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Enuresis infantil

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         Dentro de los 5 primeros años debe ocurrir el control voluntario de la orina desde un punto de vista fisiológico. Entre 1 y 2 años el niño tiene conciencia de que su vejiga está llena y es capaz de comunicar su capacidad de orinar. Hacia los 3 años aparece la capacidad de retener y posponer la orina por unos minutos cuando la vejiga está llena. Hay un incremento regular de la capacidad de la vejiga, se establece el control diurno y el niño suele ir al aseo por sí mismo. Entre 4 y 5 años el niño es capaz de vaciar la vejiga cualquiera que sea el nivel de llenado de esta y previamente a esto el niño es capaz de comenzar y terminar el chorro de orina a mitad de la micción. El control nocturno se adquiere más tarde que el diurno y la mayoría de los niños no lo consiguen hasta los 4‑5 años. Las edades dadas son estimaciones medias.

Mi hijo tiene TDA-H. ¿Qué puedo hacer como padre?

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El TDA-H es el trastorno de neurodesarrollo que en el campo de la salud mental, más a menudo se diagnostica, pero generalmente su diagnóstico tarda en detectarse en promedio 1.9 años, mientras que apenas 3 % de los pacientes recibe un tratamiento adecuado. Es una situación de inadaptación o desajuste a las exigencias del medio social a partir de una condición congénita y que al mismo tiempo se encuentra bajo la influencia del entorno social de referencia.

Desde el punto de vista cuantitativo, no es un problema de todo o nada, sino de grados y esto influye en las muy diversas formas en las que pueden expresarse los síntomas. Pueden aparecer diferentes perfiles dentro del mismo trastorno. Los síntomas aparecen en cualquier lugar, todos los días y en cualquier momento. Se caracteriza principalmente por una dificultad para mantener y regular la atención, y/o una actividad motora excesiva y un déficit de reflexibilidad.
El TDA-H se considera que no es una falta de capacidad, sino un desorden del desempeño. Es un trastorno sobre el “cómo hacer lo que se sabe” no sobre “el saber hacer”. No consiste en carecer de conocimientos o habilidades, sino carecer de las capacidades para organizar las actividades y llevarlas a feliz término.
Los niños y adolescentes con TDA-H tienen dificultades para beneficiarse de experiencias pasadas, no parecen ser capaces de esperar la gratificación y estar evaluando lo que les está pasando; tienen dificultad para regular las emociones, para crear y mantener la motivación, son menos capaces de usar el lenguaje para controlar su conducta y tienen dificultad para encontrar soluciones a sus problemas entre otros síntomas. Por lo mismo el medio ambiente, no es un invitado ocasional en este escenario, sino un participante activo y permanente, ya que los síntomas son variables y de aparición situacional, por lo que merecen una comprensión específica por parte del entorno.
Para los padres, siempre resulta una preocupación qué tan grave están presentándose los síntomas en su hijo. Deben entender que la gravedad de los síntomas, va a estar determinada por la magnitud en que estos impactan el desempeño en su vida cotidiana, en los diferentes ambientes: la familia, la escuela, el grupo de pares y la estabilidad personal. La familia y la escuela, son los ámbitos sociales que reciben el impacto cotidiano y los comportamientos sintomáticos del TDA-H en cualquier edad.
La familia constituye el primer entorno social de referencia en el que se desenvuelve el niño. Cumple un rol decisivo a la hora de diseñar formas de vivir, de lograr éxitos o sufrir fracasos, avanzar o desviarse del camino, desarrollar o inhibir el desarrollo. Debe tomar en cuenta que las formas tradicionales de educar y aprender, no siempre funcionan cuando un niño tiene TDA-H. El TDA-H no se controla a voluntad, ni porque le repitamos muchas veces al niño o adolescente que debe hacerlo. Deben aprender nuevos hábitos y requieren de la ayuda y el apoyo de sus padres.
¿Qué características debe tener esa ayuda? En principio la ayuda va a estar dirigida a la disminución de los síntomas. Es necesario diferenciar a la persona de sus comportamientos sintomáticos y de sus comportamientos inadecuados. Los padres deben acompañar a los hijos sin condición, ya que la naturaleza de los síntomas, hará que aún controlando el ambiente, persistan en cierta medida sus manifestaciones. Implica un ajuste continuo del tipo de ayudas, a las dificultades que se presentan y a los progresos que se van realizando en su desempeño conductual y se van retirando de forma progresiva a medida que el niño o adolescente va asumiendo una mejor autonomía y control sobre su conducta.
¿Cómo realizar este acompañamiento?
 Mantenga expectativas realistas: Ajuste sus expectativas. Negar los síntomas del TDA-H, no protege al niño de las dificultades en la escuela, el rechazo social y los problemas de conducta, solo le impide recibir la ayuda adecuada. Vean el problema del hijo como un reto hacia el crecimiento familiar y movilicen las redes de apoyo social, en casa y fuera de ella. Si bien es cierto que no pueden controlar el hecho de que tiene TDA-H, sí pueden controlar la manera como se manifiestan los síntomas y cuáles son las ayudas que su hijo necesita. Tener expectativas realistas hacen que no se esperen cambios unilaterales y de forma rápida y se mantenga un buen nivel de tolerancia ante sus dificultades.. Los cambios son graduales, dependen del esfuerzo de todos y se dan en áreas específicas, más que globales.
 Regulación del ambiente en casa: El estudiante con TDA-H precisa más estructura y organización, más frecuencia en las consecuencias positivas y mayor inmediatez de estas, más consistencia en las consecuencias negativas, reajustes especiales para el desarrollo de sus actividades. Aprender nuevos hábitos requiere de un orden en casa, rutinas claras, estructura, organización, asignación de responsabilidades y muy en especial modelamiento de las conductas por los padres y sistemas de referencia. Además resulta necesario el establecimiento de un sistema de consecuencias, tanto positivas como negativas. Pero sobre todo, consistencia y unidad de acción de los padres. El éxito del trabajo de la familia consiste en enfocar la mirada a las soluciones más que a los problemas, adoptando una actitud de cooperación. No perder de vista que la solución tiene que ver con las alianzas que se establezcan.
 Ayudar a los procesos de autorregulación: Proporcionar las consecuencias a la conducta de forma inmediata y con mayor frecuencia de lo habitual. Las consecuencias inmediatas, breves, consistentes, evidentes, parecen ser las más efectivas. Es necesario mantener las consecuencias negativas de forma proporcionadas a las positivas, aplicando un plazo razonable antes de utilizar las primeras. Ignore comportamientos menores. Su desequilibrio frente a las consecuencias positivas, hará que estas pierdan valor como refuerzo y que el niño se habitúe al castigo y deje de ser eficaz. Las consecuencias negativas deben acompañarse de la enseñanza y refuerzo de las conductas alternativas. Evitar aplicar los refuerzos negativos de forma encadenada creando de una situación de castigo un motivo más para un nuevo castigo. Cambiar los refuerzos con frecuencia, sobre todo los positivos, para que no pierdan efecto. Diseñar un menú rotatorio que permita su cambio de frecuencia sin agotar alternativas. La retirada de un refuerzo positivo suele ser más eficaz que la administración de una consecuencia negativa. Anticipación a la conducta del niño, recordarle periódicamente las normas y los objetivos y hacer que participe de esta repetición.
 Utilización de reforzamientos: Reforzar utilizando cosas tangibles, objetos, premios, etc. Recompensar permitiendo actividades, juegos, salidas, etc. Administrar reforzadores sociales y afectivos en forma de reconocimientos, abrazos, gestos positivo. Entrenar en la aplicación de autoreforzadores.
 Desarrollar habilidades sociales. La familia es un entorno social por excelencia y es donde se inicia el desarrollo de las habilidades sociales en el niño. Es necesario modelar y practicar las habilidades en casa: (mirar a la persona que habla, escuchar, ponerse en el lugar del otro, esperar turnos, tolerancia, dar y recibir ayuda, hacer cumplidos, no agredir, negociar. La familia debe reforzar el reforzar el diálogo y la participación de todos y con todos. Aprovechar todas las posibilidades de intercambios sociales y hacer al niño un participante activo en las diferentes formas de interacciones sociales.
 Enfocarse en sus áreas de competencias y talentos: Observe qué pueden hacer bien.Trate de que ellos identifiquen estas fortalezas. Nunca podrán trabajar para resolver sus dificultades sin conocer para qué son buenos. Refuerce esta idea ante la comunidad y el resto de la familia. Centre el trabajo en estas fortalezas para influir y modificar sus debilidades.
Los padres no deben olvidar, que cuando como familias nos sentimos solos en la labor educativa, ello nos puede llevar a la exclusión y/o la negación y cualquiera de estos sentimientos paralizan su acción en función de la ayuda a sus hijos. No deben perder de vista lo necesarias que resultan su presencia y su colaboración y también la importancia de su actitud en todo el proceso de ayuda.
Necesitamos convencer a todos los individuos y estamentos implicados en la educación y la salud mental, de la indiscutible realidad del TDA-H y de sus perjudiciales efectos sobre los individuos, su familia y la sociedad en general. El TDAH tiene carácter crónico, es variable y se manifiesta de diferente manera según la edad, por lo tanto habrá épocas buenas y malas. No se debe abandonar el tratamiento, se deberá revisar y ajustar a las necesidades de cada época.
Tu hijo necesita de ti, no olvides ser un “Adulto Carismático” para tu hijo. La premisa: Conocer el problema. Acompañar. No agotar opciones. Crear resistencias.


Libros recomendados

Orientaciones escolares para el abordaje de los problemas de conducta

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En un artículo reciente os hacia participes de los principales aspectos a tener en cuenta en el momento de elaborar un plan de trabajo conductual con un/a alumn@, en este artículo os presento las orientaciones que considero más oportunas para que el desarrollo de este plan resulte exitoso, siendo para ello necesario que todo el profesorado se vincule con él.
Las orientaciones más importantes, bajo mi criterio, para el abordaje de la conducta son las siguientes:
  • Tener unas expectativas ajustadas de las necesidades del alumno.
  • Definir la situación: Explicar al alumno que sabemos qué le sucede, manifestarle afecto y apoyo y, a continuación, dejar muy claras cuáles son las expectativas que tenemos de su comportamiento. Explicar con claridad y explícitamente lo qué tiene que hacer y no sólo, lo que no tiene que hacer. Las instrucciones tienen que ser claras y concretas, no son válidas afirmaciones como "Te tienes que portar bien", las tenemos que sustituir por mensajes concretos como "Para levantarte de la mesa tienes que pedir permiso al profesor"; "Si te enfadas con un compañero se lo tienes que explicar al profesor"; "No tienes que insultar a los compañeros"; ...
  • Introducir objetivos positivos: “Conseguir permanecer durante toda la clase trabajando”, “no faltar al respeto a los compañeros en clase” Deben ser siempre objetivos fáciles de conseguir, con la finalidad de motivarlo e ir aumentando la exigencia.
    Establecer las medidas correctivas de forma inmediata a la conducta, procurar no dejar pasar un tiempo excesivo entre la conducta y la respuesta a ésta. En caso contrario el alumno pierde el vínculo entre aquello realizado y su consecuencia más o menos natural.
  • Reforzar los comportamientos adecuados.
  • Buscar soluciones en lugar de culpables.
  • Dar más atención a las conductas positivas que a las negativas.
  • Potenciar la participación y la responsabilidad.
  • Recordar de manera breve, pero con cierta frecuencia, las normas que regulan el comportamiento general en clase.
  • Alabar de manera clara y específica las actuaciones correctas, eludiendo la utilización de frases hechas y generales.
  • No poner al alumno en evidencia delante de los compañeros, ni avergonzarlo. Ofrecerle apoyo y afecto.
  • Procurar un ambiente tranquilo y ordenado y sin demasiados cambios. Si los hay, anticiparlos porque la estabilidad los ayuda.
  • Dejar clara la relación que hay entre cada conducta y sus consecuencias.
  • Diferenciar entre el abordaje de una conducta inadecuada y la relación personal con el alumno (transmitir incondicionalidad en nuestra relación con el alumno). Es decir, una vez se ha realizado la consecuencia de su acto y mientras se aplica ésta, el mensaje que le tenemos que hacer entender es que esta consecuencia la aplicamos para que aprenda lo que tiene que hacer, perque creemos en él y en que lo podrá conseguir, aunque nos tenemos que mostrar firmes y decididos en la aplicación de las medidas disciplinarías. Al mismo tiempo, que reafirmamos nuestra confianza y estima en el alumn@.
  • Establecer con el/la alumn@, de forma individual, los objetivos relevantes y la forma para poder alcanzarlos.
  • Fomentar el vínculo personal con el/la alumn@, proponiendo hitos y ofreciendo propuestas para alcanzar éstos. (Esta tarea no tiene que recaer sólo en el preceptor del alumno, sino que también en el resto de profesorado que interviene con él, especialmente en las áreas en que se dan más dificultades conductuales).
  • En una situación conflictiva no entrar nunca en el juego, en todo momento tenemos que dirigir nosotr@s la intervención, procurando mostrar un carácter seguro y tranquilo, que transmita seguridad y guíe adecuadamente al alumn@.
  • Evitar, en la medida posible echarlo de clase.
Es importante tener en cuenta que de estas orientaciones se debe hacer participe a los padres y a las madres, puesto que si se procura una unicidad de criterio el desarrollo del plan siempre resultará más eficaz.

Abordaje escolar de los problemas de conducta, caminar hacia el cambio

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En la actualidad, los problemas de conducta en la escuela son cada vez más frecuentes y resulta obvio que en muchas ocasiones no sabemos como manejarlos, lo que provoca que estos se enquisten y que las dificultades conductuales vayan cada vez a más. En estos casos la consecuencia inevitable resulta la degradación del clima escolar y especialmente del aula en la que se presenta el conflicto, al mismo tiempo que el incremento de los problemas de conducta de un/a alumn@ en concreto también causan un deterioro importante de su desarrollo personal y social, ya que minan su autoestima y sus posibilidades de establecer relaciones personales positivas con aquell@s que l@ rodean.
Generalmente, lo que sucede tiene una forma de espiral, empezando desde pequeños problemas que cada vez van tomando una magnitud mayor, ante la reacción de cástigo constante y escasa aceptación que pueden causar est@s alumn@s en el profesorado. Y que de en forma de boomerang se vuelven en contra del profesorado al cambiar la percepción del alumn@ ante est@s.
Ante esta situación considero fundamental tener en cuenta estos 4 aspectos como claves para un abordaje lo más positivo posible de las dificultades conductuales de un/a alumn@, siempre en la búsqueda hacia un cambio positivo, lo que no implica que se deba dejar de utilizar la autoridad siempre que sea necesario. No obstante, la autoridad no está reñida con la afectividad.
Aquí os dejo estos puntos que considero claves:
  • El tutor/a precisa de una persona que pueda ejercer como segundo referente del alumn@ en cuanto a las dificultades conductuales que se puedan presentar. Este hecho presenta un doble objetivo:
    • 1º Que el tutor/a pueda compartir la responsabilidad con otra persona
    • 2º Que no recaiga todo el peso sancionador sobre el tutor/a, puesto que este debe tener también un papel muy importante en cuanto a la acogida y la función de guia del alumn@.
  • - Se hace necesaria la implicación de todos los agentes educativos que intervienen con el alumn@, tanto en el seguimiento de unas pautas de actuación concretas como en la complicidad con el/la tutor/a en el logro de los objetivos del alumno. Asimismo se considera necesario que el profesorado siga las siguientes indicaciones en términos generales:
    • Vigilar con el vocabulario y las valoraciones que se hacen del alumn@.
    • Evitar hablar de él/ella en momentos en que no’s está trabajando sobre el caso.
    • Estar atentos a la confidencialidad en la información que transmitimos sobre este/a alumn@.
  • Por otro lado, se hace necesaria la implicación de las familias del curso, especialmente a través de las familías más vinculadas con la escuela, tanto en la implicación de la familia del alumn@ en cuestión con la escuela, como en relación a los mensajes que se pueden transmitir sobre el niñ@, teniendo en cuenta que este tiene unas dificultades concretas para regular su conducta y que la escuela y los padres del alumn@ están poniendo las medidas oportunas y que resulta un reto para todos.
  • El papel de la familia resulta clave para el correcto desarrollo del programa, colaborando tanto en el seguimiento de los progresos del alumn@, como en el respaldo a las medidas disciplinarías que se puedan tomar en un momento determinado. En este sentido resulta muy importante la comunicación fluida entre escuela y familia.

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