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Miedo a la escuela: fobia escolar

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Siendo los miedos a la escuela muy frecuentes en un momento u otro del desarrollo, la fobia escolar es un trastorno poco frecuente; las estimaciones varían entre el 0,4 por 100 (Ollendick y Mayer, 1984) y el 1,7 por 100 (Kennedy, 1965) de la población infantil. Sin embargo, son de las más frecuentes en la clínica infantil por las repercusiones que tienen sobre el aprendizaje escolar y el funcionamiento social del niño.

La fobia escolar se puede definir como un patrón desadaptativo de respuestas de ansiedad a situaciones escolares.
En la fobia escolar, como en cualquier otro problema, hay que considerar los tres sistemas de respuesta:

El duelo infantil

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Publicamos este interesante artículo de Rebeca Recio Berlanas, psicóloga de Psycos, sobre el Duelo Infantil.

EL DUELO EN LOS NIÑOS

La muerte de un ser querido, forma parte de nuestras vidas independientemente de la edad que tengamos.  Muchos niños sufren la pérdida de sus abuelos, tíos u otros familiares más cercanos como padres o hermanos. También el cambio de casa, colegio, muerte de una mascota o separación de los padres son situaciones de duelo para los más pequeños.
Los adultos, ya sean padres, familiares o profesores, no pueden proteger a los menores de las pérdidas, ni evitar el dolor que los niños sienten, pero si pueden ayudar a los pequeños a vivir el duelo de una manera más adecuada.

Material de Teoria de la mente

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 A continuación os presentamos un material sumamente interesante, desarrollado por Anabel Cornago (http://elsonidodelahierbaelcrecer.blogspot.com/) y Amaya Padilla (http://garachicoenclave.blogspot.com/), sobre la teoria de la mente, se trata de una guia muy completa, se ocupa por una parte de la parte teórica y por otra parte, de la vertiente práctica de la teoria de la mente, aspecto al que da más importancia a lo largo de esta interesantissima guia.

Entender la Autoestima de los niños

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Publicamos este interesante artículo de Rebeca Recio Berlanas, psicóloga de Psycos, sobre la Autoestima Infantil.

 -Espejito, espejito  ¿Quién es mi princesa?-
-¡Yo!- Gritaba Lola mientras saltaba a los brazos de su padre.
Cómo saliendo de una burbuja, la Lola adulta sonríe al espejo recordando esos momentos. Respira, se recoge el pelo y sale del baño dispuesta a entrar a la reunión con una actitud segura y firme.
La percepción y la valoración que una persona tiene sobre si misma condiciona su equilibrio psicológico, la relación que establece consigo misma, con los demás y su rendimiento. Es decir, la estima y la opinión que tenemos hacía nosotros mismos va a influir en nuestra manera de acercarnos al mundo y a las personas que están en él.
Al igual que en el resto de relaciones, la relación que tenemos con nosotros mismos también la vamos a valorar positiva o negativamente. Del mismo modo, podemos ser más o menos afectuosos al relacionarnos con nosotros.

¿Cómo se forma la autoestima?
El contacto corporal que establecen los padres con el niño es prioritario para establecer un saludable vínculo emocional. Es a partir de este vínculo desde el que el niño va a construir el sentimiento básico de confianza y seguridad y la manera de quererse.
La autoestima y el autoconcepto son conceptos referentes al individuo que se construye en la interacción social. 
Por lo que su construcción va a tener dos fases, interpersonal. En la que las figuras de referencia “prestan al niño” la imagen que tienen de él. Nos convertimos en instrumentos al servicio del niño.
Y otra intrapersonal, en la que el niño, sin dejar de relacionarse y por tanto de incorporar información externa, se reconoce y forma una imagen de si mismo.

Por lo que el conocimiento que tenemos sobre nosotros mismos  responde a la pregunta ¿quién soy yo?, Autoconcepto. Deriva del concepto que las personas cercanas tienen sobre nosotros ¿Quién soy yo para mis padres? ¿Para mi profe? ¿para mis amigos?.
Del mismo modo, la valoración (positiva o negativa) que hacemos sobre nosotros mismos y nuestras competencias, la Autoestima (creo que la autoestima está en otro plano que las competencias, sí relacionada a ellas.). Vendrá precedida por la admiración y reconocimiento que hemos tenido de otros.
Y el afecto que ponemos en la relación con nosotros mismos ¿Cómo nos tratamos?, procede del afecto que nos han dado.
Ante un niño con dificultades para mantenerse sentado, sus padres y/o profesores pueden responder algo así:
-¡Niño, estate quieto! todos los días te digo los mismo y parece que te da igual. Así es imposible comer tranquilo. -
¿Sería igual si los adultos, a pesar del cansancio que seguro les provoca que la situación se repita, se acercan a él y le dicen:
- Rubén, tú sabes que en la mesa es obligatorio estar sentado y si no lo cumples tendrás que irte a tu habitación. A mi me gusta mucho comer contigo ¿Tú quieres comer con nosotros? Confío en que aunque te cueste un poco, vas a hacerlo muy bien.-
Para interactuar de manera eficaz, nos ayuda definir ¿qué cualidades del niño estamos destacando?, si lo hacemos con afecto, y si ¿Conseguimos nuestro objetivo?
Podemos afirmar que un niño que ha sido reconocido, valorado y querido, va a poder reconocerse, valorarse y quererse. El niño necesita que reconozcamos quien es él como persona en desarrollo, como ser diferente a sus padres y a las expectativas y deseos que estos tienen respecto a él. Así como que respetemos y valoremos sus características propias, deseos y necesidades, y se lo expresemos mediante el afecto. 
En ocasiones creemos que cuando un niño se porta mal tenemos que dejar de mostrarnos afectuosos, con el fin de que entienda que se ha equivocado. Pero el cariño y la firmeza son cosas diferentes. Cuando un niño se equivoca (voluntaria o involuntariamente) es necesario que sus padres se lo indiquen para que pueda  rectificar. Pero si el cariño desaparece ante las conductas inadecuadas, el mensaje que trasmitimos es que el cariño es voluble y dependiendo de lo que haga le querremos más o menos.
La evaluación sobre uno mismo se produce en todas las dimensiones de la persona (laboral-educativa, social, física y emocional), pudiendo variar la valoración que hacemos de nosotros mismos en cada una de ellas. Hay personas que se consideran muy inteligentes, pero poco capacitadas para las relaciones.
Los niños pequeños tienen a describirse sobretodo en función de las características físicas y a medida que crecen incluyen dimensiones psicológicas y sociales. Esto se debe a que las capacidades cognitivas del niño se van desarrollando a medida que se hace mayor.
Debido a que el autoconcepto de la persona va evolucionando, se espera que el concepto de si mismo que tienen los adultos tienda a ser: más consistente, objetivo y realista. Pero no es automático, tener la capacidad no siempre implica desarrollarla.
La relación consigo mismo exige que nos desdoblemos, para llevar a cabo el proceso de autoobservación. Parte de nosotros se encarga de observar y otra parte es observada. Esta capacidad nos permite tomar conciencia y reflexionar sobre nuestras sensaciones, emociones, pensamientos y acciones.

¿Cómo saber si nuestro hijo tiene una buena autoestima?
Es importante que observemos como se desenvuelve el niño, esto nos dará pistas sobre sus capacidades, la imagen que tiene de si mismo y la forma en la que se estima.
¿El niño tiene mayoritariamente éxitos o fracasos? Y como responde ante cada uno de ellos. ¿Se fija objetivos adecuados, fáciles o difíciles? ¿Se muestra satisfecho con sus resultados?
Observar la manera de afrontar las nuevas situaciones ¿Lo hace con confianza o temor?
En sus relaciones ¿Forma parte del grupo? ¿Los demás le dan la bienvenida o protestan cuando llega?¿Cómo resuelve los desacuerdos?

COmo favorecer una autoestima adecuada en los niños
Una de las principales formas a través de las cuales aprenden los niños es el modelado, los niños aprenden aquello que observan en sus modelos. Por lo que como adultos cercanos, tenemos el privilegio y la responsabilidad de ser ejemplo para los peques.
Por ello es importante que los adultos examinemos las percepciones que tenemos acerca de nosotros mismos así como nuestro desempeño, ya que el autoconcepto de los padres, profesores, etc. Influirá en el del menor.
Mostrar coherencia entre las diferentes interacciones teniendo en cuenta tanto la palabras como los actos. Ayuda a que el ejemplo tenga sentido. No digo una cosa y hago otra.
La continuidad en los planteamientos y objetivos, permite desempeñar un modelo estable. No digo una cosa hoy y mañana otra. Por supuesto, eso no significa que no podamos negociar, pero entre nuestros actos hay un hilo conductor.
La consistencia en mis planteamientos y actuaciones no depende de las circunstancias, de lo cansado o enfada que esté, si no de unos planteamientos reflexionados.
Crear un ambiente agradable y de confianza, en el que comunicarse de forma clara y abierta, ayuda a que cada miembro de la familia se pueda mostrar tal y como es.
Una de las experiencias más maravillosas y gratificantes es sentir que aquellas personas que nos conocen bien y son importantes para nosotros, nos aceptan, respetan y comprenden con nuestras posibilidades y limitaciones.
Así mismo, permitir que el niño sea autor de sus propias acciones, le muestra que confiamos en su capacidad para lograr sus metas. Inténtalo tú, si no puedes yo te ayudo. Esto es importante, ya que la confianza de los adultos de referencia permite configurar la seguridad básica en uno mismo.
Cómo padres, profesores o adultos que desde diferentes roles nos relacionamos con niños, tenemos muchas posibilidades de mejorar la autoestima de estos y la manera en la que se quieren a sí mismos.
Rebeca Recio Berlanas.
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Si quieres obtener más información o contactar con Rebeca Recio, puedes hacerlo en: www.psycos.es

¿Por qué no puedo portarme bien?

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¿Qué es portarse bien? Realmente creo que merece la pena que nos lo preguntemos, porque es muy frecuente que a nuestra consulta de Psicología lleguen padres que preguntan ¿pero por qué mi hijo no puede portarse bien?, ¿llegará a portarse bien algún día? Pero lo más interesante es que también muchos niños expresan que no pueden portarse bien o nos hacen la pregunta ¿por qué no puedo portarme bien?

Hoy en día las dificultades que muchos niños enfrentan en la proyección de su conducta, resulta una preocupación importante de muchas familias y de la comunidad educativa en general. Para los adultos significativos el comportamiento bueno o malo de los niños, va a estar determinado por el tipo de conductas que los niños presentan que pueden ser esperadas o no esperadas por ellos. Permítanme subrayar lo relativo a las conductas esperadas o no por el adulto, ya que el comportamiento de un sujeto puede ser leído desde diferentes ópticas y por ello portarse bien o mal puede ser un término con una gran carga de subjetividad. Entonces un niño se porta bien o mal en dependencia a cómo se evalúe, cual es el valor de referencia y las circunstancias en la que se da la conducta.

Los problemas de conducta son la proyección de un comportamiento perturbador. El comportamiento perturbador no tiene significación por sí solo, sino que se trata de un síntoma externalizado que esconde un conjunto de signos que no tienen por qué ser patológicos y que determinan dichas conductas. De ahí que su origen puede ser diferente para cada individuo a pesar de que el comportamiento sea en muchas ocasiones el mismo.

La mayor parte del comportamiento de cualquier sujeto, considérese o no un problema de conducta, es aprendido, mantenido y regulado por los efectos del medio. De esta manera podemos entonces entender cómo se adquieren muchas de las conductas inadecuadas. Entonces aparece un hálito de esperanzas para padres y maestros de niños con dificultades de conducta: la conducta inapropiada que ha sido aprendida, puede ser desaprendida o modificada. Y suponiendo que el problema esté causado por un déficit o trastorno, la conducta puede ser adquirida por entrenamiento.

Es importante tomar en cuenta que en el caso de niños con TDA-H, Trastorno Oposicionista y otros trastornos con un origen orgánico en ocasiones no va a ser suficiente el trabajo de modificación de conductas o de aprendizaje de otras nuevas, sino que deberán emplearse estrategias que al reconocer la cronicidad del sustrato conductual, empleen además, estrategias encaminadas a reducir la ocurrencia de esas conductas y centrarse en el trabajo de prevención de estos comportamientos , reduciendo o cambiando las condiciones que dan lugar a estas conductas y disminuyendo la duración e intensidad de las mismas. Unido a ello será importante propiciar las condiciones para que aumenten las probabilidades de tener conductas apropiadas.

Por ello la insistencia de que en el trabajo con los niños con TDA-H, el ambiente no es un invitado ocasional, sino que va a constituirse en el elemento esencial del proceso de intervención.

Un enfoque que refuerza esta idea lo encontramos en los trabajos que realiza el Grupo Albort y su equipo de colaboradores cuando analizan, que si bien el déficit de atención o el déficit de atención con hiperactividad son condiciones neurobiológicas, devienen trastorno, cuando los síntomas no encuentran una respuesta adecuada en el entorno social e impactan las relaciones del sujeto con su familia, la escuela, el grupo de pares o su estabilidad personal. La calidad de vida de las personas con TDA-H depende de las habilidades de los adultos significativos con los cuales interactúa el niño, para ofrecerles un entorno suficientemente estructurado que permita la máxima autonomía, y a la vez minimice aquellas condiciones que los induzcan a realizar conductas inapropiadas y los predispongan a la falta de autorregulación.

La premisa fundamental para lograr conductas apropiadas en los niños tengan o no TDA-H, es ofrecer un entorno seguro. ¿Qué implica un entorno seguro? Un lugar donde haya un orden, rutinas y reglas porque ellas proveen una estructura, un marco de acción, un encuadre que permite perfilar lo negociable y lo no negociable, lo que puedo y no puedo hacer, el momento metafóricamente hablando, de activar los frenos. ¿Qué aprende un niño al ponerle límites adecuadamente? El niño aprende valores, aprende a comportarse de forma segura. Los límites les permiten aprender a organizarse, a tener buenos hábitos que los ayuden a vivir mejor. Aprende a confiar en el adulto, pues este lo respeta, lo cuida y le atiende.

No menos importante para lograr un entorno seguro, es la consistencia. Ser consistente es por un lado lograr unidad de objetivos acerca de cómo proceder en cuanto a la conducta por parte de los adultos significativos, o sea qué comportamientos se esperan y cuándo y por el otro, la firmeza para eliminar interferencias y situaciones que impidan que lo que esperamos del niño se dé en cualquier momento, lugar y condición. Las discrepancias entre los padres o entre los maestros, desestabilizan, confunden al niño, ¿por qué hoy no puedo hacer tal cosa y ayer sí?, le digo a mi mamá ya que mi papá dijo que no, a ver si lo logro, pruebo fuerzas, total a veces se cansan…
El establecimiento de consecuencias a las conductas también constituye una garantía para un entorno seguro. Al estructurar límites es importante pensar en las consecuencias de su cumplimiento o incumplimiento. Las consecuencias son una forma efectiva de enseñar a los niños a que tomen la responsabilidad por sus decisiones, acciones y compromisos porque es necesario asegurarse que el niño sabe lo que ha hecho mal y lo que no debe volver a hacer y ayudarle a encontrar formas de evitar esas conductas inaceptables.

Por último en este sistema los padres deben estar con los hijos sin condición. Comportarse de forma coherente a lo exigido, pues con el ejemplo también se enseña, por lo que han de ser consecuentes con el modo habitual de hacer en casa. Además ser firmes y coherentes, pues si se cede, después costará mucho más retomar nuevamente el respeto de esas normas. Es necesario que adopten una mentalidad flexible que permita ir adaptando esas normas a la situación, al momento y edad concreta del niño. Pero sobre todo deben garantizar que exista un buen clima familiar, de afecto y cariño para que los niños sientan la seguridad que necesitan para trabajar para el mejoramiento de su conducta.































Mi hijo tiene TDA-H. Aceptando el diagnóstico.

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La negación es un sentimiento común al tener que afrontar cualquier problema médico. En ocasiones resulta más fácil negar este, que asumir que hay algo que es necesario atender. Negar el diagnóstico es peor que aceptar que existe, la condición no va a desaparecer por ello y es más probable que con el paso del tiempo sin atención, se agrave.
Sabemos lo que significan los hijos para sus padres. En un sentido muy real, “los padres se reproducen a sí mismos cuando traen un hijo al mundo” (Kew.S) y desarrollan en ellos expectativas propias acerca de cosas logradas a lo largo de su vida y al mismo tiempo proyectan, ideales no alcanzados por ellos mismos. Tales expectativas sufren casi inevitablemente alguna modificación cuando deben afrontar el diagnóstico, porque en la crisis emocional que sobreviene al momento que se le comunica acerca de la deficiencia del hijo, el elemento crucial no es el trastorno mismo, sino el derrumbe de las expectativas paternas.
Los padres de los niños con TDA-H no están muy alejados de esta realidad. La negación de la existencia del trastorno suele ser una de las causas entre otras, de la atención tardía al mismo y del recrudecimiento de los síntomas, con su correspondiente impacto sobre los niños y adolescentes afectados y sus entornos de relación.
Con mucha frecuencia llegan a la consulta de Psicología, muchos niños con remisiones de diagnóstico de TDA-H realizadas en diferentes momentos de la vida, sin haber recibido una atención médica y psicológica en algún momento o con mucha inestabilidad en los tiempos de tratamiento. Los padres refieren en ocasiones que el diagnóstico para ellos no fue muy confiable por diferentes causas y en otras que realmente no consideraron oportuna la intervención. También resulta algo muy común que al preguntarles desde cuando están apareciendo las conductas que hoy lo llevan a la consulta, respondan que desde siempre, argumentando su aparición desde la edad preescolar. Más frecuente aún es la respuesta ante la pregunta por qué esperaron tanto para acudir por ayuda y señalan, es que según sus abuelos nosotros éramos igual a él. La realidad es que estas y otras respuestas son evidencias de los temores de los padres al tener que afrontar el diagnóstico.
Los padres de los niños con TDA-H suelen pasar por los pasos siguientes antes de asumir finalmente el diagnóstico:
• Conmoción. Es la primera reacción y muestran conductas de impotente aturdimiento. En mi experiencia a veces va acompañada de un silencio profundo, miradas entre ambos padres, llanto, búsqueda de culpables.
• Rechazo. Es simplemente la negativa a aceptar la verdad, negar que existe el impedimento o una tendencia a minimizar los efectos de éste en el desarrollo del niño. Esta actitud es como una válvula de escape que tienen los padres cuando tratan de sobrellevar sentimientos de culpa, junto con el shock que acaban de recibir.
• Depresión. Es una reacción natural que la mayoría de los padres experimentan antes o después, implica un sentimiento de profunda pena, puesto que es entonces cuando ellos comienzan a asimilar la condición de su hijo y a cambiar sus expectativas, se centran principalmente en los impedimentos del niño, lo que les hace ver un futuro pesimista.
• Aceptación. Esta es una etapa muy compleja y muy difícil de definir, porque tal aceptación no tiene nada que ver con el sentimiento de sumisión o resignación frente a la adversidad. El sentido que se da al término de aceptación, hace más bien referencia al hecho de que los padres no sienten ya la necesidad de defenderse de la realidad y de su experiencia de dolor, sino comenzar a buscar ayuda para revertir el impacto de los síntomas.
También es importante considerar que existen otros factores, además de las características emocionales que pueden presentar los padres, que influencian su respuesta frente al problema de los hijos: qué tan grave es el problema, cómo influye la edad y el momento en que se está haciendo el diagnóstico, el aspecto económico, el tiempo que deberán dedicarle, su capacidad para controlar y cambiar lo que está sucediendo, el mito de la cura. Y mientras todo esto pasa, el tiempo sigue siendo un enemigo implacable que impide que la ayuda acuda pa mejor calidad de vida del que padece el trastorno, su familia y sus entornos de relación.
Para los padres nunca es fácil enterarse que su hijo sufre TDAH. Es importante que los padres que se enfrentan a un diagnóstico de TDAH, conozcan la cadena de reacciones que el saber que su hijo tiene el trastorno puede generar sobre ellos, ya que éstas pueden dar lugar a conductas paternas ansiosas o agresivas que resultan muy perjudiciales para el niño, o a no asumir el diagnóstico y no hacer nada para ayudar a su hijo a salir adelante. Negar los síntomas del TDA-H, no protege al niño de las dificultades en la escuela, el rechazo social y los problemas de conducta, solo le impide recibir la ayuda adecuada.
Quizás los padres experimenten el estigma o la vergüenza relacionados con el diagnóstico. Quizás también quieran que nadie sepa que su hijo tiene TDA-H. Es importante que entiendan que no es su culpa que tenga TDA-H, no se debe a ningún error que hayan cometido y no es un castigo. Si bien es cierto que no pueden controlar el hecho de que tiene TDA-H, sí pueden controlar la manera como se manifiestan los síntomas y cuáles son las ayudas que su hijo necesita. Seguir un plan de tratamiento multimodal es clave para disminuir los síntomas y alcanzar el éxito. Podrían sentir que la familia y amigos no entienden de qué se trata el trastorno. Pueden elegir a quién le comparten sus sentimientos y preocupaciones y podrían sorprenderse porque pueden llegar a ser una excelente fuente de apoyo y así darse cuenta que no están solos para nada y no tienen que enfrentarse solos a los retos que tener un hijo con TDA-H conllevan.
Asumir el diagnóstico de su hijo les permitirá sentirse menos solos y podrán reflexionar sobre las causas y consecuencias de su comportamiento. A su vez, les será más fácil aliviar su ansiedad y encauzar sus esfuerzos hacia la búsqueda de la mejor forma de educar y comportarse con su hijo.
“Ser niño supone contar con un adulto… y que el adulto a su vez, cuente con una respuesta confiable”. Laura Kiel (De sin límites a limitados). Todos los padres se preguntan cómo serán sus hijos cuando crezcas y hacen todo lo posible para que desarrollen su potencial. Esto no difiere en el caso de los niños con TDAH.
La familia cumple un rol decisivo a la hora de diseñar formas de vivir, de lograr éxitos o sufrir fracasos, avanzar o desviarse del camino, desarrollar o inhibir el desarrollo. La familia y la escuela son los ámbitos que reciben el impacto cotidiano del TDA-H y sus comportamientos sintomáticos y al mismo tiempo los principales entornos de ayuda.
Pero necesitamos convencer a todos los individuos y estamentos implicados en la educación y la salud mental de la indiscutible realidad del TDA-H y de sus perjudiciales efectos sobre los individuos, su familia y la sociedad en general. Necesitamos también ayudarnos unos a otros, darnos apoyo afectivo y social, convencernos de que un método educativo diferente puede evitar la Inadaptación Escolar (fracaso escolar) y la Inadaptación Social (problemas de conducta).
La mejor vía para que un niño o adolescente con TDA-H tenga un buen crecimiento personal, radica en que usted como padre, lo acepte tal cual es. Y para ello deberá trabajar una serie de necesidades, propias de toda persona con este trastorno. De esta forma se convertirá en una niño o adolescente con éxito escolar y social, tendrá un razonable número de amigos y se sentirá seguro de sí mismo.
Para poder ayudar a sus hijos, los padres deberán:
1. Obtener un buen diagnóstico. Muchas veces el TDA-H se presenta asociado a otros trastornos y es importante conocer cuántos y cuáles de ellos están presentes y por tanto, lo que hay que abordar. De esta manera se puede prevenir que no aparezcan otros. Se recomienda acudir a profesionales con experiencia; el diagnóstico diferencial es difícil, hay otros problemas que pueden provocar los mismos síntomas.
2. Educarse como padres. Los padres deben convertirse en “expertos en TDA-H”. Los padres deben formarse para poder reconocer los comportamientos propios del trastorno y aprender estrategias para controlar las conductas perturbadoras y potenciar las conductas adecuadas. Hay que conocer, aceptar y comprender al niño/adolescente y potenciar sus cualidades que son muchas, asegurando su equilibrio psicológico personal, para lo que debemos dar los apoyos necesarios.
3. Informarse sobre el tratamiento farmacológico. La medicación puede ayudar a las personas afectadas. Una buena información ayudará a tomar la decisión de administrar los medicamentos que los s pueden ayudar, así como a valorar su eficacia.
4. Hacer las adaptaciones necesarias en casa, si es necesario reestructurando el ambiente y las rutinas familiares.
5. Mantener una relación adecuada y contínua con los profesores, para valorar la eficacia del tratamiento, y solicitar las adaptaciones necesarias para que el niño o adolescente
6. No olvidar que el trastorno tiene carácter crónico. El TDAH es variable, por lo tanto habrá épocas buenas y malas. No se debe abandonar el tratamiento, se deberá revisar y ajustar a las necesidades de cada época. Es un trastorno que se manifiesta de diferente manera según la edad.
Tu hijo necesita de tí, no olvides ser un “Adulto Carismático” para tu hijo. La premisa: Conocer el problema. Acompañar. No agotar opciones. Crear resistencias.


Libros recomendados

Rol de papá en la crianza de sus hijos

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Como todos sabemos, la familia es la unidad básica de la sociedad en la que se confirman las relaciones sociales; costumbres; tradiciones, así como reglas de crianza y educación de una determinada cultura.
Los padres de familia (entendidos como MAMÁ Y PAPÁ) son los encargados de dar vida y sentido a la FAMILIA; ejerciendo para ello ciertos ROLES y funciones, algunos ya inmutables. Veamos: a la madre se le ha asignado el papel de OCUPARSE de los demás miembros de la familia ( ésto sigue en vigencia aún,luego de que las madres pasamos el mismo tiempo fuera del hogar que los papás realizando nuestro trabajo). Mientras que al padre se le ha asignado el ROL de proveedor económico principal y control de autoridad; pero muy pocos participativos en las labores domésticas, atención, CONVIVENCIA Y EDUCACIÓN de sus hijos; ésto ocasiona "ausencia" de la figura PATERNA y sin proponérselo crea en los hijos una fuerte carencia en su vida emocional-afectiva. Según recientes estudios, cuando los niños crecen sin haber compartido SUFICIENTE tiempo con sus papás, llevan esta añoranza hasta la adultez.
Afortunadamente en esta área,en los últimos años, se observa un padre más participativo, se involucra más en la crianza de los hijos, en su educación. Aunque falta algo de camino que recorrer para que esta participación sea 100% EFECTIVA.
Los papás son propensos a desestimar su rol y el VALOR de su participación en la educación de sus hijos, bajo el argumento de que DEBEN ocuparse de asuntos más importantes. Pero, ¿Qué puede ser más importante que la crianza de un hijo? NADA repone el tiempo perdido en el diario convivir PADRE-HIJO. Cuando el padre se involucra en las actividades (todo tipo de actividades), del hogar; el niño se forma la idea de un padre RESPONSABLE, PROTECTOR, COLABORADOR y ésto le ofrece SEGURIDAD AFECTIVA Y EMOCIONAL, moldeando su personalidad y carácter para ser en un futuro, a su vez, adultos RESPONSABLES Y SEGUROS de sí mismos.

Ahora bien, ¿Cómo ser o comenzar a ser un papá más participativo? Todo va a depender de la actitud y DISPOSICIÓN de papá. Sin embargo, le proponemos algunos consejos generales, prácticos y muy sencillos :
  • A los futuros papás: INVOLÚCRESE en el embarazo de su pareja; acompáñela a las citas con el obstetra. Háblele a su hijo en el vientre de mamá. Si es posible, asista al parto.VEA a su hijo nacer. Es una experiencia ÚNICA E IRREPETIBLE.
  • Al nacer su hijo : ayude a su pareja en las tareas de alimentar al bebé, cambio de pañal , dormirle, etc
  • Asista en lo posible, con su pareja, a las consultas pediátricas : ésto le hace participar en la evolución de su hijo. Es hermoso
  • Esté presente en cada una de las etapas de crecimiento de su hijo: primer dientecito, primera palabra, primer paso.....CELÉBRELO!
  • Cuando su hijo esté en edad escolar o si ya lo está: Trate en lo posible de llevarles al colegio todos los días. Involúcrese con sus actividades del colegio. Conozca a sus compañeros de clase, a su maestra. Trate de asistir, con su pareja a las reuniones para padres, a los actos culturales / teatro....APÓYELOS!
  • Muéstrese interesado en los trabajos escolares de su hijo. Ofrézcale ayuda cuando lo necesite, unque sea telefónicamente, desde su sitio de trabajo.
  • Trate en lo posible de llegar a casa temprano luego de la jornada de trabajo para compartir un rato con sus hijos: cenen juntos, léales un cuento, vean una película o simplemente HABLEN de cualquier tema
  • Lleve a su(s) hijo(s) al trabajo de vez en cuando, muéstrele su escritorio, lo que ud. hace. Preséntelos a sus compañeros de trabajo
  • Trate de hacer una actividad todos los fines de semana con su(s) hijo(s): montar bicicleta, clases de natación, acampar, etc
  • Cocine con y/o para su(s) hijo(s), si no le es posible en la semana, hágalo los fines de semana, al menos una vez por mes
  • Cuando esté lejos de casa por razones de trabajo: llame a su familia, hable con su esposa, con su hijo o con c/u de sus hijos. Envíeles mensajes por e-mail a c/u. Que ellos sientan que los tiene presente a cada momento
  • Cuéntele anécdotas a su(s) hijo(s) de su propia familia: de sus abuelos; tíos ; de su niñez
  • Hable con sus hijo(s), escúchelos sin interrupción. ATENTAMENTE. Conózcalo(s). Preste atención a sus diferencias individuales
  • De a su(s) hijo(s) ese regalo tan maravilloso que no puede comprarse: AMOR, INTERÉS, ATENCIÓN Y TIEMPO....TIEMPO DE CALIDAD!

Y no olviden queridos papás: la familia bien conformada, donde papá y mamá COMPARTEN la crianza de sus hijos, en un clima de comprensión y afecto que estimulen la autoestima, confianza y valores tendrá una influencia 100% POSITIVA en el desarrollo de una personalidad SANA en su (s) hijo(s).

GISELA VALERA. Psicopedagoga

Hacia una independencia sana: normas y límites. Rabietas ¿qué hacer?

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Entrevista-chat con Lolita Terol. Hemos participado - febrero 2009- en un chat online en el diario local de Alicante. Podéis consultar la entrevista original aquí.


1. Hola Lolita. Mi hija Julia tiene 13 meses. Cuando debo empezar a poner normas, limites etc? Siendo tan pequeña, no se si entiende que la estoy riñendo o que le estoy diciendo que no a algo. Gracias. Patricia


» Hola Patricia, El gran reto de los padres y madres es alimentar la pasión y la implicación de nuestros hijos e hijas en el mundo, así como enseñarles a adaptarse a las normas de la sociedad. Y lo más efectivo es ser padres y madres firmes y amorosos; para poder acompañar adecuadamente a nuestros hijos e hijas. En este sentido, es fundamental saber decir "no", cuando corresponda; siempre desde el amor y el respeto; con voz firme y segura. Tu hija de 13 meses, poco a poco irá comprendiendo la intención de sus padres, y valorará vuestras emociones. Actualmente es una exploradora, está empezando a investigar y descubrir el mundo que le rodea. Es el momento de crear un entorno seguro en casa (libre de peligros: proteger enchufes, quitar de su alcance productos de limpieza, proteger bordes y picos de muebles...). Es la edad en la que empezamos a establecer los LIMITES DE SEGURIDAD, que permitirán proteger la salud de vuestra hija. Tranquilamente, cuando tengas que decir "no" a tu hija, hazlo ("no se toca el enchufe", con cara seria, y voz contundente y la apartas del peligro). Desde la tranquilidad, sin ponernos nerviosos. Y luego, seguiremos con lo que estábamos haciendo, como si nada hubiera pasado. gracias por tu pregunta! Lolita.



2. Mi hijo tiene 2 años y 4 meses y queremos que empiece a dejar de utilizar pañales. Le animamos cuando siente ganas de hacer caca, que no se esconda y que vaya al baño a hacerlo en el orinal o en el adaptador, pero se niega. ¿Cómo podemos ayudarlo?


» Aprender a controlar esfínteres depende de la madurez del niño, más que de normas y límites. Si el niño está preparado física y emocionalmente, empezaremos el proceso de "retirar los pañales", PERO si no está preparado, tendremos paciencia y esperaremos el momento adecuado. Indicadores para saber si tu hijo está preparado para retirarle los pañales: 1.Le llama la atención cuando le cambian el pañal a otro niño/a. 2.Le gusta estar presente y mirar cómo papá/mamá van al aseo. 3.Está varias horas sin mojar el pañal. 4.Sabe cuándo tiene ganas de hacer pipí o caca. 5.Intenta controlar su entorno: por ejemplo, sin querer quitarse una camiseta que lleva puesta. 6.Le gusta jugar con agua, abrir y cerrar los grifos... Si tu hijo cumple con estos requisitos, está preparado para empezar a quitarle el pañal y, entonces sí, podéis establecer unas normas al respecto: 1.El orinal se utiliza en el aseo (nada de ir colocándolo en cualquier habitación de la casa, como si fuera un juguete más). 2.Cuando tengas ganas de pipí o caca, avisa a mamá o papá y te acompañaremos al aseo. --al principio, es una sugerencia, para que vaya cogiendo el hábito-- CON MUCHA PACIENCIA Y AMOR. (por lo que comentas, actualmente se niega a hacerlo: no se le puede obligar. PODEÍS LEERLE EL CUENTO titulado "TENGO PIS"; que le ayudará a coger la rutina de ir al aseo) 3.Le explicaremos los pasos para hacer pipí/caca, y serán una norma a cumplir poco a poco (bajarse la ropa, hacer pipí/cada, limpiarse con papel, subirse la ropa, tirar de la cadena y lavarse las manos). REPETIREMOS ESTOS PASOS UNA Y OTRA VEZ hasta que el niño los vaya aprendiendo. INSISTO: CON MUCHA PACIENCIA Y AMOR. ¡Animo!



3. Muy buenas, soy Laura y tengo una nena de 6 meses, que se despierta por la noche casi siempre a la misma hora gritando como si le doliese algo, la cojo en brazos y sigue durmiendo, la gente me dice que es bracitis pero no se que puedo hacer. Gracias


» Hola Laura, a los 6 meses recomiendo que atiendas a tu hija todas las veces que sea necesario, sin miedo a que se malacostumbre. Es muy pequeña para empezar con normas y límites. Tu hija te necesita, te llama, y tú le respondes adecuadamente cogiéndola. Si te parece que le duele algo, mira a ver si tiene gases, si está estreñida (quizás un masaje en la barriguita antes de dormir le vendría bien) - si necesitas más información sobre masaje infantil puedes ver nuestra web (www.centroandares.com) o enviarme un mail: lterol@centroandares.com Animo! Lolita.



4. Cuando voy de compras con mi hijo, y no le dejo tocar las cosas de las tiendas, termina tirándose por el suelo, montando el escándalo y me toca irme corriendo para que no moleste más.... ¿cómo puedo solucionarlo? Gracias.


» Hola. Por la descripción que haces de la situación, parece que estamos hablando de una rabieta ¿verdad? (pérdida de control, desbordado por sus propias emociones, y puede ir acompañado de pataletas, lloriqueos, gritos, llantos...) Las rabietas suelen aparecer alrededor de los 2 años y pueden durar hasta los 4 o 5... poco a poco irán desapareciendo. Se trata de una etapa de "crisis" del crecimiento infantil. Forman parte del desarrollo de nuestros hijos ,y es importante cómo reaccionamos los adultos ante las rabietas. En la situación que comentas, tu hijo se revela contra el límite que le has puesto de "no tocar las cosas de las tiendas". Y puede que influya también si tu hijo se encuentra cansado o tiene hambre (en estas condiciones tanto adultos como niños estamos más irascibles ¿verdad?) Está bien que le pongas este límite de "no tocar las cosas". PERO ¿qué tal si motivas a tu hijo con algún juego para que no llegue al límite y se desencadene la rabieta? POR EJEMPLO: puedes proponerle que sea tu ayudante, y que se encargue de... algo que le resulte interesante y sea proporcionado a su edad (no sé qué edad tiene) -ayudarte a llevar un artículo que vas a comprar, buscar dónde está algún producto que tienes que comprar, etc...- dale una meta, un propósito... para él será un juego divertido y a ti te ayuda a hacer más llevadero el momento de la compra. ¡animo!



5. Cual consideras que es la mejor edad para comenzar a ir a la guarderia?


» Antes de los 8 meses, o después de los 18 meses. Evitaremos el inicio de la escuela infantil entre los 8 y los 18 meses, que es cuando se produce -aproximadamente- la etapa de separación de mamá (o adulto de referencia). Te remito a nuestro foro, donde puedes encontrar PAUTAS PARA FACILITAR UNA BUENA INCORPORACIÓN A LA ESCUELA INFANTIL. Animo!



6. Hola Lolita. Tengo una hija de 5 meses que a menudo se pone a berrear como una loca y no sabemos a qué se debe. Gracias


» Hola! Como he comentado antes sobre un bebé de 6 meses. A estas edades no tienen sentido las normas y límites, y, por supuesto, el llanto de tu bebé de 5 meses no es una rabieta. Lo único que puedo decirte, al no tener más datos sobre vosotros y vuestra hija, es que acudáis a su llanto, la cojáis en brazos, le déis todo vuestro amor y tratéis de ir identificando qué quiere deciros con su llanto. Y en caso de dudas, podeis consultar con vuestro pediatra. Estamos a vuestra disposición en www.centroandares.com gracias.



7. Hay alguna forma para que aprenda acomer de todo sin ser tan selectivos. Ya sabe con 15 meses lo que le gusta y lo demas me dice que no...en especial los pures. Gracias


» El "mundo de las comidas" también debe ir acompañado de ciertas normas. Te recomiendo que desde el principio (es decir, desde YA) dejes claro que se come lo que se ha cocinado. Nada de menús a la carta (siendo flexibles, por supuesto en ocasiones especiales, por ejemplo, si nuestro hijo/a está enfermo, etc.) Para llevar esto a la práctica: 1.Prepara poca cantidad de lo que le gusta menos, para que tenga la satisfacción de terminarse su ración. Y la felicitas por eso. 2.Mezcla alimentos que le gustan, con aquellos que le gustan menos y que tenga que comérselos a la vez. Por ejemplo: puré con trocitos de pan, o trocitos de algo que le guste. ánimo!



8. Por las mañanas, mi hija de 3 años -que es muy cabezota- se empeña en elegir ella la ropa, y terminamos discutiendo, me pongo nerviosa por las prisas para llegar al cole y termina manipulándome. ¿cómo puedo solucionarlo?


» A los 3 años de edad, los niños y niñas tienen mayor sentido de sí mismos como individuos y están en plena etapa de rivalidad y egoísmo (intentan imponer su voluntad); les gusta afirmar su independencia. Ahora entiendes mejor porqué tu hija "es muy cabezota", como tú dices ¿verdad? ¿Cómo puedes actuar tú en la situación que comentas? Por ejemplo: podrías darle a elegir los calcetines y las braguitas y tú eliges el resto de la ropa. Establece esa norma "Mamá decide qué ropa te pones, y tú eliges tus calcetines y las braguitas"... y se la recuerdas por la mañana, antes de que surja el conflicto: "a ver ¿quién es la encargada de buscar los calcetines y las braguitas?" -ella se sentirá responsable, independiente, ... y animada- y tú mientras tanto coges la ropa que se tiene que poner. Es un ejemplo. Utiliza tu ingenio para transformar las situaciones conflictivas en juegos y retos divertidos. Animo!



9. Mi hijo tiene 3 años y siempre que ve en alguna tienda algo que le gusta y no se lo compro se pone a llorar ¿Que puedo hacer al respecto?


» Tu hijo llora porque no le gusta recibir un "no" por respuesta a algo que desea. Es normal. Lo que tienes que ver es cómo te sientes tú ante ese llanto, y cómo reaccionas en consecuencia. Nuestro trabajo como madres y padres es enseñar a nuestros hijos e hijas a canalizar esa frustración que sienten ante una negativa. Por eso, debemos actuar desde el cariño, el respeto y el amor. Aceptaremos su llanto, sin molestarnos, y desde la tranquilidad, le repetiremos cuál es nuestra decisión (un NO). Y ya está. (Sé que controlar nuestras propias emociones es complicado: pero es un buen reto ¿te parece?) Así estás ayudando a tu hijo a ubicarse en el mundo. Las normas y límites son necesarios para que tengan un punto de referencia, un punto de partida, y se sientan seguros. Debemos aprender a decir NO, con firmeza y amor. Y sé que cuando estamos en la calle es más complicado que en casa, porque es frecuente sentirnos avergonzados cuando los demás nos miran porque nuestro hijo está llorando... Te recomiendo hacer el ejercicio de "pasar de los demás" y centrar tu energía en relajarte tú y atender a tu hijo (recordándole, desde la tranquilidad, que has decidido No comprarle lo que te ha pedido). Animo!



10. Tengo un niño de 23 meses y muchas veces pretender imponer su voluntad con lloros incontrolables, que postura debemos adoptar los padres ??


» Un niño de dos años está en plena etapa de "oposición" (un "no" sistemático a todo lo que se le propone). Es normal: forma parte de su crecimiento. Como padres: no cederemos a sus rabietas, y cuando el niño llore y grite con rabia, le diremos (desde el amor, la tranquilidad y el respeto) "COMPRENDO que estés enfadado, PERO eso NO se puede hacer". Ánimo!



11. Mi nena tiene 17 meses y me preocupa que todavía no hable. A lo más dice Ohh. de vez en cuando y señana con el dedo o hace grititos. ¿Cómo puedo estimularla para comienzar las primeras palabras?


» Aunque no tiene relación con normas, límites y rabietas, te respondo: Hablar a tu hija es la mejor forma de estimularla. Explicarle las cosas que le despiertan curiosidad (y señala con su dedito), hablarle, hablarle y hablarle... también puedes jugar con ella a hacer ritmos diciendo "PA-PA", "MA-MA", "TA-TA", y luego con más sílabas "PA-PA-PA", ETC. (al mismo tiempo que dáis palmas con cada sílaba, o golpeando algún objeto sonoro, etc...) Así le ayudas a adquirir el ritmo del habla. Animo! te animo a visitar nuestra web: www.centroandares.com



12. Me cuesta mucho trabajo conseguir salir de casa con mi hijo de 5 años, porque no quiere dejar de jugar y tengo que terminar siempre gritándole y enfadándome. ¿hay algún truco para convencerle sin tener que ponerme así?


» A la edad de tu hijo, es recomendable utilizar el tiempo como límite natural. Esto quiere decir que daremos un tiempo para todo: para jugar, para comer, para dormir, para estar solo con mamá... Y, además, es importante anticipar a los niños los cambios en su rutina, para que esté preparado y la situación no le pille por sorpresa. Por ejemplo: "Ve terminando tu juego, porque cuando mamá termine de arreglarse y peinarse vamos a salir de casa para ir a... (DONDE TENGÁIS QUE IR). Y, sobre todo: mucha calma, paciencia y comprensión, que es lo que tu hijo necesita en estos momentos. (Sé que no es fácil en determinadas situaciones, pero te animo a tomártelo como un reto). un abrazo y mucho ánimo!



13. Tenemos un niño de 3 años y medio y el caso es que no entiende un NO por respuesta, de forma inmediata su reacción es el llanto y la rabieta, no da pie a que le podamos explicar el porque de la negación. Llega a tal extremo que a veces entra en una espiral a la que no sabe poner fin y se puede tirar hasta más de media hora con llantos y gritos. ¿Cómo debemos actuar ante este comportamiento?


» Es normal, por su edad -como ya he comentado en otras preguntas- que no acepte un No por respuesta. Trataremos de evitar las negativas directas: pensar un momento antes de salir con un "no" rotundo. Ejemplo: "déjame ver, lo tendría que pensar mejor". Así suavizamos el "no". Podéis reflejar los deseos del niño "quieres quitar todos los libros de la estantería... sé que te divierte, pero los libros deben estar colocados en la estantería" Y también dar razones en lugar de un "no": "Los libros de mamá no son para jugar porque se estropean". A pesar de tener en cuenta estas pautas, tu hijo seguirá teniendo rabietas, porque forma parte de su desarrollo. Una vez ha estallado la rabieta: debemos acompañar a nuestro hijo: hay niños a los que les gusta el contacto físico (abrazos, besos...) y niños que prefieren que les dejen tranquilos (en este caso, desde la tranquilidad, le acompañaremos estando a su lado, diciéndole de vez en cuando que le queremos mucho y que estamos ahí para ayudarle). La rabieta es un "mal trago" para los niños y pueden incluso asustarse. Por eso necesitan comprensión y sentirse acompañados por sus padres. Eso les dará seguridad. Una vez que ha pasado la rabieta, no hablaremos sobre lo ocurrido: y nos pondremos a jugar a algo divertido. animo!



14. Nuestra otra hija también de 3 años y medio, son mellizos, es una niña a veces desafiante, sabe que hay cosas que están mal hechas y eso parece gratificarle, es como si quisiera tener protagonismo no sólo por las cosas bien hechas sino también por las cosas que sabe que están mal hechas. Qué pautas son las más adecuadas ante este tipo de comportamiento?. Gracias.


» Esa conducta desafiante está relacionada con la etapa de desarrollo en la que se encuentra: de rivalidad, egoismo y afirmación de su independencia. La forma de actuar ante este tipo de comportamiento es la misma que para vuestro otro hijo. Dejando claros los límites, y decir No cuando corresponda; siempre -insisto- desde el amor y el respeto y con firmeza. Así conseguiremos tener AUTORIDAD sin ser AUTORITARIOS. ANIMO!


Muchas gracias por vuestras interesantes preguntas. Si me lo permitís, os recomiendo un libro muy enriquecedor: "ÁMAME PARA QUE ME PUEDA IR. El arte de acompañar a los hijos en el proceso de convertirse en personas". Autores: JAUME SOLER Y MARIA MERCÈ CONANGLA. Animo y amor para todos y todas! Lolita.

Inteligencia Emocional: La necesidad de aprender a “sentir” y “compartir” juntos

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Los problemas que comúnmente detectamos con respecto al mundo emocional y social en las escuelas que atienden a adolescentes los podemos clasificar teniendo en cuenta la relación entre los estudiantes, entre ellos y los profesores y cómo ellos creen que los profesores los consideran.

Entre los estudiantes hay muchas veces dificultades de integración. Esto puede estar presente cuándo ingresa un alumno nuevo proveniente de otra escuela, cuándo se producen antagonismos entre compañeros lo que lleva a que se sienta perturbado el aprendizaje y la convivencia en el aula, algunos alumnos pueden sentirse perjudicados con esa situación. Muchas veces se observan celos y rivalidad entre los distintos subgrupos de una clase o entre alumnos de distintos cursos y diversas edades.

Es frecuente en algunos establecimientos educativos encontrarnos con episodios de violencia en forma física o verbal, con hostigamientos, estigmatizaciones y aislamientos de uno o varios sujetos con respecto al grupo mayor de la clase.

En cuánto a la cuestión de género, es frecuente observar que los adolescentes tienen ciertas dificultades al momento de reconocer la expresión y la aceptación de los aspectos emocionales de cada uno de los sexos, que pueden ser diversas.

Con respecto a la relación entre los adolescentes y sus profesores, muchas veces encontramos “quejas” de los alumnos cuándo sienten que el docente no los acompaña, no los comprende en su camino hacia la apropiación de los conocimientos específicos de las materias, cuándo les resulta dificultosas de comprender.

Pero es importante rescatar, la valoración positiva por parte de los alumnos hacia aquellos docentes, que sienten que se preocupan por su rendimiento y las situaciones personales que los afectan.

Muchas veces se produce una falta de empatía del alumno hacia el docente o del docente hacia el alumno, que hace que los primeros digan: “no me llevo bien”, “la/el profesor me tiene de punto” y en cuánto al profesorado que se manifieste el tan nombrado “malestar de la profesión”.

Con respecto a la relación entre el personal docente, es importante que se viva un clima de buen humor y alegría así como también un ambiente de libre y cooperativo trabajo.

¿Somos concientes de la importancia y necesidad de la educación emocional de nuestros alumnos?

Desde mi punto vista, es fundamental que se tengan en cuenta la educación emocional de todas las personas que conviven y trabajan en los colegios. Los aspectos emocionales de los jóvenes pueden ser tenidos en cuenta cuándo se los escucha, se los respeta, se los estima, cuándo se le realizan festejos, salidas, convivencias, jornadas con temas de interés para la etapa adolescente etc.; pero fundamentalmente en el clima que se vive desde que uno ingresa a la institución y en el trascurso de toda la jornada escolar.

En cuánto a la situación de aula, pareciera que es más importante la educación intelectual, a través de las distintas disciplinas. De hecho es importante para que el adolescente se apropie de nuestra cultura, pero sería interesante atender a las necesidades emocionales de los alumnos y educarlas; dejando de verlos como simples “cabezas pensantes” y considerando que también son un cuerpo con un corazón que siente y late y que cuándo cuerpo, mente y sentimiento van unidos es mucho más placentero el aprender.

Algunas iniciativas como el trabajo de acompañamiento psicopedagógico, la presencia de profesores consejeros o tutores en las aulas, pueden acrecentar la conciencia de la importancia de apostar a la educación de las emociones en los jóvenes. La escuela debe ser contenedora de alumnos, padres y del personal profesional docente que trabaja en ella.


¿Aceptamos que la educación de las emociones debe estar presente en nuestras clases?

En general, en los lineamientos curriculares de las escuelas medias de la República Argentina, predominan los contenidos cognitivos, aparecen también los valorativos pero todavía no están tan presentes la educación de las emociones.

En las clases, no es tan fácil comprender y atender las necesidades y posibilidades de la educación de las emociones.

No obstante hay muchas materias que se prestan especialmente para la educación emocional como lo son: educación ciudadana, psicología, historia, literatura, periodismo, política, geografía, etc. sin dejar de considerar que la educación emocional tiene que estar presente en todas las materias que tienen los adolescentes porque en realidad, la educación emocional no es privativa de una asignatura sino que las puede atravesar transversalmente a todas.

Los obstáculos que pueden encontrarse en la escuela son en primerísimo lugar, como dije anteriormente, que en la tradición escolar y en la formación docente no se han tenido en cuenta suficientemente la educación emocional.

La educación emocional, tal como la plantea Daniel Goleman, consiste en primera instancia en que docentes y alumnos lleguen al reconocimiento de sus estados emocionales, luego que aprendan a controlar sus aspectos impulsivos y aprovechar la sana energía de las motivaciones emocionales.

Este desconocimiento de la existencia de la inteligencia emocional hace que muchas veces no se tengan en cuenta las habilidades intrapersonales, o sea al interior de cada uno de nosotros, como lo son el autoconocimiento, la autoestima y la motivación. También como sujetos tenemos habilidades interpersonales, o sea, cada uno de nosotros en relación con las personas que nos rodean e interactuando con ellas. Con respecto a esta última habilidad deberíamos desarrollar la competencia en cuánto a comprender a los demás por la empatía y desarrollo de habilidades sociales.

¿De qué manera podríamos trabajar la educación emocional docente?

A través del trabajo institucional sobre lecturas de material teórico y experiencias prácticas docentes.

A través de “Talleres de reflexión grupal”.

A través de “Cursos de capacitación” específicos acerca de la inteligencia emocional.

¿De qué manera podríamos trabajar la educación emocional de los alumnos?


Sería interesante realizar algunas experiencias con propuestas de trabajo que permitan a los alumnos aprender las estrategias necesarias para una educación emocional, algunas de ellas podrían ser:

El conocimiento de sus propias emociones.

Reflexiones con los docentes sobre sus expectativas, miedos, relaciones con compañeros y docentes, su rendimiento y calificaciones escolares, los señalamientos y correcciones de disciplina y convivencia.

La capacidad de controlar sus emociones.

Aprender a expresar verbalmente las propias emociones.

Pensar caminos “alternativos” en situaciones de impulsividad que los lleven a expresarse con el diálogo y la mediación en lugar de poner el cuerpo y la agresión.

Aceptar y ensayar conductas reparatorias y de reconciliación.

La capacidad de motivarse a sí mismo.

Trabajar para elevar la autoestima y la confianza en las posibilidades escolares y sociales de nuestros alumnos.

Ofrecer posibilidades de recuperación de tareas, contenidos, objetivos, transgresiones de convivencia, etc.

La capacidad para reconocer y aceptar las emociones de los demás.

Comenzar con el reconocimiento de las propias emociones.

Aprender a percibir al otro a través de su comunicación no verbal, como lo son las expresiones faciales, los gestos y las actitudes corporales.

Acompañar en situaciones difíciles de la familia como lo son las enfermedades, duelos, desempleo, dificultades económicas o conflictos familiares.

La capacidad para desarrollar la empatía: ponerse en el lugar del otro.

Aceptar que somos distintos.

Evitar los prejuicios sobre los demás ya sea por las condiciones físicas, género, familia, nivel social y cultural.

Ser cuidadoso en la valoración de conductas y rendimientos evitando enjuiciar a la persona.

Mantener siempre un margen de duda sobre las propias percepciones de los demás.

Desarrollar la capacidad de escucha.

Cultivar la esperanza y la confianza en el otro, apostar al “siempre se puede”.

El control de las relaciones de comunicación interpersonal.

Propiciar actitudes de simpatía, solidaridad y tolerancia.

Respetar las manifestaciones de la otra persona sobre sus intenciones.

Buscar espacios de diálogo y ayuda para la superación de conflictos.

Por Edith Beatriz Burgos

Situación del niño adoptado

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Quisiera aportar mi granito de arena al importante tema sobre la adopción que tan acertadamente han desarrollado los colegas Beatriz San Román y Marc Giner, con este artículo en el cual reseño, lo más simple posible, de los alcances emocionales en el niño y/o joven adoptado.

Una de las más hermosas expresiones que he escuchado al referirse al hijo adoptivo es "El hijo que parió mi corazón".
Si analizamos esta expresión, nos damos cuenta de que la diferencia con un hijo biológico no radica en la concepción del hijo, ni tampoco en el acto de parir, sino más bien en la "modalidad" del parto, ya que en lugar de ser del útero, el hijo adoptivo nace del corazón.
Un hijo adoptivo es el fruto de un acto racional de amor y el resultado de un proceso de adopción. Si pensamos en términos de proceso, el cual implica separación del grupo familiar biológico y nueva unión, proceso que sin descuidar el aspecto legal, es un hecho que conlleva emociones y funciones en el cual la necesidad de asumir nuevos roles y establecer la relación que entre ambas partes va a existir, implica expectativas y compromisos de índole emocional.
Dentro de este "feedback" de emociones siempre se habla del compromiso emocional, psicológico y legal por parte de los padres adoptivos, pero, ¿cuáles son los compromisos emocionales y psicológicos del hijo adoptivo?
Dichos compromisos,¿son necesariamente consecuencia de su condición de hijo adoptivo o pudiesen ser adjudicados a otros aspectos de estructura biopsicosocial?
¿La situación emocional, psicológica y social de los padres adoptivos incide directamente en el compromiso emocional del hijo?

En relación a los padres adoptivos, se deben considerar los siguientes factores:
A) Conflictos emocionales: se presentan previo a la adopción:
¿Por qué adoptar?
Sentimientos de frustración
Sentimientos de culpa y rabia entre los cónyugues al conocer de la infertilidad del otro
Carencia de experiencias: embarazo- parto- puerperio- tríada papá-mamá-hijo
B) Expectativas en relación al niño:
En el aspecto salud
Genética
Rasgos físicos
Herencia
Inseguridad a asumir genuinamente el rol de padres
C) Manejo de la información:
¿Debe saberlo?
¿Cuándo, cómo decirle a su hijo que es adoptado?
Todos estos factores expuestos inciden directamente en la estabilidad emocional del niño y/o joven adoptado, en cuanto a:
  • Importancia que para él reviste lo que sus padres adoptivos piensen de él y reaccionen ante él.
  • Separación del medio biológico, ubicación transitoria e ingreso al hogar adoptivo
  • Incertidumbre en cuanto a si sus nuevos padres le aceptarán siempre e incondicionalmente; lo que le ocasiona dudas al expresar libremente sus sentimientos de rabia, indiferencia (propio de niños y adolescentes ante determinadas situaciones), por temor a que "no le quieran"

Y llegamos al punto más polémico: todo niño adoptado amerita saber su condición, ya que su ocultamiento, por parte de los padres adoptivos, puede crear reserva e inquietud en el trato cotidiano, factores perjudiciales en la estructura emocional del niño y/o joven.

Un aspecto que puede convertir los compromisos emocionales del niño en situaciones patológicas ,radica en el mensaje implícito que puede recibir el hijo adoptivo de la información. El "te regalaron", "te abandonaron", hará que el niño se plantee: ¿por qué no estoy con mis verdaderos padres?; ¿soy malo y por éso me regalaron?; ¿por qué no me querían?¿ellos son malos y por éso me abandonaron?; ¿soy varón, querían una niña? Así que la expresión "te abandonaron" debe transformarse en un "FUISTE ELEGIDO"

En la edad de la adolescencia se agudiza el conflicto por los factores inherentes a esta etapa vital. El adolescente,por su posición extremista, puede tender a idealizar a los padres biológicos y querer conocerles. Esta situación producirá gran angustia en los padres adoptivos, los cuales deberán estar preparados para ello y sobrellevar la situación lo más serenamente posible. Y recordar que:

  • El hijo adoptivo tiene también compromisos emocionales que enfrentar
  • Que los compromisos emocionales del hijo adoptivo no siempre son el resultado de su posición
  • En el hijo adoptivo, sus compromisos emocionales y la posibilidad de alcance patológico, van a depender tanto de factores intrínsecos, como de las circunstancias que le rodean: actitud de los padres, conocimiento de su condición, edad y modalidad de la información- "revelación"
  • La transformación de compromiso emocional en conflicto patológico, dependerá de la claridad y respeto que se le ofrezca a sus interrogantes
  • Y sobre todo, acordarse de que el hijo adoptivo es "EL HIJO QUE PARIÓ MI CORAZÓN".


Documental: Educación emocional

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Hace unas semanas publicaba un video del programa redes sobre el Cerebro del bebé, esta vez publico otro video muy interesante sobre la educación emocional, la primera parte nos explica como se generan las emociones y como reaccionamos ante ellas. Por otra parte, la segunda parte del documental resulta muy interesante donde Eduard Punset hace una entrevista a Alvaro Marchesi (Catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid) y a Ignacio Morgado (Catedrático de Psicobiología y Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona), donde debaten sobre el trabajo de la emociones en la escuela. Muy recomendable.
Os dejamos a continuación el enlace al video:
http://tu.tv/videos/redes-394-educacion-emocional-11-04-06
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ESTILOS EDUCATIVOS: LA SOBREPROTECCIÓN

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Los padres tienen su propia personalidad; y hacen o dicen unas cosas a su hijo que otro padre o madre no haría o diría. Esas maneras de relacionarse con los hijos dan lugar a lo que se conoce como estilos educativos.

Dentro del estilo sobreprotector podríamos agrupar a los padres y madres que piensan:

 Yo soy totalmente responsable de lo que le pueda ocurrir a mi hijo/a.
 La vida ya le proporcionará suficientes inconvenientes cuando sea mayor; mientras yo pueda procuraré que disfrute todo lo posible.
 Debo cuidar en todo momento de mi hijo, todavía no es capaz de hacer esto por sí solo.
 Soy indispensable para él.
 El niño/a no sabe, no puede...
 El niño/a todavía es pequeño/a para...
 Si dejo que haga esto solo/a, puede que sufra algún perjuicio...
 Me sentiría culpable si algo desagradable le ocurriese.


En general, podría decirse que como resultado de este tipo de pensamientos, aparecería sentimientos o emociones del tipo de:

 Excesiva preocupación y nerviosismo cuando el niño/a hace algo sin su ayuda o supervisión.
 Enfadados cuando el niño/a pide que le permitan tener experiencias propias.
 Tranquilos cuando ayudan o supervisan al niño/a.
 Culpabilidad por no haberle evitado éste o aquél peligro.


Los padres y madres englobados en esta categoría hacen cosas como éstas:

 Evitan que realice actividades que consideran arriesgadas, peligrosas o incluso molestas para él/ella.
 Dan constantemente consejos acerca de cómo “debe” y “no debe” actuar.
 Realizan frecuentes llamadas de atención sobre riesgos o peligros; pretendiendo que, atemorizado/a por estos posibles inconvenientes, no haga o deje de hacer algo que desaprueban.
 Tienden a dárselo todo hecho al niño.
 A menudo, castigan verbal y gestualmente los intentos de actuar bajo iniciativa y autonomía personal.
 Fijan su atención en las imperfecciones y los errores del niño/a; reafirmando así las propias creencias en su inexperiencia e incapacidad para actuar solo/a.
 Elogian y animan casi exclusivamente las conductas de búsqueda de apoyo en el educador.
El fundamento de esta manera de relacionarse con los hijos podría deberse a diferentes aspectos:

 Hiperresponsabilidad:

Los padres piensan que el niño es un ser débil, ignorante, inexperto,... a quien hay que proteger, evitando que se exponga a situaciones de riesgo en las que pueda sufrir algún prejuicio. Se consideran excesivamente responsables de su desarrollo.

 Culpabilización:

Al mantener la firme creencia de que tienen la obligación de proporcionar la mayor ayuda posible a sus hijos y evitarles cualquier tipo de problemas, dolor o inconvenientes, se sienten culpables cuando no lo consiguen.


Las consecuencias derivadas de utilizar uno u otro estilo educativo son completamente diferentes dependiendo del estilo que predomine. Pero en general puede decirse que los niños/as educados bajo un estilo educativo predominantemente sobreprotector pueden llegar a presentar:

 El desarrollo de un concepto de sí mismo/a muy deficiente, ya que, al no haber podido poner a prueba su competencia personal, no puede sentirse satisfecho/a de sí mismo/a.
 Retrasos en el aprendizaje de habilidades de autocuidado personal y otras habilidades sociales.
 Un desarrolla con miedo a la autonomía, buscando constantemente seguridad en otros.
 Carencia de iniciativa para emprender acciones por cuenta propia. Siempre espera instrucciones.
 Desinterés y despreocupación por los asuntos que le conciernen, basándose en la experiencia previa: “Ya me lo resolverán otros”.
 Inseguridad y baja autoestima.
 Ansiedad al no ser capaces de afrontar los acontecimientos vitales de forma autónoma, lo que puede desencadenar problemas tales como: miedos excesivos, timidez, agresividad, problemas de conducta en casa y en el colegio, etc.

Sin embargo, es importante destacar que la educación predominantemente sobreprotectora no implica necesariamente que los todos problemas mencionados se vayan a producir, se habla de una mayor probabilidad de aparición.

A la mayoría de los padres le gustaría que sus hijos no se equivocaran, que no tuvieran que sufrir, y poder evitar esos malos momentos que ellos, a través de su experiencia, recuerdan como negativos. Hay que destacar que esto ¡no es posible!, ya que para que se conviertan en individuos capaces de actuar y defenderse han de desenvolverse por sí solos; a través del “aprendizaje ensayo-error” van a ser capaces de crearse sus propias estrategias de actuación y resolución de conflictos. El niño tiene que equivocarse y experimentar por sí mismo en un nivel de riesgo tolerable.

Referencias:
Grupo Albor-Cohs (1998). Perfil de Estilos Educativos. En Manual de Referencia.
Ed. Cohs. Consultores en Ciencias Humanas, S.L.

Las rabietas en los niños: cómo controlarlas

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Publico este artículo cedido por Cesar Andrés López (psicologo clínico) de Punto de partida.

Se trata de un artículo muy interesante sobre como abordar las rabietas o pataletas, un aspecto que suele preocupar mucho a los padres y madres, un problema que se puede solucionar de forma relativamente sencilla, siempre que se actue de forma consecuente y determinada.
Un muy buen artículo.

Una rabieta o berrinche es una forma inmadura de expresar ira o enojo. Aunque usted tenga un carácter muy dulce y sereno, su hijo probablemente tendrá algunas rabietas. Trate de enseñarle que las rabietas no dan resultado, y que no le harán cambiar de opinión a usted. Para los 3 años de edad, puede empezar a enseñarle a su hijo a expresar sus sentimientos con palabras ("Estás enojado porque..."). Debemos enseñar a los niños que el enojo es normal, pero que debe ser manifestado en la forma apropiada. Cuando los niños llegan a la edad escolar, las rabietas deben ser raras. En la adolescencia, puede recordarle a su hijo que explotar produce una mala impresión y que contar hasta 10 puede ayudarle a recuperar el control.

En lo que se refiere a las rabietas existe una verdad casi universal: La rabieta no sucede si no hay un público que reaccione ante ella. El siguiente video demuestra claramente este punto.



¿Qué debo hacer cuando mi hijo tiene una rabieta?

En general, elogie a su hijo cuando logra dominarse, cuando expresa su enojo con palabras y se muestra dispuesto a cooperar. Sea un buen ejemplo para él manteniendo la calma, sin gritar ni tener rabietas de adulto. Evite pegarle, porque esto le sugiere a su hijo que usted ha perdido el control. Trate de usar las siguientes respuestas a los diferentes tipos de rabietas:

1. Apoye y estimule al niño que tiene rabietas por frustración o fatiga.

A menudo, los niños tienen rabietas cuando se sienten frustrados consigo mismos. Pueden estar frustrados porque no consiguen armar algo. Los niños pequeños pueden estar frustrados porque sus padres no entienden lo que ellos dicen. Los niños mayores pueden estar frustrados a causa de su incapacidad para hacer su tarea escolar.

En estas ocasiones, su hijo necesita estímulo y un padre que lo escuche. Con un brazo apoyado sobre sus hombros, dígale algo que demuestre comprensión, tal como: "Sé que es difícil, pero vas a mejorar. ¿Puedo hacer algo para ayudarte?" Elógiele también por no darse por vencido. Algunas de estas rabietas pueden ser prevenidas haciendo que su hijo se concentre en cosas que puede hacer bien.

Los niños tienden a tener más rabietas cuando están cansados (por ejemplo, cuando no han dormido la siesta), porque son menos capaces de hacer frente a las situaciones frustrantes. En estas ocasiones, haga que su hijo se acueste. El hambre puede contribuir a las rabietas. Si sospecha esto, déle un bocadillo. Las rabietas también aumentan durante una enfermedad.

2. No haga caso a las rabietas motivadas por el deseo de llamar la atención o exigir algo.

Los niños pequeños pueden tener rabietas para salirse con la suya. Tal vez quieran salir con usted, en vez de quedarse con la niñera (babysitter), quieran un dulce, quieran vaciar la gaveta de un mueble o quieran salir a jugar afuera cuando hay mal tiempo. En las rabietas para llamar la atención el niño puede gemir, llorar, golpear el piso o la puerta, cerrar una puerta con violencia, o contener la respiración. Mientras su hijo permanezca en un solo lugar y su comportamiento no sea destructivo, usted puede dejarlo tranquilo.

Si usted reconoce que un evento en particular va a hacer que su hijo pierda los estribos, trate de desviar su atención hacia alguna otra cosa. Sin embargo, no ceda ante las demandas de su hijo. Durante la rabieta, si el comportamiento del niño es inofensivo, ignórelo por completo. Una vez que ha empezado, una rabieta rara vez puede ser interrumpida. Aléjese, incluso yendo a otro cuarto para que el niño ya no tenga quien le escuche. No trate de razonar con su hijo. Simplemente dígale: "Veo que estás muy enojado. Te dejaré solo hasta que te calmes. Hazme saber si quieres hablar". Deje que el niño recupere el control. Después de la rabieta, asuma una actitud amistosa y trate de normalizar las cosas. Usted puede prevenir algunas de estas rabietas diciendo "No" con menos frecuencia.

3. Mueva físicamente al niño que tiene una rabieta porque no quiere o evita hacer algo.

Si su hijo se niega a hacer algo sin importancia (tal como tomar un bocadillo o descansar en la cama), deje pasar este comportamiento antes de que empiece una rabieta. Sin embargo, si su hijo debe hacer algo importante, tal como acostarse a dormir o ir a la guardería, usted no debe dejar que la rabieta le permita evitar eso.

Algunas de estas rabietas pueden ser prevenidas dándole a su hijo una advertencia con 5 minutos de anticipación, en vez de pedirle de repente que deje inmediatamente de hacer lo que está haciendo. Una vez que la rabieta ha empezado, deje que su hijo siga con ella durante 2 ó 3 minutos. Trate de expresar con palabras el descontento del niño: "Tú quieres seguir jugando, pero es hora de dormir". Luego, llévelo a donde tiene que ir (por ejemplo, a la cama), ayudándole tanto como sea necesario (incluso llevándolo en brazos).

4. Para las rabietas de tipo perturbador o destructivo, utilice suspensiones temporales.

Algunas veces las rabietas son demasiado perturbadoras o agresivas para que los padres las pasen por alto. En esas ocasiones, mande o lleve al niño a su cuarto para que permanezca allí durante 2 a 5 minutos. Algunos ejemplos de comportamiento perturbador son los siguientes:

* El niño se cuelga de usted o le sigue de un lado a otro durante la rabieta.
* Su hijo le golpea a usted.
* Su hijo llora y grita durante tanto tiempo que usted se siente exasperada.
* El niño tiene una rabieta en un lugar público, tal como un restaurante o la iglesia. (Lleve al niño a otro sitio para su suspensión temporal. Los derechos de las demás personas deben ser protegidos.)
* Su hijo arroja algún objeto o causa daños materiales durante la rabieta.
5. Sujete al niño cuando tenga rabietas en las que podría causar daño o lastimarse.

Si su hijo ha perdido totalmente el control y grita desatinadamente, usted podría sujetarlo. Perder el control probablemente atemoriza al niño. Sujételo también cuando tenga rabietas durante las cuales podría lastimarse (como cuando se arroja violentamente hacia atrás).

Tome al niño en sus brazos, dígale que usted sabe que está enojado y muéstrele, con su ejemplo, la manera de dominarse. Téngalo en brazos hasta sentir que empieza a relajarse. Esto generalmente requiere de 1 a 3 minutos. Luego, suéltelo. Esta respuesta reconfortante raras veces es necesaria después de los 3 años de edad.

Algunos niños no quieren ser consolados. Tome a su hijo en brazos solamente si esto sirve de algo. Si el niño le dice "Vete", aléjese. Después que pasa la rabieta, a menudo el niño querrá que se lo tenga brevemente en brazos. Esta es una buena manera de reincorporarlo a las actividades de la familia.

¿Cuándo debo llamar a un profesional?

Llame a un profesional durante el horario normal si:
* Su hijo se lastima o lastima a otros durante sus rabietas.
* Las rabietas ocurren cinco o más veces al día.
* Las rabietas ocurren también en la escuela.
* Su hijo tiene varios otros problemas de comportamiento.
* Uno de los padres tiene episodios de rabietas o gritos y no los puede detener.
* Este enfoque no produce una mejoría durante 2 semanas.
* Usted tiene otras preguntas o inquietudes.

¿Podemos educar las emociones?

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Es en la palabra educación donde queda englobado todo nuestro trabajo como docentes y como padres. Sería motivo de largos artículos, debates, coloquios… reflexionar acerca de lo que entendemos por educación, ya que tal vez en la concepción de esta palabra podríamos encontrar algunos de los motivos por los que nuestro país si sitúa a la cola de Europa en términos de educación.
De forma simplificada, podemos decir que educar es enseñar, guiar, mostrar, motivar, ofrecer herramientas, recursos, estrategias, autonomía, querer, ayudar, animar…. en el ámbito escolar y del aprendizaje o en el ámbito familiar y madurativo. Por lo tanto podemos educar en conocimientos, valores, normas de educación, en ser mejores personas… pero en ocasiones la educación emocional queda un poco apartada. Parece haber una concepción compartida sobre las emociones donde estas son causa siempre de alguna circunstancia concreta y al mismo tiempo consecuencias de otras circunstancias concretas, y que para cambiar y educar en las emociones debemos actuar en los factores externos que conlleva la emoción.
Pero debemos saber que si es posible educar en la emoción, seguramente no es una tarea fácil y no todo el mundo está preparado para ello. A grandes rasgos podríamos decir que un “itinerario” para educar las emociones sería el siguie nte: En primer lugar enseñar un vocabulario de las emociones, es decir, mostrar al alumno lo que significa tristeza, alegría, miedo, rabia, amor, vergüenza…. En ocasiones nos encontramos alumnos que experimentan alguna emoción o sensación en su vida diaria a la que no saben poner nombre y por lo tanto no saben identificar, por lo que sin una identificación de la emoción que se está experimentando va a ser imposible plantearse tareas como la de canalizar o cambiar esa emoción.
En un segundo lugar podemos “educar” al alumno realizando un reconocimiento de las emociones (tanto negativas como positivas) que se presentan en la vida diaria, tanto en la propia persona como en la de los otros. Esto ayuda a generalizar el conocimiento de las emociones que previamente hemos realizado. Para ello se plantean situaciones, escritas o vivenciadas donde el alumno debe identificar la emoción que experimenta cada personaje, dándose cuenta paralelamente del motivo que origina tal emoción y la manera en que se expresa.
Una tercera vía de actuación, una vez el alumno ya conoce las emociones, sería la de enseñarla a que la exprese. Para ello lo podemos hacer a través de la dramatización, donde manera exagerada o teatral el alumno encuentra la forma de expresar y dar salida, no sólo a sus emociones, sino a sus pensamientos, ideas…
En cuarto lugar, podemos enseñar a controlar las emociones. Este aspecto resulta ya tarea más compleja, y se deben utilizar diferentes técnicas de tipo conductual, de relajación… Estos no son más que cuatro ejes básicos para educar en la emoción. Una vez consideramos que el alumno ya tiene “conocimientos” en el área de las emociones, podríamos iniciar un trabajo de generalización para irnos al antes y al después de las emociones. Para ello, podemos utilizar por ejemplo la técnica del semáforo de las emociones, donde en primer lugar al alumno tiene que identificar la emoción (hemos trabajado ya anteriormente para ello), posteriormente debe ver de donde procede y finalmente ha de observar cómo se responde o que conductas conlleva. Está claro, que este artículo a diferencia de otros ya publicados en este blog, no pretende ofrecer pautas y recursos para que profesores y padres lo apliquen en casa, ya que la educación de las emociones es un terreno complejo que requiere preparación. Pero si que queremos hacer llegar el mensaje de que sí es posible educar emocionalmente en aquellos alumnos con una cierta inmadurez emocional.

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