PRESENCIA DE REFLEJOS PRIMITIVOS Y PROBLEMAS MOTORES EN NIÑOS CON DIFICULTADES DE LECTURA


Martin Mc. Phillips, junto a P. G. Hepper, G. Mulhern, Julie-Anne Jordan-Black y N. Sheehy publicó varios estudios en The Lancet (2000), en Dyslexia (2004) y en Neuropsychologia (2007), sobre la incidencia de los reflejos primitivos en los niños con dislexia y dificultades específicas de lectura. Pueden leerse pequeños resúmenes de los mismos en los siguientes enlaces:

- Primary reflex persistence in children with reading difficulties (dyslexia): A cross-sectional study
- Effects of replicating primary-reflex movements on specific reading difficulties in children: a randomised, double-blind, controlled trial
- Prevalence of persistent primary reflexes and motor problems in children with reading difficulties
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Reflexes
- The effects of the Primary Movement programme on the academic performance of children attending ordinary primary school
- How secrets of the womb can help a dyslexic child (revisión crítica del estudio)

Estos estudios muestran que detrás de algunos niños con dificultades lectoras hay un retraso en el desarrollo y que éste suele ir acompañado de la presencia de reflejos primitivos activos.

Los reflejos primitivos o primarios están presentes en los recién nacidos, pero no deben permanecer activos tras el primer año de vida. Sin embargo, esto puede ocurrir cuando el desarrollo no ha sido el adecuado e incidirá negativamente en muchas de las funciones del niño, dificultando especialmente el aprendizaje.

(Para más información: REFLEJOS PRIMITIVOS Y DIFICULTADES DE APRENDIZAJE)

Para los estudios de Mc. Phillips, se partió de la hipótesis de que los niños con problemas de lectura contaban además con otras dificultades que iban más allá de las puramente vinculadas al lenguaje. Muchas de ellas relacionadas con el equilibrio y el control motor y postural. Esto fue lo que llevó a los investigadores a buscar la presencia de reflejos primitivos (tan importantes en el desarrollo del equilibrio y las habilidades motoras en los primeros meses) como posibles factores determinantes en los déficits en la adquisición de la lectura.

Tras evaluar los reflejos primitivos en cientos de niños de primaria en Irlanda del Norte, se vio claramente que entre los pobres lectores había un gran porcentaje de ellos que contaban con reflejos primitivos no inhibidos, entre ellos en especial, el Reflejo Tónico Asimétrico Cervical.

La prevalencia de reflejos primitivos mostró ser mayor entre los niños varones que entre las niñas. Las habilidades motoras, sin embargo, no se diferenciaban en cuanto al sexo, pero sí estaban relacionadas con las habilidades lectoras. Siendo así que los grupos de niños con dificultades importantes en la lectura, quedaban atrás también en sus habilidades motrices frente a los buenos lectores.

Al parecer, el hecho de proceder de ambientes socialmente desfavorecidos puede ser también un factor que facilite que los niños pasen a engrosar los grupos de malos lectores con reflejos primitivos activos.

Pero en este estudio no solamente se evaluaron los reflejos primitivos de los niños tomándolos como referencia a su nivel lector, sus habilidades motoras, sexo y procedencia social, sino que se experimentó con los niños dividiéndolos en tres grupos para comprobar si trabajando los reflejos primitivos se obtendrían resultados positivos en el desempeño de la lectura.

A uno de los grupos se le asignó ejercicios que imitaban los movimientos realizados por los bebés (y el feto antes de nacer) en la práctica e inhibición de los reflejos primitivos. Estos ejercicios los debían realizar 10 minutos todos los días durante un año. Otro grupo recibió un programa de movimientos no enfocados a la inhibición de los reflejos, éste era el grupo placebo. Por último, un tercer grupo de control no tuvo ningún tipo de intervención.

Se hizo un seguimiento de los tres grupos cada dos meses durante un año. Al final del mismo se pudo comprobar que la repetición de los movimientos naturales de los reflejos primitivos resulta esencial para lograr inhibirlos y favorecer un adecuado desarrollo en el niño. Por lo tanto, con esto queda patente que la inhibición de estos reflejos puede conseguirse a una edad mucho más tardía de la natural (prácticamente todos los reflejos primitivos se inhiben en los primeros meses de vida). Y que esta inhibición incide positivamente en el nivel lector, pues el resultado fue que el primer grupo experimental mejoró notablemente en sus habilidades lectoras y en los movimientos sacádicos oculares al haber inhibido los reflejos primitivos que estaban presentes.

La principal conclusión a la que llegaron los autores de estos estudios es que en el caso de muchos de los niños que asisten a la escuela convencional, su éxito en el aprendizaje puede verse afectado por la persistencia de un sistema de reflejos que debía haberse inhibido en el primer año de vida.

Pero además, sugieren que la dislexia no debería considerarse una categoría dentro de las dificultades de lectura. Que sería más apropiado incluir a todos los pobres lectores dentro de la dislexia, independientemente de su coeficiente intelectual. Esta idea podría acabar con la eterna discusión de dónde empieza y dónde acaba realmente la dislexia en un niño con dificultades de lectura. Estos estudios y muchos otros demuestran que los pobres lectores, no importa su grado de inteligencia, sufren las mismas dificultades en el proceso lector y responden de igual manera a los métodos tradicionales utilizados con los que se trabajan los problemas de lectura.

Los autores quieren dejar claro que no todos los niños que tienen problemas con la lectura o la ortografía cuentan también con reflejos primitivos activos, pero resaltan la conveniencia de evaluar estos reflejos lo antes posible como método complementario a otros que buscan la causa y la solución de las dificultades de aprendizaje.

También proponen una técnica práctica para ayudar al niño en su desarrollo en general y en la lectura en particular ( infórmate en Primary Movement). Este enfoque podría complementar los métodos cognitivos, pues éstos no llegan a trabajar los prerrequisitos neurológicos fundamentales para llegar al éxito en el aprendizaje. Los primeros años del niño sientan las bases de su futuro desempeño escolar y las diferencias que puedan aparecer en los primeros años de escolaridad tienden a permanecer o incrementarse a lo largo de toda la vida escolar (Sammons, 1994). Poder determinar y solucionar estas diferencias es algo muy necesario, pero ocurre habitualmente que los niños con dificultades en la lectura o la ortografía son identificados demasiado tarde, cuando el fracaso es acusado.

Es probable que la presencia de reflejos primitivos no sea la causa directa de los problemas de lectura puesto que existen niños con reflejos primitivos activos que llegan a ser buenos lectores. Sin embargo, la persistencia de estos reflejos puede verse como un riesgo en el desarrollo temprano de los niños. Cómo predecir los efectos de estos reflejos activos en el futuro desempeño cognitivo del niño y el por qué niños sin problemas neurológicos evidentes retienen estos reflejos primitivos, son temas que los autores esperan trabajar en futuras investigaciones.

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