El blog de los especialistas en psicología y pedagogía infantil y juvenil, aquí encontrarás artículos interesantes con orientaciones y reflexiones para padres y profesionales.
Pautas para organizar las tareas en casa
¿Cómo saber qué se le puede pedir a un niño de cierta edad? Siguiendo ésta breve guía nos podemos hacer una pequeña idea:
- Niños de 2 a 3 años. A esta edad los niños pueden ayudar a:
Tirar los papeles y envases al cubo de reciclaje.
Poner los juguetes dentro de su cesto.
Poner los libros en la estantería que está a su altura.
Poner alguna camiseta en el armario.
Dar las agujas para tender la ropa.
Después de comer dar el plato sucio para llevarlo a la “pica”.
Lo más importante es que se sientan útiles ayudando a los padres.
- Niños de 4 a 6 años. A esta edad pueden hacer las tareas anteriores y nos pueden ayudar a:
Guardar en el cajón una parte de su ropa doblada: calcetines, braguitas, calzoncillos,...
Acabar de hacer la cama: poner el cojín, guardar el pijama,...
Poner la mesa: llevar su plato, vaso y cubiertos.
Servirse una parte del desayuno: el cacao, coger las galletas,...
Poner su ropa sucia al cubo de la ropa sucia.
Ordenar los juguetes, la cartera, el abrigo,...
Después de comer, llevar el plato sucio a la pica, el vaso y los cubiertos (una cosa y luego la otra).
Sacar el polvo de los lugares a los que llega.
A estas edades se les ha de enseñar a hacer estas tareas, por lo que es necesario tener paciencia. De lo que se trata no es que lo hagan bien sino de que ayuden en las tareas de casa de manera divertida y amena para conseguir que estas pequeñas tareas, progresivamente, se vayan convirtiendo en hábitos y rutinas. Para conseguirlo es importante que el orden y la limpieza no sean un motivo de castigo ni de premio, sino como algo que se ha de hacer para ser más felices y encontrar las cosas con más facilidad.
- Niños de 7 a 10 años. A estas edades pueden hacer las tareas anteriores y nos pueden ayudar a:
Recoger la habitación y hacer la cama con ayuda.
Bajar la basura acompañado.
Ir a comprar pequeñas cosas y guardarlo.
Colaborar en pequeñas reparaciones: dar las herramientas,...
Prepararse el desayuno: servirse la leche, poner y sacar la mesa,...
Rallar el tomate, mezclar,...
Poner la ropa en la lavadora, ayudar a tender la ropa, doblarla, guardarla,...
Dejar el baño limpio y ordenado después de su uso.
- Chicos de 11 a 13 años. Todas las tareas anteriores y además pueden ayudar a:
Tirar la basura.
Colaborar en pequeñas tareas del hogar: coser un botón, poner una bombilla,...
Ir a comprar cosas concretas y guardarlo.
Recoger la habitación, ordenarla y limpiarla.
Lavar los platos, ordenar la cocina,...
Responsabilizarse de algunas de las tareas del ciclo de la ropa.
Participar en los turnos de limpieza de la casa.
Cocinar o preparar algunas de las comidas diarias.
- Adolescentes de 14 a 18 años. Todas las tareas anteriores y además, pueden ayudar a:
Participar en las tareas de ayuda y protección cuando algún miembro de la familia, por alguna razón, lo necesite.
Asumir plenamente tareas derivadas de la comida: poner y sacar la mesa, lavar los platos, bajar la basura, recoger la cocina,...
Hacer trabajos de casa: coser, pintar,...
Encargarse de alguna de las compras de la semana.
Como podemos observar, las tareas se han de ir complicando a medida que el niño crece. Si conseguimos, desde bien pequeños que realicen las tareas que pueden hacer por edad, de mayores las harán por rutina, favoreciendo así un orden y una organización que no solo beneficiará en casa sino también en su vida personal, académica y profesional.
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Hacia una independencia sana: normas y límites. Rabietas ¿qué hacer?
Basado en: http://www20.gencat.cat/docs/dasc/03Ambits%20tematics/03Families/08Usos%20i%20gestio%20del%20temps/compartim_el_temps/capsa_deines/documents/03.piramide%20de%20les%20tasques%20domestiques%20.pdf
Los adolescentes hoy: ¿Que piensan y que sienten?
La sociedad y la economía moderna están organizadas alrededor de una verdadera fiebre de consumo. Las compras ya no se basan en una satisfacción racional de las necesidades vitales, sino en los reclamos de la moda y de la publicidad.
Esta necesidad de consumo no abarca solo los alimentos, la bebida, la ropa, sino que se ha extendido a los sonidos, las imágenes, las sensaciones corporales más variadas: los medios de comunicación han fomentado una verdadera “adicción” a comprar y consumir. Se trata de una verdadera imposición irresistible, disfrazada de la seducción atractiva de la televisión y de la Internet.
Los jóvenes son el segmento privilegiado de esta estrategia comercial invasiva, porque se han convertido en el sector dinámicamente más consumista de la población.
Detrás de esta “enfermedad de consumo” se esconden carencias afectivas y sociales que son esquivadas con esta adicción consumista. El momentáneo placer de la compra o del consumo no puede aminorar la profunda angustia que viven muchos jóvenes y que atrae a conductas de riesgo social y personal.
Las necesidades sociales básicas de las personas deben ser satisfechas a través de la interacción con otros. Entre estas necesidades se encuentra el afecto, la aprobación, la pertenencia, la identidad y la seguridad. Una parte importante de los jóvenes no encuentra en los adultos y las instituciones el apoyo afectivo y social que necesitan.
“ME SIENTO MAL Y NO SÉ DE QUE”
Los adolescentes, como el conjunto de la población, viven una época caracterizada por la desilusión frente a instituciones y valores que en otro tiempo podían dar una seguridad.
Las frustradas esperanzas de progreso social y económico, la desilusión ante los aspectos negativos de la ciencia y de la técnica, la incertidumbre frente al “todo vale” del individualismo y de la competencia que predominan en la sociedad de hoy, aumentan el grado de desasosiego y malestar que acompaña los cambios de la etapa adolescente.
La “brecha” generacional entre los jóvenes y adultos se ha profundizado por el afianzamiento de las características de la subcultura juvenil por un lado, y por la nueva “brecha electrónica”, creada por la informática, la computación y la Internet.
Los nuevos medios de comunicación, producen una excitación y encantamiento pasajeros, acordes con la naturaleza acelerada y apasionada de la edad adolescente.
“GANAR DINERO O HACER LO QUE ME GUSTA”
Los cambios tecnológicos modificaron profundamente el campo del trabajo, especialmente en las profesiones más abiertas a estas transformaciones. Sin embargo, muchos jóvenes tienen todavía la tendencia a elegir carreras tradicionales “para sobrevivir”.
Perciben, con gran riesgo de error, que el éxito laboral va asociado a algunas profesiones que conservan cierto prestigio social.
Frente a las presiones de la familia y de su medio cultural, los jóvenes también sienten una necesidad imperiosa de independencia laboral, la influencia de las carreras de moda o el peso de las elecciones realizadas por sus amigos.
A esta confusión, que viene desde el exterior, se suma la confusión que proviene de su mundo interior, donde los procesos de identificación vocacional con figuras significativas se hace lento y difícil, dadas las características del proceso de logro de la identidad en la adolescencia.
Consecuentemente, para muchos jóvenes, la elección de una profesión y de un trabajo no es concebida como aporte a la transformación de la sociedad, sino como un ámbito de realización personal. Sin embargo, aún más importante es el ámbito de la propia libertad, que el joven no está dispuesto a sacrificar en el marco de un esfuerzo laboral devaluado por las fuerzas dominantes del mercado.
“ME SIENTO SOLO, NO TENGO A NADIE”
La situación de los jóvenes en estos días, está caracterizada por la disolución de los lazos sociales que en otros tiempos los contenían.
La familia es hoy mucho más inestable, los matrimonios duran menos, los padres “contienen” menos a sus hijos, están menos alerta a situaciones de riesgo que sus hijos viven fuera del hogar, o se sienten impotentes frente a los cambios culturales que se han ido acumulando.
El trabajo, que podría tener un valor de promoción y autorrealización, se convierte en muy problemático para los jóvenes. Son ellos los que están más expuestos al deséemelo, al empleo precario y a muchas otras condiciones desfavorables.
La educación que podría justificarse a los ojos de los jóvenes como “una inversión para el futuro”, está hoy bastante alejada de los intereses e inquietudes de los adolescentes. Comparten con el resto de la sociedad, la desvalorización del rol docente y los jóvenes encuentran dificultades para ser comprendidos por sus educadores.
También el ámbito de la política, aparece lejano: con el resto de la sociedad, los jóvenes están desencantados de los políticos y de la política. Todo esto hace disminuir el empuje de su compromiso social. No encuentran en los partidos un ámbito que los necesite y los represente.
“QUIERO QUE LOS ADULTOS SEAN COMO AMIGOS, EN QUIENES PUEDA CONFIAR”
Los jóvenes se preguntan: ¿por qué las relaciones entre adultos y adolescentes son tan difíciles?
La mayoría de los jóvenes sienten que pueden contar con algún tipo de apoyo afectivo y social por parte de sus padres.
En primer lugar es percibida la madre, como la que más se preocupa, apoya y alienta a los hijos. También son consideradas confiables en cuanto a la posibilidad de contarle secretos.
El rol paterno se percibe más desdibujado. Esta mayor lejanía del vínculo con le padre es percibida incluso por las chicas, que se sienten más apoyadas, en general, por ambos padres.
Esta situación, supone la necesidad de estimular la comunicación paterno- filiar y la importancia de la colaboración de los padres con la escuela. Al mismo tiempo, esto señala la mayor situación de riesgo para los varones, que con mayor frecuencia carecen del apoyo de los padres. La búsqueda de este apoyo en los amigos, que favorece la sana separación de los padres que debe lograrse en esta edad, no siempre garantiza localidad de un apoyo, que solamente podría provenir de una persona adulta y especialmente si es el padre o la madre.
En cuanto a los docentes, se percibe una variedad de situaciones, en algunos casos son vistos como fuente de apoyo, consejo y estímulo, mientras que en otros se los considera con una menor posibilidad de apoyo y ayuda. Sin embargo, dado el carácter de la escuela como transmisora de conocimientos, se sigue reconociendo la validez de algún tipo de ayuda informativa que pueda venir de la escuela y de los docentes.
“TODO ES MUY COMPLICADO, YO SOY MUY COMPLICADO”
Contrariamente a lo que podría suponerse, ser joven es abrirse a los ideales. Entre estos se destacan la felicidad, la belleza, la amistad.
Sin embargo, los jóvenes perciben que las adicciones y el SIDA son barreras que se interponen y que no son fáciles de sortear. Las experiencias placenteras van asociadas a riesgos reales, que perturban e incluso ponen en riesgo la vida de los adolescentes.
Por otra parte, nuestra época se caracteriza por una fuerte promoción y consumo del erotismo y de todo tipo de experiencias sexuales. Si bien las experiencias sexuales “golpean” a personas a cualquier edad, su impacto en los adolescentes no deja de ser mayor.
El lema del marketing televisivo y de la Internet podría resumirse en:”todo debe supeditarse al sexo”, que se ha convertido en el “gancho” vendedor de la mayor parte de los programas. Es sabido, también, que la parte económica más lucrativa de la Internet es precisamente la dedicada a la pornografía.
A pesar de este “bombardeo” informativo, los jóvenes tienen una idea muy vaga de lo que es la sexualidad y la vinculan al acto sexual. Varones y chicas tienen un conocimiento totalmente insuficiente de los órganos sexuales del otro sexo.
Tampoco son capaces de descubrir un modelo personal para ser hombres o mujeres que incluyan en forma integral la sexualidad y la afectividad. Les es difícil relacionar amor, enamoramiento y sexualidad.
Sienten necesidad de hablar de estos temas en la familia y en la escuela, pero no siempre consiguen realizarlo.

“CAMINANTE NO HAY CAMINO, SE HACE CAMINO AL ANDAR”
Los adolescentes tienen como metas elegir un trabajo, un amor, un estilo de vida.
Necesitan lograr una independencia sana y para ello deben separarse de sus iniciales objetos de amor infantil. Con cierta claridad perciben que su personalidad se construye desde adentro, en una tarea propia irrenunciable y desde afuera. El grado de apoyo que encuentren en ese afuera, en primer lugar, los padres, luego los amigos, los docentes, la sociedad, va a ser un indicador válido del logro de este proceso de identificación y autonomía, tan prolongado y complicado en la sociedad post-moderna.
De esta manera, los adultos se encuentran frente a los jóvenes en una situación muy difícil y también apasionante. No se trata de que el adolescente siga los mismos pasos que los adultos de su entorno sino que pueda vivenciar que hay caminos que él puede recorrer y que hay elecciones que tendrá que tomar. Por eso es importante desprenderse de los propios planteos y abrirse a un diálogo sincero y si es posible cordial, con el hijo. Es también lo que él necesita y espera.
Por Lic. Edith Beatriz Burgos y Lic. Martín Avanzo
Lo que los adolescentes esperan escuchar
A veces, intentar comunicarse con un adolescente en crisis es una de las tareas más difíciles.
Cinco mensajes que quieren oír ¿Los pronunciamos alguna vez?
¿De qué hablamos con nuestro hijo adolescente? Quizá, lo primero que se nos venga a la cabeza sean los gritos a causa de las notas o porque el fin de semana ha llegado más tarde de lo habitual a casa. A veces, intentar comunicarse con un adolescente en crisis es una de las tareas más difíciles.
Si nos descuidamos, nuestra relación puede reducirse peligrosamente a reconvenciones y críticas...
Y, sin embargo, nuestro hijo tiene unas necesidades especiales de comunicación: espera que tomemos la iniciativa.
A lo largo de las siguientes páginas describiremos en detalle los cinco mensajes que la mayoría de los adolescentes - nuestro hijo también - están deseando oír de nuestros labios. Sus necesidades especiales de comunicación requieren de nuestra parte una postura más activa.
ORGULLO
MENSAJE PRIMERO: "Estoy orgulloso de ti".
Con esta frase tan simple, ayudamos a construir la autoestima de nuestro hijo. Es probable que se la digamos cuando consigue algún éxito, pero un adolescente la necesita especialmente cuando falla. Estamos orgullosos de él porque es nuestro hijo... y no hacen falta más motivos. Y, sin embargo, muchos adolescentes de hoy en día pueden no tener la suerte de escuchar este mensaje a menudo.
Deberíamos estar orgullosos de nuestro hijo y reconocerle por lo que es y por los esfuerzos sinceros que hace por mejorar, sin compararle con otros y sin establecer metas arbitrarias como sacar todo sobresaliente, por ejemplo. Sentirse orgulloso de un hijo no debería de los puntos anotados en un partido de baloncesto, por ejemplo, ni de las notas conseguidas.
Puede que resulte difícil estar orgulloso de un hijo cuando toma decisiones equivocadas o cuando falla. Sin embargo, nunca, nunca, debemos permitir que se esfume el cariño. Cuando falle, no diremos: "no llegarás nunca a ninguna parte". Un simple descuido y cuatro o cinco palabras pueden llegar a herirle profundamente. En nuestro hijo adolescente hacen el efecto de: "estoy disgustado contigo como ser humano".
AQUÍ ESTOY
MENSAJE SEGUNDO.
"Puedes acudir a mi para que te haga falta; siempre estaré aquí para escucharte".
Un adolescente da mucha importancia a poder acudir a sus padres cuando existen problemas; aunque exista rebeldía, en los momentos difíciles necesita tener una seguridad: "mis padres están ahí". Sin embargo, si no le prestamos atención cuando lo está pasando mal, le estaremos dando una buena razón para que se las apañe por sí solo y busque consejo y ayuda en otros lugares.
Hay que escucharles, sin querer hablar y pontificar continuamente. Así, dejamos claro a nuestro hijo que: "Eres importante para mi", "me preocupo de las cosas en las que tú estás interesado", "me gusta escuchar tus ideas y opiniones". Escuchar con atención también estimula el deseo de hablar de los hijos. Se construye un ambiente de respeto y afecto mutuo.
COMPRENSIÓN
MENSAJE TERCERO: "Quiero comprenderte"
A veces, es frustrante ser padre. Continuamente oyendo los prejuicios de los quinceañeros que afirman que somos una generación antigua y que no les comprendemos... No hay duda; es difícil comunicarse con los adolescentes.
Muchas veces, cuando nuestro hijo nos acusa de que no le comprendemos es tan sólo una manera de defenderse.
Confunde "no comprender" con "no estar de acuerdo", por lo que no hemos de dejar que nos manipule. Si nos acusa de que no le comprendemos, hemos de decir a nuestro hijo que nos ayude: "Quiero comprenderte, cuéntame más, que sientes...".
Si tenemos la sospecha de que lo único que ocurre es que simplemente no estamos de acuerdo con él, podemos repetir lo que nos dice, sus argumentos, sus ideas, hasta que se dé por satisfecho y entonces: "Ves que comprendo lo que quieres decir y por qué; si no es así, quiero llegar a comprenderlo. Pero me parece que nuestro problema no es de falta de comprensión sino de falta de acuerdo".
CONFIANZA
MENSAJE CUARTO: "Confío en ti".
Contar con la confianza de sus padres es importante para un adolescente. "Lo más dañino que me han dicho mis padres en mi vida fue que nunca podrían volver a confiar en mí".
Nuestro hijo necesita que le digamos que nuestra confianza en él se desarrollará gradualmente en la medida que adquiera nuevos conocimientos y experiencias en esas situaciones que requieran la confianza. No podemos pretender que nuestro hijo de quince años conduzca un coche - aparte de que es ilegal - porque no tiene la experiencia necesaria que nos permita confiar en su buen juicio.
Pero hay otra razón por la que nos cuesta tanto a los padres confiar en nuestros hijos. Nos conocemos bien a nosotros mismos y, seguramente, hemos experimentado de primera mano todos los riesgos, situaciones y peligros de esta etapa. Sabemos qué fácil es ceder a las presiones del ambiente cuando no se está preparado. Esto nos previene de dar a nuestros hijos una confianza sin límites.
De hecho, no estaríamos haciendo bien nuestro trabajo de padres si permitimos que nuestros hijos se encuentren en situaciones donde el grado de riesgo es más elevado que su nivel de madurez.
CARIÑO
MENSAJE QUINTO: "Te quiero".
A veces, podemos perder muchas oportunidades de expresar amor y cariño - y de recibirlo - sólo porque no nos lo hemos propuestos como un objetivo consciente. Y, sin embargo, es el mensaje más importante que chicos y chicas quieren oír de sus padres.
El amor es el ingrediente esencial de una familia sana. Un "te quiero", dicho en voz alta y a menudo, nos ayuda a saber quiénes somos y por qué hemos nacido. Cuando un adolescente no está seguro del amor de sus padres, los otros cuatro mensajes anteriores no significan nada. Necesitan que le digan que les quieren y que se lo demuestren. ¿Cómo pueden estar seguros de que les quieren si nunca se lo han dicho? ¿Cómo pueden estar seguros si sus padres nunca pasan el tiempo con él?
La manera de demostrar el amor a un hijo se deletrea con estas letras: T - I - E - M - P - O. Darle regalos, proveerle de comida y ropa, mostrarle cariño de otras maneras está bien, pero también hay que estar dispuesto a perder tiempo con nuestro hijo adolescente: ir de pesca, ir de tiendas juntos...
Relacionarse, comunicarse, cuesta trabajo. Esto ocurre en el matrimonio, en la amistad... y en la relación entre padres e hijos. Con un adolescente cuesta más, porque crece y gana más independencia constantemente, y por eso puede llegar a frustrarnos. No dejemos que ocurra en nuestra familia.
PARA PENSAR
- ¿Habéis dicho alguna vez a vuestro hijo: "Hijo, ¿sabes que estoy orgulloso de ti, y no me importa nada más?" La palabra orgullo en este contexto se relaciona cercanamente con la de amor. Así, vuestro hijo sabrá que queréis decirle que estáis felices porque él es vuestro hijo.
- Cuando mejoréis vuestro modo de escuchar, vuestro hijo también aprenderá a escuchar mejor. Imaginad el impacto positivo que tendrá en la calidad de la conversación en vuestro hogar.
- Vuestro hijo adolescente necesita abrir una cuenta personal de autoestima basada en lo que es como persona, no por sus actuaciones diarias. Así, cuando falle, puede retirar de esa cuenta la cantidad necesaria. Si no tiene ese reconocimiento, puede acudir a lugares equivocados en su busca.
- No se trata de decir: "Comprendo exactamente cómo te sientes". Suena a querer desmarcarse de sus sentimientos y querer buscar una solución rápida al problema.
- Existe el peligro de poner un nivel demasiado alto a los hijos. Si los adolescentes llegan a creer que necesitan sacar todo sobresalientes para que sus padres les acepten, pueden deducir que a sus padres sólo les importa los éxitos... no las personas. Y así, como resultado, no intentarán hacer lo mejor que puedan.
- Es importante que le ayudéis a tener esta distinción clara en la cabeza: se puede aceptar a la persona aunque no se apruebe el comportamiento. Estáis orgullosos de él, porque en vuestro hijo, pero no de lo que ha hecho, dejándole claro que vuestro enfado se refiere sólo a sus acciones, no a él como persona.
... Y ACTUAR
Podemos ser tan despistados, ocupados en tantas cosas intrascendentes, que nos olvidemos de las necesidades comunicativas de nuestros hijos. Si disponemos de una agenda de trabajo, o un calendario que veamos todos los días, podemos hacer alguna señal para recordar: "Ojo, en esta semana no he hablado con mi hijo ni una sola vez".
Los adolescentes y sus formas de comunicación
Para la sociedad, la juventud es una etapa de transición entre la edad de la infancia y la adultez, pero para los jóvenes el mundo está anclado en su presente y lo más importante es vivir lo mejor posible el momento actual.
La juventud no está agrupada solo por la edad sino por formas de pensar y sentir parecidas, donde se encuentra una gran diversidad de culturas, consumos y formas de vida adolescente a las que llamamos “tribus urbanas” o “mundos sociales”.
Los jóvenes que habitan el mundo complejo y cambiante de hoy, se organizan en espacios propios donde se acepte la diversidad de formas de expresarse y comunicarse.
Una buena parte de ellos se incorporan a las exigencias de hoy y se integran en ámbitos sociales y públicos.
Con respecto a otros grupos de adolescentes, se los ve como más rebeldes y revoltosos, estos son los llamados grupos alternativos o disidentes que suelen sentir placer en transgredir las normas sociales y son propensos a crean sus propias formas de cultura.
La psicología de estos tiempos, nos invita a pensar a los jóvenes, como sujetos con múltiples competencias y con un discurso propio. La forma de comunicación que tienen entre ellos es variada y distinta a lo que estamos acostumbrados los adultos.
Los nuevos estilos o formas de comunicación son una fuente inagotable que va produciendo y construyendo la subjetividad del joven.
La comunicación entre las personas hasta no hace mucho tiempo atrás era codificada y con un sentido real, esto quiere decir, en espacio y tiempo real. Existían códigos compartidos entre los jóvenes y entre ellos y los adultos. Una característica de este tipo de comunicación era la necesidad de estar atento y concentrado. Para comunicar “algo” había que pensar y memorizar.
Hoy en día la comunicación no necesariamente es codificada, hay una comunidad virtual además de la real, se comparte infinidad de información en la red, se habla de una subjetividad mediática sin códigos compartidos, hay una falta de diálogo cara a cara. Recibimos infinidad de información a través de las nuevas tecnologías y no toda la llegamos a procesar internamente.
Hacemos zapping, consumiendo una gran diversidad de estímulos visuales y auditivos. Esta saturación de información puede producir en el adolescente, una sensación de vacío que termina en estados de aburrimiento y desconcentración.
Los adultos, y mucho escuchamos esto en las escuelas, reniegan acerca de la escasa lectura y escritura que realizan los adolescentes. Sería importante que los padres y docentes expresen su gusto por leer y escribir y se lo puedan transmitir a los jóvenes. Si en el hogar el joven observa la presencia de libros y diarios puede ser que en algún momento se interese por esto.
Por otra parte, no es cierto que los adolescentes lean o escriban poco, sino que algunos se refugian en libros y otros lo hacen en forma más placentera fuera de la escuela y con medios diferentes a las que estamos acostumbrados los adultos.
Una de las formas más comunes y tradicionales de escribir en estos momentos de la vida, es a través del diario íntimo. Lo que hace atractivo al diario íntimo es que el dueño del mismo es autor y en secreto va plasmando los cambios y experiencias de vida que va experimentando y vivenciando.
Al escribir poemas de amor, canciones, cartas, la escritura adquiere un sentido de propiedad privada y se convierte en una actividad más entretenida.
Otra forma de escribir es en la pantalla de la computadora estando conectado a la red. A veces se completa la escritura con la utilización de “emoticones” que son una especie de dibujitos animados que expresan distintos estados de ánimo.
Muchas veces cuando los adolescentes no desean quedar expuestos a la comunidad cibernética, sus escritos son ocultos detrás de un seudónimo.
En estos momentos los jóvenes están creando sitios en Internet como el Blog, el Fotolog y el Facebook. Estos son sitios en Internet que se actualizan periódicamente, donde se escriben artículos, hay comentarios, se elevan fotos y se conversa sincrónicamente a través del chat o asincrónicamente a través de correo electrónico o comentarios que acompañan siempre a la imagen.
El chatear es una comunicación escrita entre dos o más personas en la web.
Los SMS son mensajes cortos donde los adolescentes crean su propio lenguaje, los e-mails, los foros o lugares de discusión en internet, juegos en línea o multiplayer, y el You Tube donde los jóvenes suben, ven y comparten filmaciones, música y videos. Estas son las formas más frecuentes de comunicación que tienen hoy los adolescentes.
Algunos grupos de adolescentes inventan lugares y estilos nuevos de escritura, como lo son los Pichacoes, que son escrituras con manchas de alquitrán que combinan formas de pictograma, ideograma y escritura alfabética. Se exhiben en lugares públicos pero se trata de mantener escondido lo que se quiere expresar porque es un mensaje que tiene que ser descifrado por los distintos grupos que forman un mismo tipo de tribu urbana.
El pichar es un trabajo, una ocupación, una forma de ocupar el tiempo. Se realizan con trazos fuertes, gruesos e indelebles con aerosoles. Son coloridos e imitan a la escritura en cursiva, son firmados por el grupo que los realiza. Son mensajes secretos entre grupos. Se realizan en lugares peligrosos de difícil acceso como túneles por donde pasa el tren, en alturas como en tanques de agua o terrazas de edificios.
Hay otro tipo de expresiones a través de lo psicomotriz, que algunos adolescentes utilizan como lo son los llamados “exploradores urbanos” quienes van deambulando por las calles, de día y de noche como una forma de elaborar el alejarse de su casa y “conquistar nuevos espacios”.
Los flashmobs, que etimológicamente significa multitud relámpago, es un grupo de personas que se reúnen en lugares públicos para hacer algo inusual y se dispersan rápidamente como lo fueron la guerra de almohadas, el desmayo masivo o la fiesta silenciosa donde cada adolescente bailaba con su mp3, sin compartir la música con los demás.
El parkour es otra forma de comunicación o actividad del joven en la cuál se desplazan de un lado al otro de la ciudad, superando los obstáculos que presenta la misma solo con el cuerpo. El objetivo de esta actividad es la superación personal.
En las escuelas secundarias hoy en día suele aparecer el llamado bullying. Podemos definir al hostigamiento o bullying como al comportamiento prolongado de insulto verbal, rechazo social, intimidación psicológica y/o agresión física de un sujeto hacia otro que es considerado como víctima. Para que sea considerado conducta de hostigamiento o no un simple conflicto que se resuelve en grupo prontamente, deben darse las siguientes condiciones: las agresiones deben producirse sobre una persona en forma reiterada y durante un tiempo prolongado; el agresor debe establecer una relación de dominio- sumisión sobre la víctima y la agresión supone un dolor en forma sostenida ya que se crea en la víctima la expectativa de ser blanco de futuros ataques. El hostigamiento puede físico, verbal o social.
Se entiende por ciberbullying a la continuación del hostigamiento de un sujeto o grupo a otro sujeto a través de la Internet.
Esta diversidad de formas de expresión en lenguaje lecto escrito y corporal de los adolescentes, nos invita a profesores y psicopedagogos a escuchar, preguntar y tratar de comprender su cultura.
Con respecto a las formas violentas y discriminatorias de conducirse algunos grupos de jóvenes, se podría trabajar esas temáticas como forma preventiva en las aulas, con aquellos sujetos que todavía hoy en día apuestan a su educación.
Los trabajos psíquicos del adolescente
La construcción de la subjetividad adolescente consiste en trabajos psíquicos que toda persona entre los años de su escolaridad post primaria debe realizar.
El primer cambio psicológico que debe enfrentar el joven es la formación de un nosotros con la pertenencia a mundos sociales separados del grupo familiar que les permita dejar atrás el egocentrismo infantil. Con ello nos referimos a formar parte de grupos de amigos, noviazgos, etc.
Otro de los cambios se refiere al tener que alejarse del pasado para proyectarse al futuro a través de la elaboración de un plan de vida.
Junto a lo anteriormente mencionado, es necesario que el adolescente realice el pasaje del juego al trabajo a través del aprendizaje y capacitación para el ámbito laboral.
Estos aprendizajes deben ser algo “alegres” y no ser tomados como un estado de crisis y ansiedad por lo nuevo. El motor del cambio adolescente puede ser el deseo por “cambiar al mundo de hoy”.

Algunos psicólogos del desarrollo consideran al adolescente como a un “segundo deambulador”, una persona que necesita ganar la calle y caminar e investigar todo el nuevo universo de posibilidades que se les presenta fuera de los muros de su hogar.
La forma y el tiempo que cada adolescente necesita para transitar esos trabajos psíquicos depende de lo singular de cada uno de ellos y del contexto socio- cultural en que les toca vivir.
Con respecto a lo singular, cobra importancia las experiencias infantiles que lo acompañaron en su historia de vida y la forma en que transita su presente.
Con respecto al contexto socio- cultural, se produjeron cambios en las últimas décadas del siglo pasado y comienzos del siglo XXI que también dejan huellas en los adolescentes de hoy.
Los cambios más relevantes son la sociedad materialista y consumista, la revolución de las tecnologías con las computadoras y
Inmerso en estos cambios que lo afectan y navegando en un mar de múltiples posibilidades, el adolescente tiene que forjarse un futuro… para ocupar un lugar en el mundo.
Por Edith Beatriz Burgos
El adolescente y la comprensión lectora. Una mirada constructivista.
En el presente trabajo nos ocuparemos de las problemáticas de aprendizaje en la educación media tomando como eje las dificultades en la comprensión lectora. Así planteado, la cuestión parece inabordable. Es por ello que restringiremos el tema a algunos interrogantes: ¿qué entendemos por educabilidad?; ¿es lo mismo pensar los problemas de comprensión de textos del adolescente que del alumno adolescente?; ¿qué significa comprender?; ¿cómo se define la relación entre desarrollo y aprendizaje?
En esta ocasión, apelaremos al constructivismo como marco teórico por considerar que es el enfoque que nos posibilita una mirada totalizadora del problema que nos convoca. Fundamentalmente, por las múltiples dimensiones de análisis que nos permite considerar: lo cognitivo, lo social y lo afectivo.
La institución escolar constituye el dispositivo por medio del cual la pedagogía moderna encierra la niñez. El niño comienza a constituir un ente para ser amado, cuidado, preservado y educado. La infancia constituye la justificación de la pedagogía, en tanto disciplina inserta en el ámbito de las ciencias humanas. (Narodowski: 1994) Actualmente, hay una crisis de la infancia moderna que se reconvierte, fugando hacia dos grandes polos: la infancia hiperrealizada, la infancia de la realidad virtual, con Internet, computadoras y sesenta y cinco canales de cable, por un lado; y la infancia desrealizada, la que vive en las calles, que es autónoma e independiente, Infancia excluida de la Internet y también excluida institucionalmente.
Para pensar la educabilidad, entonces, nos remitiremos a una matriz vigotskiana, entendiéndola no como una propiedad exclusiva de los sujetos sino, como un efecto de la relación de las características subjetivas y su historia de desarrollo con las propiedades y naturaleza de la situación de la que es parte el sujeto. En otros términos, la educabilidad se define en la relación educativa misma, no en la naturaleza del alumno, enfatizando la importancia de los efectos de la vida social o de la crianza. En este punto, cabe consignar que tradicionalmente se sostenía que lo que aprendía el alumno dependía de lo que el maestro enseñaba. Las nuevas teorías del aprendizaje insisten en que el aprendizaje depende sobre todo de la actividad del alumno. De acuerdo con los análisis recientes, es necesario observar que tener éxito en la escuela no significa sólo aprender los contenidos académicos (los que normalmente, aparecen en el currículum formal), sino también aprender a desempeñar adecuadamente el oficio de alumno ( lo que implica apropiarse de los particulares rasgos de la actividad escolar). No olvidemos que la escuela moderna constituye un dispositivo para el gobierno de la niñez que produce la infancia escolarizada generando la categoría de alumno. (Baquero y Terigi: 1996) La escuela genera demandas cognitivas específicas, diferentes a las que los adolescentes, por ejemplo, enfrentan en la vida cotidiana.
Desde nuestra perspectiva, es claro que cualquier comprensión de proceso adolescente no puede reducirse a la pura materialidad del proceso metamórfico ni tampoco considerarlo como una simple convención etárea desgajada de cualquier materialidad. Se trata de una condición evidentemente constituida por la cultura, pero que tiene una base de facticidad en la edad, en las condiciones de la temporalidad. Por ello, Margulis y Urresti han propuesto que una definición de adolescencia y juventud debe atender a las condiciones de facticidad al mismo tiempo que a cuatro condiciones sociales que determinan el modo como es vivido el proceso adolescente en nuestras sociedades. Esas condiciones son: la condición de género, la pertenencia a una clase, la generación en la que se nace y la posición institucional de los sujetos (Margulis y Urresti, 1995)
Piaget asumía que todos los adolescentes alcanzan un estadio universal de pensamiento operatorio formal, pero que las operaciones formales se alcanzan primero (y quizás únicamente) en los campos de especialización adulta. Por el lado de la Teoría socio-histórica el problema de la formación de los conceptos científicos y las modalidades cognitivas que los mismos acarrean, constituye un tema de análisis importante. Esto se debe a que su desarrollo da cuenta de la necesidad e importancia que tiene para los sujetos, su participación en contextos y actividades sociales específicas. Para Vigotsky esta posibilidad en el desarrollo está dada por el ámbito de lo social pero, además, para desencadenar la formación de conceptos científicos es necesario que los sujetos integren espacios de instrucción que impriman esta dirreccionalidad. Los conceptos científicos son ejemplos de procesos psicológicos superiores avanzados que requieren, como tales, la participación en actividades instruccionales. Cabe destacar que no existe una transformación de los conocimientos cotidianos en científicos, ni en el sentido de una evolución ni en el de una integración. Recordemos que Vigotsky habla de Procesos Psicológicos Elementales (PPE) y Superiores (PPS) que es la distinción entre la línea natural y cultural del desarrollo psicológico. Asimismo, diferencia los PPS en rudimentarios y avanzados. Los rudimentarios son aquellos que se desarrollan por el solo hecho de participar en una cultura a través de las prácticas sociales que en ella tienen lugar. Los avanzados, en tanto PPS se desarrollan también en el seno de la cultura, pero además requieren de contextos sociales especializados, de prácticas específicas de instrucción.
Cuando Vigotsky analiza el desarrollo de los conceptos científicos, no propone una línea de continuidad con los procesos de conceptualización espontánea sino que los segundos suponen rupturas, cambios cualitativos, reorganizaciones en los primeros, que modifican la naturaleza misma del desarrollo. Su tesis del origen social de los Procesos Psicológicos Superiores (PPS) se concreta en una ley general del desarrollo cultural, la ley de doble formación de los PPS. Según esta ley, “El desarrollo cultural del niño, toda función aparece dos veces: primero, a nivel social, y más tarde, a nivel individual; primero entre personas (interpsicológica) , y después, en el interior del propio niño (intrapsicológica)” (Vigotsky, 1988, 94) En este sentido, el acceso individual a las funciones psicológicas superiores y al dominio de los instrumentos que actúan como mediadores de las mismas es posible gracias a que, en un primer momento, otras personas que ya dominan esas funciones e instrumentos regulan la utilización de los mismos por quienes no las poseen y los asisten en su apropiación.
Tal es el caso de la lengua escrita: se requiere un contexto instruccional específico y además especializado para que los sujetos aprendan a leer y escribir. Cuando hablamos de leer nos referimos específicamente a la lectura en tanto comprensión lectora.
Muchos de los estudios acerca de la comprensión lectora han demostrado claramente que los conocimientos de que dispone el lector influyen de manera determinante en su comprensión. En este sentido, Ausubel nos habla de la importancia de los conocimientos previos en toda situación de aprendizaje, lo que nos lleva a reflexionar sobre la necesidad de que los contenidos de lectura posean no sólo significatividad lógica sino también significatividad psicológica. A tal efecto, y para facilitar la comprensión, los docentes deben apelar a los organizadores previos como puentes cognitivos entre el conocimiento que se posee y el que se va a adquirir. En otras palabras, podría decirse que aprender es comprender, entendiendo por comprender no la simple incorporación de datos ya hechos o constituidos, sino en redescubrirlos y reinventarlos a través de la propia actividad del sujeto. Esto implica una modificación del desarrollo, pero esta modificación no se impone al sujeto desde afuera, sino que se produce siguiendo los mecanismos de equilibración que regulan la formación espontánea de los conocimientos.
En resumen, el desarrollo es concebido como un proceso culturalmente organizado; en éste, las culturas ayudan específicamente a los nuevos miembros del grupo a dominar los saberes de todo tipo que se consideran relevantes para participar activamente en las diversas prácticas incluyendo la utilización de los sistemas simbólicos de mediación. En este sentido, para la teoría socio - histórica el aprendizaje precede al desarrollo. Un ejemplo que permitirá entender esta formulación es el lenguaje. En otras palabras, el aprendizaje tracciona al desarrollo y, en tal sentido, lo precede y lo genera.
Siguiendo esta línea de análisis, el rasgo esencial de la enseñanza que tiene lugar en contextos instruccionales es que engendra la zona desarrollo próximo (ZDP), es decir que estimula y activa en el alumno un grupo de procesos de desarrollo en el marco de las relaciones con los otros. Vigotsky definía la ZDP como “la distancia entre el nivel real desarrollo, determinado por la capacidad de resolver independientemente un problema, y el nivel de desarrollo potencial, determinado a través de la resolución de un problema bajo la guía de un adulto o e colaboración con otro compañero capaz.” (Vigotsky: 1988,133)
De acuerdo a lo expuesto, la educación, para ser promotora de desarrollo, debe siempre tomar en consideración el nivel de desarrollo efectivo en que se encuentra el sujeto para crear zonas de desarrollo próximo que le permitan ir más allá de ese nivel, ya sea a través de la interacción social directa – cara a cara – o de una interacción de carácter mediato – a través de formas de influencia indirectas como la selección y disposición de las prácticas culturales. De esta manera el adolescente podrá aprovecharse del sistema mental más organizado del profesor en la medida en que éste logre atrapar la interpretación infantil y conducirla a su propio terreno pero, a su vez, esta circunstancia dependerá de la sensibilidad que manifieste el alumno para acercarse a la óptica del profesor. En consecuencia, ni los objetivos ni los procedimientos están predefinidos, salvo como guión o esquema a medias, como ficción estratégica que organiza la relación: por el contrario, van perfilándose en el transcurso de la interacción misma.
Bibliografía:
Baquero, R. y Terigi, F. “En búsqueda de una unidad de análisis del aprendizaje escolar”, en: Apuntes pedagógicos, Revista de la CTERA, Nº 2, 1996.
Margulis, M. y Urresti, M. (1996). “La juventud es más que una palabra” En: Margulis Mario (comp.) (1996): La juventud es más que una palabra. Buenos Aires, Biblos.
Narodowski, M. (1994): Infancia y Poder. La conformación de la Pedagogía moderna. Buenos Aires, Aique.
Vigotsky, L. (1988): El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. México, Grijalbo. Capítulo IV: “Internalización de las funciones psicológicas superiores.”