Funciones básicas de la familia




La familia es la institución que satisface las necesidades básicas de los niños, le apoya cuando tiene dificultades, sabiendo que dentro de la familia no tiene ninguna batalla que ganar, porque es el lugar de aceptación incondicional.

Es importante ayudar a los padres a conocer las condiciones que deben cumplir y sus posibles errores educativos. Este conocimiento les dará tranquilidad, si lo están haciendo bien, y les ayudará a plantearse y llevar a cabo algunos cambios en los cuidados que ofrecen a sus hijos.

Algunas de las posibles propuestas a tener en cuenta aplicables a cualquier tipo de familia son las siguientes:

       Que el hijo sea deseado y planificado por una pareja o grupo familiar estable, por una o varias personas que estén dispuestas a ser adecuadas figuras de apego.
No planificar el nacimiento o hacerlo en momentos y situaciones en los que no estén garantizados los cuidados adecuados puede ser un gran riesgo para el hijo.
Los hijos se deben tener cuando se está motivado para apostar por dar vida y cuidar, por un lado, y se tiene la capacidad para ello, por otro.

       El hecho de tener varias figuras de apego es de capital importancia por varias razones: los niños requieren una gran dedicación que difícilmente puede ofrecer una persona sola; los celos fraternales son mejor elaborados cuando hay varias figuras de apego; la autonomía del niño se ve favorecida; los propios padres pueden mantener más fácilmente su vida laboral y social…

       La estabilidad y armonía en las relaciones entre los padres. Los conflictos y desarmonías entre los padres son vividos por los hijos como una amenaza a su seguridad.
En todo caso, si los conflictos o la separación son inevitables, es muy importante que ambos padres y sus familiares no hagan de los hijos un instrumento de disputa y no se dediquen a minusvalorar el vínculo que cada uno de ellos tiene con los hijos.

       Los padres deben tener disponibilidad de tiempo para interactuar con sus hijos. Esta relación no debe ser únicamente orientada a satisfacer las necesidades biológicas, sino también, y sobre todo, a desarrollar sus capacidades cognitivas, disfrutar de la intimidad, el contacto y el juego.

       Los padres deben  percibir  e interpretar  las peticiones de los hijos. Por ello deben estar en actitud de escucha, observar atentamente a sus hijos y estar cerca de ellos numerosas horas al día.

       Los padres deben responder contingentemente a las demandas de los hijos.
Los niños, especialmente los más pequeños, no tienen un concepto del tiempo que les permita aplazar la respuesta. Necesitan recibir la respuesta pronto, para poder establecer una relación entre la petición y la respuesta de los padres.
A medida que van teniendo más edad, tiene sentido enseñarles a esperar, ser pacientes, para que aprendan a autocontrolarse y a aceptar la frustración cuando es inevitable.

       Los padres deben ser coherentes en sus conductas con el niño.  Al afrontar de manera similar  situaciones semejantes, los hijos pueden hacerse una idea segura y estable de la relación con ellos.
La coherencia, no significa rigidez. Los criterios y normas pueden aplicarse con flexibilidad, o incluso cambiarse si hay buenas razones para ello.

       Los padres deben servir de modelos de identificación para los hijos.


Como señala Javier Urra (2008),  “en el arte de la comunicación padres-hijos se encuentra una línea muy estrecha que sirve de frontera entre la necesaria autonomía de los hijos y la tutela a ejercer por los padres. Alcanzar el equilibrio es difícil, pero necesario.”


Anna Ruiz Soler
Psicóloga de Centre Giner

 
http://www.cginer.es/ 



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