aprender? Lamentablemente NO

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Os invito a leer el artículo de Julio 2009 publicado por JAVIER MARTINEZ ALDANONDO.

Os destaco en el texto, las ideas que encuentro fundamentales:
  • en color VERDE los "análisis-de-la-realidad", que son las "pistas" para "DESPERTAR"
  • en color NARANJA las "pistas" importantes para ACTUAR y AVANZAR
Javier es un gran profesional, experto en gestión del conocimiento, a quien admiro profundamente y de quien aprendo siempre, porque me sirve de inspiración para nuevos proyectos y porque me aporta nuevas ideas y matices. Cuando parece que "ya está todo dicho", escribe un nuevo artículo aportando MÁS.

¡Que lo disfrutéis!

Lolita.


¿Sabes aprender? Si. ¿Sabes cómo aprendes? Lamentablemente NO

Javier Martínez Aldanondo (jmartinez@catenaria.cl)
Gerente de Gestión del Conocimiento de Catenaria
NEWSLETTER (donde acceder a otros artículos)

"Educación es lo que queda después de olvidar lo que se ha aprendido en la escuela".
Albert Einstein.

Os propongo que hagáis el siguiente experimento: Preguntad a la gente de vuestro entono que os digan "cómo se aprende". No sólo vais a recibir una gran variedad de respuestas, sino que la mayor parte de ellas serán vagas e imprecisas.

¿Sabéis por qué tenemos tantos problemas con la educación de nuestros niños y jóvenes y con la formación de los trabajadores? La respuesta es muy fácil: Porqué los responsables de diseñar la educación/formación no tienen apenas idea acerca de cómo aprenden las personas realmente.

¿Y estas mismas personas saben aprender? Indudablemente, de no ser así nunca habrían sido capaces, por ejemplo, de caminar, hablar y desarrollar el resto de habilidades necesarias para operar en el mundo y que les han permitido progresar exitosamente.

¿Es posible saber aprender pero no saber cómo se aprende? Desde luego. Esta paradoja explica la gran cantidad de cosas que sabemos hacer pero que al mismo tiempo somos incapaces de explicar cómo las hacemos. Y eso ocurre porque el conocimiento es inconsciente y en cierta forma traicionero, lo tienes pero no sabes que lo tienes, parece como si no quisiera ser descubierto. Por ejemplo, lo más probable es que la mayoría de personas que están leyendo estas líneas sepan andar en bici y obviamente hablar. Sin embargo, si les pido que anoten en un papel como andan en bici y como hablan, les costará un gran esfuerzo hacerlo y el resultado de lo que escriban será muy pobre comparado con su capacidad de andar en bici o hablar. Y si yo entrego esos textos a alguien que no sabe ni andar en bici ni hablar, no le va a servir absolutamente de nada.

Sabemos mucho más que lo que somos capaces de explicar. Lo que ocurre es que saber hacer algo no significa saber cómo se hace y, menos aun, saber cómo enseñar a otros a hacerlo. Necesitas ser consciente de lo que sabes y de cómo ocurre eso que sabes.

Analicemos las 2 partes de la paradoja:

1. Saber aprender:

Como vimos en la columna anterior, si estás vivo significa que sabes aprender. En realidad, no te queda más remedio que saber aprender porque lo necesitaste para crecer. Se trata de un acto involuntario. Todos los seres vivos saben aprender y, obviamente, no necesitaron hacer curso alguno para ello. La forma más evidente de contemplar a un ser humano en pleno proceso de aprendizaje ocurre cuando eres padre y observas a tus hijos pequeños. ¿Cómo es posible que sepan hablar sin haber recibido clases ni ser capaces de definir lo que significan las palabras que usan, sin saber gramática, sin distinguir un verbo de un sustantivo o de un pasado pluscuamperfecto?

Contaré una historia gastronómica (para no repetir la de las llaves en Córdoba) que demuestra que las personas saben aprender perfectamente, lo hacen a cada instante y desde luego, sin darse cuenta.

Imaginad que invito a un amigo mío que vive en la selva a comer en un Mc Donalds. Mi amigo sabe lo que es un restaurant pero se fue a la selva hace ya tantos años que jamás ha puesto sus pies en uno de comida rápida. Tanto él como yo tenemos objetivos (inconscientes) como saciar el hambre, disfrutar de una conversación agradable, pasar un buen rato poniéndonos al día de nuestras respectivas vidas, etc. Para alcanzar esos objetivos, mi amigo y yo nos trazamos un plan (inconsciente de nuevo, como pasar a buscar a mi amigo a su hotel, conducir hasta el Mc Donalds, comer, etc.) lo que genera que tengamos expectativas de cómo van a suceder las cosas (inconscientes una vez más, como que mi amigo estará en el hotel, el Mc Donalds estará abierto, etc). Una vez comenzamos a ejecutar el plan, algunas de las predicciones que se había hecho mi amigo empiezan a fallar. Cuando entramos en el Mc Donalds, mi amigo queda desorientado porque nadie le recibe en la puerta, ni le lleva a una mesa, ni le trae la carta, ni le recomienda un vino … Al contrario, tiene que hacer la cola de pie, descifrar el limitado menú en un confuso letrero, pagar antes de comer, llevarse él su comida y recogerla al finalizar, comer sin cubiertos … No entiende nada, sus expectativas han sido bruscamente destruidas por una realidad que desconocía. Y en ese instante, se desata un proceso imparable para tratar de entender qué está pasando. Ese proceso se llama APRENDER y se dispara una vez que te equivocaste (tus expectativas fallaron) y tratas de explicarte por qué (reflexión). Obviamente, mi amigo pronto llega a la conclusión de que existe un tipo de restaurantes nuevo lo que le obliga a actualizar y corregir la "teoría" que tenía sobre los restaurantes e incluir una nueva "categoría" (los de comida rápida) y almacenar esta nueva experiencia en su memoria. Sin embargo, el proceso de aprendizaje no está concluido y no lo estará hasta la siguiente ocasión en que pise un Burger King por ejemplo. Si le vuelve a suceder lo mismo, mi amigo simplemente no aprendió. Pero si en ese momento recuerda cómo ocurren las cosas en ese tipo de restaurantes (su experiencia anterior en Mc Donalds), actúa acorde a ello y sus expectativas se cumplen, significa que aprendió. Por esa razón, aprender significa acumular experiencias reutilizables en el futuro.

Como en el caso de mis hijos, para aprender no es imprescindible sentarse en un aula, que haya cursos, clases, asignaturas, profesores, exámenes, notas y todo ese ritual artificial que hemos sufrido (y siguen sufriendo) durante tanto tiempo.

Parece evidente que hasta que no haces no puedes decir que sabes. Lo malo es que no es suficiente porque sigues sin saber cómo lo haces.

2. Saber cómo se aprende:

A muy grandes rasgos, y conceptualizando el ejemplo del Mc Donalds, así ocurre el proceso de aprender

a. El aprendizaje empieza con un Objetivo. Para aprender necesitas tener objetivos que alcanzar, sobre todo, objetivos que te importan mucho y te importan a ti y no a otros. A esto se le llama también motivación que es la energía que mueve el aprendizaje. Satisfacer al profesor o sacar buenas notas no son ejemplos de objetivos que te importen demasiado. Saciar el hambre y pasar un rato con tu mejor amigo si lo son. Aprender es un medio para alcanzar un fin, la clave es tener claro desde el principio cuál es ese fin que le interesa al alumno al que quiero enseñar.

b. El aprendizaje empieza cuando fallan las Expectativas (error). Las personas nos trazamos planes para alcanzar esos objetivos. Cuando dichos planes fallan y no se cumplen nuestras expectativas (para mi amigo, el mundo funciona al revés en el Mc Donalds) se abre la ventana dónde estás preparado para aprender. Provocar el error es una estrategia crítica para aprender.

c. Aprender depende de Recordar. Si hoy no eres capaz de recordar cosas que supuestamente "aprendiste" años atrás, no te engañes, simplemente no las aprendiste. Si la siguiente vez que mi amigo pise un local de fast food, vuelve a tropezar en la misma piedra, significa que no aprendió. Por suerte, las personas gozamos de mentes inteligentes que nos dicen qué hacer en cada momento a partir de las experiencias que vamos acumulando.

La conclusión es que para aprender necesitas motivación, necesitas tiempo y sobre todo necesitas mucha Práctica. Sin práctica, no hay aprendizaje posible. Si la vida consiste en hacer cosas, entonces aprender tiene que consistir en hacer, ojala, esas mismas cosas, una y otra vez hasta que se vuelvan inconscientes y no seas siquiera capaz de explicar cómo las haces. Si se aprende haciendo, entonces cualquier experiencia de aprendizaje (curso, taller, seminario, etc.) tiene que consistir en hacer y no en mirar, ni escuchar o leer.

De esta manera es como hemos aprendido casi todo lo que sabemos: Nos interesa algo, tratamos de obtenerlo, fracasamos en el intento, intentamos entender por qué, corregimos nuestro plan, lo intentamos de nuevo hasta que finalmente lo obtenemos. Comparad este ciclo con lo que ocurre en cualquier proceso educativo formal. Todo parecido con la realidad, es pura coincidencia.

Nada de esto es ninguna novedad. Aristóteles (384 - 322 AC) afirmaba "Lo que tenemos que aprender lo aprendemos haciendo". Sin embargo, la gran mayoría de los habitantes del planeta parece ignorarlo porque abraza fervientemente un modelo totalmente contrario que consiste en que:

  • El lugar para aprender es un aula (del colegio, la universidad o la empresa). Bajo esa premisa, la formación en las empresas copia el modelo del colegio.
  • Para que ocurra aprendizaje tiene que haber un profesor.
  • Para que ocurra aprendizaje tiene que haber un contenido (asignatura).
  • Cuanto más sabe y más habla el profesor, mucho mejor.
  • El rol del alumno es escuchar, tomar notas e interrumpir lo menos posible.
  • Aprender significa estudiar.
  • Para verificar si aprendiste hay que hacer un test o un examen (casi siempre teórico).
  • Si sacaste buenas notas en el examen, podemos estar seguros de que aprendiste.

No podemos permitirnos que quienes gestionan, diseñan e imparten la educación no sepan cómo se aprende.

Resulta inconcebible, que los seres humanos seamos verdaderas máquinas de aprender y al mismo tiempo, cuanto tenemos que decidir cómo educar a nuestros semejantes (posiblemente el acto humano más importante que existe) hagamos justo lo contrario. Mientras los responsables de formación de las empresas sigan diseñando o comprando programas y cursos sin tener esta máxima bien presente, seguirán tirando el dinero. Mientras no seas consciente de cómo se aprende, estás inhabilitado para gestionar y diseñar programas, curriculums o cualquier experiencia de aprendizaje. Es demasiado peligroso dejar la educación y la formación en manos de gente que no comprende cómo aprenden las personas. Mientras ese contrasentido siga vivo, lo que tendremos no podrá ser sino la consecuencia y el reflejo de esa triste realidad.

El 26 de agosto de 2009 reflexionaremos precisamente sobre trazarse Objetivos y Aprender lo necesario para alcanzarlos en el marco del Taller de Apertura del congreso Percade La Araucana http://portal.laaraucana.cl/wps/wcm/connect/La%20Araucana/araucana/campanas/percade_2009

"No basta con saber, hay que querer. No basta con querer, hay que hacer". Goethe.

¿Qué queremos decir cuándo hablamos de aprender a aprender?

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Un muy comentado informe de la UNESCO llamado “Los pilares de la educación del futuro” nos invita a los docentes a practicar tres principios para mejorar la calidad educativa. Estos pilares son el aprender a aprender, aprender a vivir con otro y aprender a hacer.

En la observación de las aulas de distintos niveles educativos me pregunto si después de algún tiempo de difundido estos principios realmente la educación implementó estos cambios y si logramos una mejora en las prácticas.

En este artículo me referiré al objetivo de la educación permanente de aprender el oficio de aprender. Con esto nos referimos a que nuestros alumnos logren aprendizajes significativos y no mecánicos ni memorísticos. Todos los que llevamos años en la educación vemos fracasar alumnos en evaluaciones orales o escritas que han estudiado de memoria y se esfuerzan por reproducir textualmente al autor y muchas veces al producirse una alteración en el clima del aula, o en lo emocional subjetivo, el alumno pierde el hilo de lo que estaba desarrollando, se le produce una laguna mental y no puede seguir con su producción. Esto lo lleva irremediablemente a no aprobar dicha evaluación y lo que es más importante aún no haber aprendido realmente lo que debía aprender.

¿Qué queremos decir cuándo hablamos de aprender a aprender?

Según la definición de Gaskins y Elliot, el aprendizaje “es un proceso socialmente mediado, basado en el conocimiento, que exige un compromiso activo por parte del estudiante y que tiene como resultado un cambio en la comprensión”.

Por que decimos que es social y mediado, pues, para aprender lo nuevo lo tenemos que relacionar con los saberes que ya tenemos y es más fácil realizar esto si lo hacemos interactuando con los otros. Con esto queremos significar que el docente debe favorecer momentos de relación e intercambio entre sus alumnos al interior del salón de clases.

Por que decimos que el aprendizaje debe basarse en conocimientos activos. Para lograr esto debemos partir de los saberes previos, para así ir incorporando lo nuevo. El docente debe ingeniárselas para favorecer en el alumno, la relación de lo “nuevo” con lo “viejo” en forma creativa.

Por que decimos que el alumno debe comprometerse a aprender. El desafío del docente es hacer interesante la propuesta de temas a trabajar para incentivar y lograr así que el alumno se motive.

Por que decimos que el alumno debe lograr un cambio en la comprensión; esto no solo significa tener información sino poder operar con ella. El desafío del docente es pensar actividades donde el alumno pueda explicar con sus propias palabras, ejemplificar, aplicar a otras situaciones, justificar, comparar, contextualizar, generalizar.

Si los docentes tenemos en cuenta lo anteriormente desarrollado, favoreceremos en nuestros alumnos la adquisición de aprendizajes significativos.

Todo aprendizaje se convierte en significativo cuándo el docente estructura lógicamente el contenido a enseñar de forma que el alumno pueda partir de lo más simple para llegar a lo más complejo y así se puedan jerarquicen los contenidos o temas.

Otra condición para que se de el aprendizaje significativo es que el alumno pueda incorporar y relacionar lo nuevo con lo ya aprendido, a su vez hay que favorecer la motivación para que realmente se tenga deseos de aprender y que sus aprendizajes se guarden y archiven en una memoria a largo plazo que pueda activarse y transformarse en la aplicación de situaciones nuevas.

Esto último llamado funcionalidad, es importante para que lo que se aprendió no sirva solo al momento de ser evaluado en la escuela sino que quede fijado en la memoria a largo plazo y pueda servir para la vida en cualquier momento que lo necesitemos.

A veces se producen obstáculos para el logro de algunas de estas condiciones que describimos como esenciales para los aprendizajes significativos. Algunos de ellos tienen que ver con situaciones del contexto socio cultural donde se desarrolla y aprende el sujeto o sea, son externas al alumno pero influyen en él y otros factores tienen que ver con situaciones internas o intrínsecas del sujeto tanto desde el orden psicológico como neuropsicológico.

Algunos de los impedimentos para que el alumno “aprenda” adecuadamente son:

- un contexto socio cultural desfavorable tanto desde lo familiar como desde lo escolar o cultural.

- una etapa de la vida conflictiva como lo es la adolescencia.

- fallas o trastornos orgánicos como lo son los problemas auditivos, motores o visuales, disfunciones cerebrales, disminuidos intelectuales, etc.

-dificultades socio- emocionales como lo son la baja autoestima,

la vergüenza, desinterés, baja tolerancia a la frustración, etc.

También es importante que el alumno utilice las llamadas “estrategias de aprendizaje”.

Las estrategias de aprendizaje son todos aquellos procesos que el alumno necesita poner en juego a la hora de resolver una determinada situación problemática o “conflicto cognitivo”.

Las estrategias de aprendizaje pueden ser de tipo cognitivo o metacognitivo.

Las estrategias cognitivas consisten en prestar atención y seleccionar la información que tiene que ver con las posibilidades de ingresar y buscar la información para luego trabajar con ella. Cuando fallan estos procedimientos nos encontramos con dificultades de aprendizaje que pueden tener su origen en problemas de vista, oído o problemas con la atención como lo es el síndrome de déficit atencional. El alumno tiene problemas en torno a lo que la Psicología Cognitiva llama memoria y atención sensorial, esto es muy importante para que se den buenos aprendizajes porque lo sensorial es lo que nos permite en primera instancia ingresar al área cerebral los elementos con los cuáles tenemos que trabajar para aprender.

En segundo lugar otras estrategias cognitivas tienen que ver con el procesamiento de la información, acá el sujeto tiene que tener posibilidades de procesar, organizar y estructurar la información para resolver los problemas cognitivos que se le presenta en la escuela. Cuándo hay problemas en algunas de estas funciones cognitivas nos encontramos ante dificultades que pueden ser de lectura comprensiva, inferencias o deducciones lógicas, fallas en la memoria a largo plazo, olvido de saberes adquiridos anteriormente, o cuándo el sujeto no ha desarrollado las estructuras cognitivas acordes a los aprendizajes que el nivel educativo le exige.

En tercer y último lugar hay estrategias que tienen que ver con la forma en que se comunican los resultados del pensamiento y el aprendizaje. Si un alumno realmente aprendió, tiene que poder expresarlo en forma verbal, escrita o gráfica.

Cuándo hay fallas en estas funciones cognitivas, el alumno tiene dificultades en la expresión oral o escrita, inhibiciones orales, nerviosismo, fobias sociales, desprolijidad en la presentación de trabajos escritos, dificultades desde lo motriz que lo llevan a tener problemas en la realización de los grafismos, el dibujo, o la práctica de algún deporte.

En síntesis, un alumno para aprender debe poner en juego múltiples capacidades para realizar el trabajo o tarea escolar que consiste fundamentalmente en organizarse, comunicarse e intercambiar con otros compañeros, realizar búsqueda de información, poder asimilar y seleccionar esa información, lograr tener una actitud crítica y comprensiva en el análisis de esa información, ser creativo y poder comunicar el resultado de sus aprendizajes de forma tal que tanto el docente como sus compañeros puedan comprenderlo.

Las estrategias metacognitivas, significan tener “conocimiento acerca del conocimiento”.

Solo cuándo se piensa en la forma en que pensamos estamos en condiciones de mejorar nuestro propio proceso de aprendizaje.

Es importante que cada alumno tome conciencia de sus propios procesos de aprendizaje. Esto influye en como el alumno planifica sus estudios, como lo ejercita y como se prepara para ser evaluado.

Como docentes tenemos que llevar al alumno a que piense en cuánto a las funciones en que pone en juego cuándo realiza la tarea, a que reflexione sobre sus creencias, valores, actitudes personales, la utilidad de esos aprendizajes que debe incorporar.

Algunos sencillos recursos para lograr mejoras en el rendimiento escolar pueden ser el que los sujetos estudien con algún par, el pedir ayuda a un mayor que esté con condiciones de apoyarlo, buscar compañeros para la realización de la tarea escolar, buscar el tiempo adecuado para los estudios, buscar lugares o espacios tranquilos donde no se vea perturbada su capacidad de atención y concentración.

Por último cada alumno tiene un estilo propio y particular de asumir su proceso de aprendizaje que los adultos tenemos que captar y respetar.

Las características de los estilos son el reconocer la influencia del contexto socio cultural, la influencia de factores cognitivos y afectivos en el aprender, lograr el conocimiento de uno mismo y la forma de relacionarnos con los otros.

Los estilos de aprendizaje son:

- Activo: Su característica es la de ser creativo, espontáneo y renovador. Es voluntarioso y participativo. Muchas veces son líderes y protagonistas.

- Reflexivo: Su característica es la de ser observador, analítico, detallista. Es prudente, distante, registra, investiga, redacta informes.

- Teórico: Su característica es buscar hipótesis, el ser teórico, objetivo, razonador, perfeccionista, ordenado.

- Pragmático: Su característica principal es el ser práctico, directo, realista, eficaz, planificador. Trata de solucionar problemas y aplicar lo aprendido.

Por Lic. Edith Beatriz Burgos

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